Leonardo Favio frente al discurso antinacional y desmalvinizador
En 1982, en plena Guerra de las Malvinas cuando el Papa Juan Pablo II visitaba el país, el cantante popular proscripto por la Dictadura, Leonardo Favio le envía una carta abierta donde le dice:
“Santo Padre: te lo advierto. Los hipócritas, los fariseos te cercarán en Buenos Aires. ¡Cuídate! No dejes que te maquillen la realidad. Santo Padre, estamos tristes… No nos dejes al partir. Santo Padre: los asesinos andan sueltos, se pavonean, se burlan, se ríen ante la mirada absorta de nuestros queridos mártires y muertos. Nos amenazan, nos hacen gestos de ‘ya van a ver’, tenemos miedo, una bruma de miedo lo cubre todo. No te dejes torcer la realidad. Mira, estamos quebrados, los usureros no tienen piedad, no nos dejan descansar, no podemos dormir.”
Y seguía así: “Por donde mires, cunde la desolación. Estamos perplejos: la tuberculosis, el analfabetismo, la mortalidad infantil han retornado y nos golpean duro, duro en las villas, en los campos, en los humildes barrios suburbanos. En esa desigual batalla nos derrotan ahora, día a día, traídos de la mano de la desocupación, el hambre y la miseria.”
La carta entablaba un diálogo no sólo con el Papa sino también con un pasado lleno de esperanza que había sido interrumpido por la violencia política y el golpe cívico militar en marzo de 1976. Se puede contrastar las imágenes del Cristo que merodeaba en las villas de emergencia en la canción “Nació Nazareno”, constituyéndose en la carta en un triste epílogo donde la esperanza que traía aparejada la llegada del Mesías se perdía ante la hambruna y el desamparo.
De todas maneras, el mensaje de Favio hacia su Santidad era una simple excusa para denunciar la política social y económica que traía aparejado el gobierno dictatorial. Podemos encuadrar el decir de Favio dentro de un marco de “resistencia peronista” que empezó a visibilizarse hacia fines de 1970. En resumidas cuentas, el posicionamiento de Favio ante la recuperación de Malvinas es un ejemplo claro del sentir nacional y popular: aunque fue un reconocido militante peronista, cantante y cineasta popular, diferenció la cuestión Malvinas de un oportuno apoyo a la Junta militar. Es así que en la carta alertaba al Santo Padre del aparente clamor bélico dando un llamado de auxilio y verdad desde una perspectiva humanista, coincidiendo con su exilio y la persecución ideológica que sufrió.
Con la construcción de un "sentido común historiográfico" a partir de 1983 que supo apoyarse en una teoría antinacional para acogerse a una nueva retorica que legitimaba un pacto social democrático liberal, la guerra de Malvinas sería para ellos la "ultima bravuconada" de una práctica nacionalista autoritaria que se asociaba con la aventura del régimen militar. La acción discursiva académica que involucraba a la lucha histórica de reivindicación soberana con practicas antidemocráticas, inauguraba el llamado proceso de desmalvinización motorizado por los sectores de poder: intelectuales, la prensa hegemónica, académicos, sectores de la política y empresarios azuzarían en la construcción de sentido.
El excombatiente y responsable del Observatorio Malvinas perteneciente a la UNLa, Cesar Trejo, resumía en torno al concepto desmalvinizador presentes incluso en la actualidad en amplios sectores de la intelligentzia actual:
“La desmalvinización la inicia el mismo gobierno que sucede al de Galtieri. Durante la guerra hubo dos líneas: Halcones y palomas. La derrota de Puerto Argentino potenció a las Palomas. El sector más liberal dentro de las Fuerzas Armadas, encabezado por Cristino Nicolaides. Fueron quienes decidieron traernos escondidos. Quienes vieron con profundo temor la orientación del pueblo argentino, que había dado todo en esos 74 días, por la recuperación. Hubo un inmenso temor de muchos sectores a peronizar el proceso político a partir del 2 de abril. Documentos oficiales de las embajadas estadounidenses y británicas culpando a Perón”
“Desmalvinización fue un neologismo acuñado después de la guerra. Nació en mayo de 1983, en una entrevista con Osvaldo Soriano en la revista Humor al sociólogo francés Alain Rouquié. Fue él quien planteó Desmalvinizar. Su argumento fue que Malvinas blanqueaba a las Fuerzas Armadas, entonces el pueblo argentino – con dolor – debía bajar su pretensión sobre las islas. Sino, los militares nunca serían juzgados”
“El alfonsinismo llevó adelante una feroz campaña desmalvinizadora. Nosotros formamos el primer centro de soldados ex combatientes el 26 de agosto de 1982, dos meses después del final del combate. Ahí nos dimos cuenta que si no nos organizábamos pronto, nos iban a matar física y simbólicamente. Enfrentamos la desmalvinización y uno de sus ejes: la dialéctica democracia-dictadura”.
