fbpx Pablo Verna: "En el año 2013 pude tomar conocimiento de los crímenes cometidos por mi padre" | Agencia Paco Urondo | Periodismo militante
Dossier //// 26.07.2021
Pablo Verna: "En el año 2013 pude tomar conocimiento de los crímenes cometidos por mi padre"

Pablo Verna es hijo del genocida Julio Alejandro Verna. Se presentó en el Juicio oral por la Contraofensiva para brindar información y por supuesto denunciar a su padre. Pudimos dialogar con él para que nos cuente cómo vivió esa experiencia.

Por Miguel Martinez Naón

Pablo Verna es hijo del genocida Julio Alejandro Verna, ex Capitan y médico anestesista en Campo de Mayo, quien participó de los vuelos de la muerte inyectando tranquilizantes a las víctimas.
Pablo declaró como testigo en el juicio oral por la Contraofensiva de militantes montoneros y denunció a su padre. Además forma parte del colectivo “Historias desobedientes” que agrupa a hijos e hijas de genocidas (ex hijos/as como aclaran ellos/as) que luchan por la memoria, la verdad y la justicia

Agencia Paco Urondo: ¿Cómo fue el proceso que te llevó a declarar en la justicia y denunciar a tu padre?

Pablo Verna: La decisión importante y difícil, en realidad, no fue la de declarar en el juicio. Si bien el momento más importante fue mi declaración, porque es trascendente contar estos hechos, que yo conocí por medio de mi familia respecto de la contraofensiva, y que fueron de importante utilidad para condenar y esclarecer los acontecimientos. Más importante aún es esta necesidad de todas y todos de contar lo que sabemos en un juicio para que se haga justicia, es muy reparador. Es realmente una necesidad.

La decisión más difícil fue la de hacer la denuncia. Desde mediados de 2013 hasta el fin de ese mismo año, esa mitad de año, fue bastante difícil porque la denuncia formalmente la hice en la Secretaría de Derechos Humanos. Si no recuerdo mal, el 23 de diciembre de ese año. Pero el momento más trascendente fue cuando decidí contactarme y poner todo lo que yo sabía a disposición de Pablo Llonto, que es el querellante de la causa “Contraofensiva montonera”. Y realmente la decisión fue muy importante. Era poner todo sobre la mesa. Era decir, yo voy a poner todo esto que sé, en favor de la causa, en favor de la memoria, la verdad y la justicia, y en favor, de las víctimas que estaban llevando adelante este juicio. En realidad, yo no lo entendía bien en ese momento. Andrea Pochack, me hizo saber que la persona más indicada para que le contara todo esto era Pablo Llonto. Entonces, la decisión fuerte, importante y difícil fue esa. Llamarlo y contarle todo lo que sabía.

Por un lado, estaba esta situación que son crímenes de lesa humanidad, un genocidio que ocurrió en nuestro país, en toda Latinoamérica, y por el cual yo tenía cosas importantes para contar y sentía que era muy necesario. Por otra parte, sentía una tremenda contradicción que se trataba ni más ni menos que de denunciar a mi padre. Obviamente, fue una decisión difícil. Pero realmente había una voluntad muy fuerte, que yo trataba de poder desmenuzar, entender y razonar, que me empujaba a contarle esto a Pablo Llonto. En esos pensamientos contradictorios, en esas reflexiones, se jugaba la dignidad. Porque no contar y quedarme con ese secreto, hacía que realmente mi dignidad quedara por el piso. No hubiera podido ser admisible para mí, para poder seguir adelante con mi vida, para poder sentirme bien conmigo mismo y con el resto de las personas. La dificultad estaba y se planteaba en mí y entre las personas que me rodeaban, y me ayudó mi esposa principalmente, que es una gran compañera en este camino. Quedarme en silencio hubiese sido prácticamente una complicidad, no jurídica, pero sí a nivel humano y a nivel dignidad, mucho más que jurídica. Es una complicidad que yo no la podía ni la podría admitir.

APU: ¿Y cómo hiciste para recolectar toda esa información?

P.V: Yo venía preguntando, averiguando, haciendo conexiones sobre tantas cosas que había escuchado en el pasado. Desde mi niñez, recuerdo haber escuchado cosas y otras mucho después, ya en la adolescencia. Yo siempre estaba indagando mucho en el tema, quizás con mucha inocencia en algunos momentos. Desde un lugar de imparcialidad, muy influenciado por la teoría de los dos demonios. Desde el 2006 al 2009 fueron años de mucha reflexión sobre las cosas escuchadas y volvía a preguntar. Ya en el año 2009 tenía muchas confrontaciones con mi padre. Y así, desde mi niñez hasta el año 2013, estas cosas me hacían pensar cada vez con mayor fundamento sobre su participación en los crímenes de lesa humanidad. En el 2009, yo ya no tenía ninguna duda de su participación, entonces un día, ese año, recibo un llamado de parte de él, que estaba muy eufórico, y me decía: “vos que andás preguntando tantas cosas, hacé una investigación o lo que quieras, pero yo no voy a decir fechas, ni lugares, ni nombres de personas, ni datos de edad, de nada ni de nadie, ni aunque me torturen ni aunque me maten”. Entonces con una respuesta de esa índole ya no me quedaban dudas de su participación.

 Y finalmente, en el año 2013, una persona de la familia comenta cuáles fueron los hechos concretos cometidos por mi padre, o al menos algunos de ellos: los vuelos de la muerte, los secuestros de las compañeras y de los compañeros. Entonces ahí fue la última vez que me reuní, que tuve una charla con mi padre. En el año 2013, después de una charla muy larga, muy difícil y tensa, me admitió que sí, que era así, que él había cometido esos crímenes. No con esas palabras. Ese año fue muy difícil, ahí tomé la decisión de ponerme en contacto con Pablo Llonto. Ese fue el momento decisivo en el que dije “con esto voy a la justicia, hasta con el último detalle, que sirva para aportar y reconstruir esta historia”. 
 
APU: ¿Cómo te sentís luego de haber dado testimonio?

P.V: Pude contar bastante de todo eso en el juicio. Cosa que fue muy importante para mí porque puedo mirar a las otras personas de otra manera. Poder dar a conocer todo esto, a las víctimas del genocidio, a las víctimas de mi padre también. Y que ellos y ellas que han padecido tanta crueldad me hayan podido escuchar. Difícil de imaginar, difícil de ponerse en el lugar. Ellos y ellas han tenido la grandeza de recibirnos con mucho afecto. 

APU: ¿Cómo atravesaste ese arduo camino en el que te enfrentaste con tu padre y con tus propias contradicciones?

P.V Ese camino es muy largo, sinuoso, plagado de contradicciones, la influencia de los dos demonios, de la teoría de los excesos, de justificaciones y mentiras absurdas. Sin embargo, siempre estaba en mí eso de buscar. Sobre todo, cuando tenemos acceso a internet. De buscar, de escuchar testimonios, de leer, muchas cuestiones de las víctimas, de los sobrevivientes, de las Madres, de las Abuelas, de todos los organismos. Empezás de a poquito a tomar conciencia, como si fuera gradual. A la vez, que empezás a darte cuenta que las justificaciones no alcanzan, las justificaciones de mi padre, me refiero a eso. La represión sin límites no tenía la finalidad de evitar un atentado contra un policía cualquiera que andaba por ahí “indefenso”, sino que estaba destinada a impedir la libertad de un pueblo y a sostener y reafirmar un sistema político basado fundamentalmente en la opresión, en el sometimiento, la desigualdad, el hambre y la miseria. 

Entonces, a su vez, empezás a preguntarte y reflexionar qué era lo que buscaban estos supuestos “subversivos”. Y obviamente, la lucha fue desde todos los ángulos, y hay muchísimas diferencias entre toda la militancia y muchísimas discusiones muy valiosas, pero la historia se escribió de esa manera. Y la realidad es que todas y todos los militantes de los 70’ buscaban la justicia social. Para decirlo muy simple y muy sencillamente: darle de comer a un pibe que está pasando hambre. Hay que escuchar a los verdaderos protagonistas de esas luchas: por qué y cómo hacían lo que hacían. Te vas dando cuenta quién es quién, y que venís de una familia de mentirosos, como mínimo: genocidas. Hacia dentro de la familia hemos padecido lo que se conoce como acción psicológica, porque son todas falacias, mentiras, inventos y manipulaciones. Todo dirigido a hacer pasar por natural, por normal, un exterminio. 

Y por otro lado hay personas que no se han enterado todavía que en nuestro país hubo un genocidio o que lo niegan. Les sugiero que lean o escuchen, -ahora que se está transmitiendo y está todo grabado y se difunde tanto material en You Tube-, cinco testimonios de víctimas de cualquier juicio de lesa humanidad. Con eso es suficiente para hacer un impacto en la conciencia.

En el año 2013 pude tomar conocimiento de los crímenes cometidos por mi padre. Saber exactamente qué hizo, me ha permitido saber quién es él, y pude decidir qué es lo que iba a hacer con eso, y haber decidido como decidí me ha permitido autodefinirme, ser quien realmente soy.

APU: Desde un punto de vista más amplio ¿Sentís que el Estado acompañó estos juicios?

P.V: Durante el gobierno de Néstor y Cristina tuvimos una gran oportunidad, el estado empezó a trabajar de una manera muy seria con las víctimas, los juicios, los crímenes, y con muchos compañeros y compañeras que siguen trabajando por la memoria, la verdad y la justicia. Pudimos pensar, reflexionar, interpelar, ver, eso ocurre –o puede ocurrir- también puertas adentro en las casas de los genocidas. 

APU: ¿Qué resonancias te quedaron del Juicio por la Contraofensiva? ¿Qué aspectos humanos e históricos rescatas del juicio?

P.V: En primer lugar fue una gran victoria por la condena a los responsables, por desenmascarar a los genocidas en lo que fue su aparato de Inteligencia. Hoy todos podemos escuchar en youtube los alegatos, el testimonio de Estela Segado por ejemplo, tenemos la oportunidad de escuchar a las víctimas, a los protagonistas de esa lucha, de reivindicarlos, recuerdo a Beto Diaz, a Gustavo Molfino, han contado hechos muy valiosos y heroicos, ahí está el espíritu de esa militancia. Pero todos los testimonios en general dan cuenta de eso y mucho más.

El juicio fue importante para condenar a los genocidas pero también para terminar con ese estigma pesadísimo que cayó sobre la Contraofensiva y que fue creado por los propios genocidas. Yo creo que los militantes tenían grandes objetivos que no se pudieron cumplir, que pagaron un precio muy alto, pero también es claro que tenemos un mundo mejor gracias a ellos y ellas.

También hay que señalar, tal como sostiene Roberto Baschetti, que el ochenta por ciento de los militantes que estaban en la conducción de Montoneros, y la línea que seguía, fueron víctimas, fueron asesinados.
Para mí en lo personal es sumamente trascendente haber podido aportar verdades particularmente en relación a los casos de Susana Solimano, Alfredo José Berliner, Horacio Mendizabal, Diana Schatz, Julio Everto Suarez, y haber recibido el afecto de sus familiares, claramente es muy valioso.