Para Trejo, la piedra basal de la Desmalvinización “fue inculpar a la Argentina de la guerra” y entiende que las elites de producción simbólica: “Compró la teoría del manotazo de ahogado de la dictadura militar cuando en realidad la guerra la instala el Reino Unido con la teoría de Margaret Thatcher de la lucha liberal contra el fascismo”
“La desmalvinización caló hondo en los docentes, dirigentes políticos y comunicadores sociales argentinos. El 2 de abril existen cientos de operaciones ratificando la idea que los militares llevaron adelante la guerra y que Argentina es responsable del conflicto. Otra idea instalada es que hicimos la guerra, la perdimos, y tenemos que pagarla. La liquidación del patrimonio público argentino tiene mucho que ver con las cláusulas no escritas de los Tratados de Madrid”, expresaba hace unos años Trejo.
De esta manera, el proceso de desmalvinizacion es ininteligible si no se la involucra dentro de la estrategia socialdemócrata que demonizaba toda práctica nacional popular, responsabilizándola de la constante desestabilización de las instituciones desde 1930 y, sobre todo, luego del surgimiento del peronismo con su democracia de masas que era asociada con prácticas totalitarias.
Marina Fernández Lagunilla establece que el lenguaje político es, ante todo, la lengua en la política ya que sus rasgos se alejan de las características de los lenguajes sectoriales. Para comenzar, apunta que los lenguajes sectoriales van dirigidos a un público cerrado como un grupo o colectivo, cuando el discurso político va dirigido a todos los ciudadanos.
En ese sentido, el peronismo mantenía un lenguaje que en los ochenta devenía sectorial, ya que parecía estar anquilosado en la década anterior, previo a la dictadura. Habían pasado casi una década y la política incluso mundial había cambiado. Los diversos órganos de difusión del peronismo, no obstante, seguían orientando el discurso hacia el Pueblo o la Nación mientras los medios hegemónicos lo diluían, resignificándolo a “gente” y “república”.
En los prologuémonos del fin de la dictadura, la palabra “democracia” adquiría un carácter total y administrado con maestría en el discurso del partido radical, encabezado por Raúl Alfonsín. Interpretaban que la sociedad se encontraba agotada con las viejas contiendas como para acceder a un discurso que apelaba a la “nación vs colonialismo” o “pueblo vs oligarquía”.
Leonardo Favio, se convertía en un interlocutor de un discurso peronista osado e incómodo para los grandes medios de comunicación, adquiriendo su decir un carácter anacrónico y hasta condenatorio para el “sentido común” construido mediáticamente.
“Son muchos los crímenes que ha cometido la dictadura fascista. Desde la desaparición de obreros, estudiantes, dirigentes, hasta la mayor masacre que se ha hecho en el Continente con la absurda y demencial guerra de Las Malvinas. Toda esa sangre que se ha derramado durante más de seis años, en una tarea sistemática y cruel, no puede perderse. Es necesario que exista un proceso como el de Núremberg. Si hay justicia, yo creo en ella, debe llegar de la mano del odio que los asesinos han generado en un pueblo que de por sí es pacífico y manso. Los crímenes que se han cometido tienen para ellos una sola justificación: defender los intereses de la oligarquía, y eso desde el punto de vista del pueblo, es un doble crimen”
El decir faviano ante los Pichiciegos
En abril de 1984, el escritor Rodolfo Fogwill (bajo el seudónimo Gil Wolf) entrevistaba a Leonardo Favio para la revista El Porteño. La presentación sobre la entrevista se reducía a una impresión que linda la sorpresa y el desagrado: “A veces habla así, con epigramas. Por momentos se le infiltran palabras refinadas, o arcaicas, “niños” en vez de chicos, “algarabía” en lugar de despelote. Tenso, violento, cuando tratar de explicar sus ideas habla con una dulzura de maestra. El viejo idioma de Mendoza se refuerza en los giros colombianos que se le pegaron en los últimos años. Le explico el interés central del reportaje:
“-Hace unos días estuviste en el programa de Fidanza, en Splendid, y repetiste varias veces tu consigna de odiar a la oligarquía. Fuera de la canción, en el contexto de un reportaje político, sonaba fuerte. Alguna gente protestó, llamó a la radio…
- ¿Por…?
-Por lo del odio; algunos interpretan que incitás al odio de clase…
-No hermanito… Yo no preconizo el odio de clases. La oligarquía no es una clase: es una enfermedad que hay que extirpar
- ¿Extirpar? -Sí, quirúrgicamente extirparla. Si dejás algo de ella se hace como con el cáncer, la metástasis que no para hasta apestar el cuerpo de la sociedad y aniquilarlo. Por eso hay que extirpar. (…) ¡Se van a ir! Van a dejar hasta la ropa que mandaron a limpiar en la tintorería, colgada. Tendrán que irse, el pueblo los va a echar.
- ¿Con el gobierno de Alfonsín?
-No… Tendría que ocurrirles un milagro... pero si el gobierno radical interpreta los deseos del pueblo radical, tendría que empezar la lucha… aunque el gobierno radical no es el pueblo radical, que es igual al pueblo peronista… El gobierno es una rama del árbol liberal y actúa así, en función del capital y al servicio de la oligarquía que tiene enquistada en los más altos cargos…Pero el pueblo lo votó por las promesas de justicia que eran las mismas de Perón. ¿No ves que no hay mayores diferencias entre el pueblo radical y el pueblo peronista? Los dos quieren lo mismo, los dos están solos, abandonados por sus cúpulas. Para las cúpulas, el pueblo radical y el pueblo peronista son paquetes accionarios a los que hay que acaparar, pero cuando los radicales y los peronistas tomen conciencia de eso se van a unir y se producirá lo natural: se juntarán en sus anhelos, que son anhelos de justicia, justicialistas. Esa unión tarde o temprano va a terminar con la oligarquía. Ya no quedan mentiras para engañar al pueblo. Éstas de ahora son las últimas.
- ¿Éstas qué?
-Estas trampas. Los ataques a las organizaciones obreras, la política económica, la ley llamada de justicia militar. Son las últimas trampas. El pueblo peronista lo va entendiendo. Yo lo digo y siento que al decirlo le pongo las palabras al sentimiento de la mayoría del pueblo.
- ¿Como si adivinaras?
-No es necesario adivinar. Se siente. Yo no soy dirigente ni adivino. Yo soy un pensamiento peronista. -Parece el título de una nueva canción…
-Ojalá fuera también una canción, porque sería la síntesis de lo que quise cantar siempre. Yo no canto: milito…"
Las preguntas en clave de sorna por parte de Fogwill son elocuentes y representan a todo un núcleo de la intelectualidad progresista de entonces. Rodolfo Fogwill fue consagrado dentro del mundo de la literatura por su novela titulada “Los Pichiciegos” donde abordaba la trágica guerra de Las Malvinas en clave de picaresca. “El nombre de pichiciegos se lo dan a sí mismos un grupo de soldados argentinos desertores, por semejanza con un animal que vive ocultándose en cuevas que él mismo hace, un día que uno de ellos, un santiagueño, cuenta: El Pichi es un bicho que vive abajo de la tierra. Hace cuevas. Tiene cáscara dura -un caparazón- y no ve. Anda de noche. Vos lo agarrás, lo das vuelta, y nunca sabe enderezarse, se queda pataleando panza arriba. ¡Es rico, más rico que la vizcacha!”
Fiel a una tradición literaria que se siente interpelada ante la aparición del peronismo en los cuarenta y debido al mismo, la ineludible “toma de posición”, para Fogwill el peronismo era una aberración, lo consideraba como máquina de acumular poder y nada más.
Orlando Netti, ahijado musical de Favio recordaba:
“Fogwill venía a comer con nosotros. Nosotros casi todas las noches íbamos a comer a Pipo, ahí en el centro, en la calle Sarmiento y Montevideo. Y a esas cenas venían montón de personajes, entre los cuales estaba Fogwill, el poeta Carlino, venía Changui Cárdenas, en fin, un montón de gente que obviamente tenían que ver con ese momento político… que se yo, Dante Gullo, hemos ido a comer con Lorenzo Miguel, bueno, un montón de gente, ¿no? Y después nosotros caminábamos de punta a punta por la avenida Corrientes, nos metíamos en las librerías, y mirábamos libros. Una época impresionante, que yo tengo muy presente porque me marcó mucho. El hecho de estar ahí junto a Leonardo que yo era un adolescente y compartía eso, todas esas situaciones que era un orgullo para mí. A veces venía Facundo Cabral a comer con nosotros o íbamos al hotel donde vivía Facundo”.
En un contexto de suma efervescencia política el clima era de pleno intercambio. No obstante, para Rodolfo Fogwill resultaba inevitable que le llamase la atención sobre cómo expresaba Favio un lenguaje que no coincidía con el momento histórico, parecía que había aterrizado en otra época. Incluso se sobreentendía que manifestarse de esa manera no era “políticamente correcto”. Mientras muchos de los exiliados que habían adherido al peronismo volvían con nuevas posturas y críticas hacia su tradición política, Favio fortalecía su postura.
“-Como si vos fueras la representación del pueblo…
-Sí. Yo soy un pensamiento peronista. Eso lo ves vos mismo en la calle. Salgo, me ven, me miran y sienten: 'ahí va un peronista'. Veo las miradas de odio de los oligarcas, veo la mirada de amor del pueblo y de la gente buena, y eso es lo único que persigo: ese amor del pueblo. Trabajo para eso. Canto para eso: para ganar ese amor y dedicarle al pueblo todos los actos de mi vida. Son las dos cosas más importantes de mi vida, mi felicidad: al amor del pueblo, y el orgullo de sentirme peronista, con todo lo que significa ser peronista. Con todo lo hermoso y lo doloroso.
- ¿Qué? ¿Los fracasos?
- Los fracasos y todo lo que el peronista debe sufrir y entregar. Pero el fracaso electoral no es un fracaso peronista. No fracasó la ideología, fracasó el plan electoral. El electorado que votó al peronismo, votó a la doctrina peronista. Muchos de los que votaron a Alfonsín votaron a las promesas justicialistas que usurparon los radicales… Promesas que no quieren cumplir… amor al pueblo, reparación, justicia a los asesinos. (…) Soy peronista, quiere decir justicialista. Yo no les haría a los oligarcas lo que ellos nos hicieron a nosotros. Los oligarcas y los hijos de puta son nuestros verdugos, no nuestros maestros.
-Y el famoso “odio a la oligarquía”, ¿es justicia?
-El odio de los pueblos oprimidos es un acto de amor. Y pelear por la justicia cuando los asesinos y los ladrones siguen sueltos riéndose del pueblo es una obligación”
Se suele afirmar como una de las características del nacionalismo/peronismo es su ferviente antiintelectualismo ya que sobreentienden que bajo su naturaleza autoritaria y esencialista no hay lugar para expresiones de análisis y posiciones críticas particulares. Por otro lado, si entendemos al rol de los intelectuales en clave gramsciana, la intelectualidad tiene un rol primordial dentro de la cultura, como factor de reproducción ideológica y expresión de la clase dominante. El peronismo nace como reacción contrahegemónica, por lo tanto, reacciona ante los intelectuales orgánicos porque, evidentemente, no comparten la cosmovisión política ni el método de producción económica. Leonardo, como otros artistas referentes de la cultura popular fueron desacreditados por su pertenencia político partidaria como su itinerario artístico.
Si bien no podríamos asociar acciones directas entre Favio y la gesta de Malvinas, entender el proceso desmalvinizador con la retórica acusatoria de la socialdemocracia hacia la tradición nacional y popular resulta trascendente para concebirlo dentro de un sistema de ideas hegemónico que retroalimenta y justifica acciones políticas coincidentes entre progresistas y liberales conservadores desde 1983 en nuestro país.
En mayo de 1983, Leonardo advertía sobre su sensibilidad afirmando:
“Yo no soy un hombre que vive para las artes. Fundamentalmente, soy una persona que vive preocupada por el hecho social, que yo trabaje como cantante, como compositor o como cineasta no me aparta en absoluto de mi sensibilidad social. Yo estoy pagando el precio de tener una conducta honrada, de saber quién es Cristo y quién es el Diablo, entonces para mí este silencio es mi orgullo… en la vida hay dos senderos por los cuales vos podés transitar, no hay opción para un tercero o estás con los que sufren o estás con los que hacen sufrir. Yo elegí la vereda de los que sufren. Allá en Mendoza tengo contacto directo con el obrero, el proletariado, con el pequeño agricultor que vive angustiado por las necesidades y por una economía injusta. Todo eso ha fortalecido mi espíritu y mis convicciones”
No se comprende la relación tanto de Favio como de una vasta nómina de artistas populares que se encolumnaron tras la recuperación de Malvinas con una política de sentimiento que fuera desacreditada por la intelligentzia cultural argumentando una absurda dicotomía entre “soberanía popular vs soberanía nacional”.
* ISP Dr. Joaquín V. González / Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas