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Dossier //// 19.02.2021
El recuerdo del hijo de Sebastián Borro: "Siempre defendió los intereses del Pueblo"

Ricardo Borro, hijo de Sebastián, se sumerge en la vida de su padre para hilvanar la historia de un país y la larga lucha de sus trabajadores. De vender helados de niño a plantársele al FMI, a Frondizi y los tanques Sherman. Vivió con su ejemplo, y con un único combustible: su amor por Evita, y por Perón. 

Por Ricardo Borro | Foto: Archivo personal de Roberto Baschetti

El 9 de Diciembre de 1921 nacía en Capital Federal el segundo de doce hijos de Mohamed Mahmud Borro, este de origen Sirio-Libanés, y de Antonia Magno, hija de italianos, lo llamaron Sebastián Aiup Borro. Un hombre sencillo que ya de pibe y con sus hermanos varones vendía helados que fabricaba caseramente su madre por las calles de Mataderos, barrio enclavado en la parte sur de la capital mencionada, sin pensar que desde muy joven el destino le tenía preparado un lugar en la historia política de nuestra querida Argentina.

Comenzó trabajando en los talleres “Mary”, para luego con su padre, desempeñarse en la Fábrica de elementos para la construcción, máquinas y elevadores, ubicada -aún actualmente- en la intersección de las calles, Avenida J. B. Justo y Nazca de la CABA: la fábrica “Massa”. 

Al comienzo de los años cincuenta ingresa en el Frigorífico Nacional Lisandro de la Torre, con su oficio de tornero mecánico. Ferviente admirador del General Juan Domingo Perón y su incansable y sensible compañera Evita, repitiendo ante quien lo quisiera oír, que ellos habían dignificado la vida del pueblo trabajador. Comienza su camino como delegado de base, luego de división, dentro del establecimiento. Ya ante el embate del cipayismo que derrocó a Perón, ocupaba el cargo de “Secretario Adjunto de la Asociación Gremial del Personal de Trabajadores del frigorífico Lisandro de la Torre y Mercado Nacional de Hacienda”. 
Esta Asociación tenía relación con el Sindicato de la Carne, pero ante la magnitud de las actividades que se desarrollaban en dicho frigorífico -que contaba con 9.000 trabajadores y ejercía el control del precio de la carne- poseía autonomía para decidir las medidas a desarrollar. 

En 1956, es detenido y confinado a la cárcel de Río Gallegos a cargo del Poder Ejecutivo de facto, por el desempeño de tareas gremiales y por ser uno de los que defendían a ultranza mantener al frigorífico como nacional en contra de la apetitosa y voraz acción del gorilismo y sus títeres golpistas de pasarlo a manos privadas, bajo la sencilla y nunca desgastada frase de que “daba pérdidas”. 

En dicha cárcel pasó seis meses y fue testigo privilegiado de la fuga que protagonizaron John William Cooke, Jorge Antonio, Cámpora, Gomiz, Espejo, Kelly, entre otros. Fue el único preso al cual los nombrados le confiaron lo que iba a suceder. Es más fue invitado a sumarse, pero debido a que estaba detenido por causas políticas y gremiales -los nombrados habían sido acusados por la ignominia como traidores a la patria-, desistió de ello aguardando que al salir de allí, continuaría su lucha en defensa de los intereses del Pueblo.

Ya en el año 1958 es elegido Secretario General de la Asociación de Trabajadores precedentemente mencionada. En los primeros días de enero de 1959, crece la acción del gobierno de Frondizi para viajar a Estados Unidos con la privatización del frigorífico y la modificación previa de la Ley de carnes para tal propósito. La resistencia obrera no se hace esperar y Sebastián Borro junto a la Comisión Directiva al frente del conflicto representan el rechazo de los 9.000 trabajadores. 

Se declara la huelga ante la participación total y activa de todo el personal. Se toma el establecimiento y Frondizi envía a las fuerzas combinadas de Policía, Gendarmería y Ejército a derribar el portón de entrada del mismo, resistiendo los trabajadores con toda la solidaridad del pueblo de Mataderos y barrios aledaños, al grito que se oyó por primera vez en un conflicto de: ¡Patria sí...Colonia no! 

Los trabajadores con sus dirigentes a la cabeza resistieron hasta el máximo de sus esfuerzos ante un enemigo tan vil y cruel a los intereses del Pueblo. 5.000 cesantes, sus dirigentes perseguidos y encarcelados fue el saldo de este hecho histórico en defensa del patrimonio nacional. 


Sebastián recorrió con la dignidad de los que defienden las causas justas, las cárceles de Villa Devoto, Las Heras, Caseros, Rawson, Rosario entre otras. Poco tiempo pasaba con su familia, su esposa Elida, sus hijos Ricardo (1949), Carmen (1954) y más tarde Omar (1962).

Fue miembro del “Comando Táctico Peronista”. También, integrantes de las verdaderas 62 Organizaciones no complacientes en esa década. Electo diputado en 1962 por la Capital Federal por el partido Unión Popular ya que como todos deben saber el peronismo estuvo proscripto hasta 1973 inclusive. Estas elecciones que en la provincia de Buenos Aires ganó la fórmula Framini- Anglada por más del 60% de los votos fueron anuladas por Frondizi debido a la presión de los militares, a quien el primero les había prometido que los votos peronistas los iba a captar él mismo. Así le fue, anuló las elecciones y los milicos lo echaron por anticonstitucional en una clara maniobra.


Pero volviendo a Sebastián, hay que decir que estuvo cuatro veces con el General durante su exilio de 18 años. Fue acompañado por otro enorme dirigente como Jorge Di Pascuale del gremio de empleados de farmacia, Juan José Jonch y Alvarado. En una de esas oportunidades viajó, en 1963, en misión de confraternidad con la Revolución Cubana, misión encargada por Perón. Se reunieron con Fidel, El Che, Cienfuegos y otros hacedores de llevar al frente la lucha de los pueblos.

Sebastián siempre compartió con los dirigentes arriba mencionados, más Avelino Fernández, Armando Cabo, Nono Lizazo, Raimundo Ongaro y muchos otros, lo que se llamó la línea dura del Peronismo que confrontó hacia mediados de lo años 60 con la otra línea del “Peronismo sin Perón” que encabezaba Augusto Vandor.

Fiel a sus principios transmitió a los más jóvenes como Envar “Cacho” El Kadri, Eduaro Salvide, Jorge Rulli, los hermanos Rearte, los verdaderos valores inclaudicables de un verdadero dirigente, que trascendió lo gremial, debido a que en lo político partidario no había condiciones de competir por la proscripción. Estos nuevos dirigentes junto a los nombrados más arriba, fueron atando el eslabón generacional que culminó con la masiva adhesión al peronismo de la juventud en los años 70.

Sebastián Borro, ya en el retorno de la democracia -en el año 1985- fue elegido por los votos partidarios como Concejal metropolitano hasta 1989.

Previo a todo esto y durante la dictadura se pronunció en contra del aberrante genocidio y luego de 1989 hizo conocer su pensamiento criticando profundamente, como traidor, la gestión de Carlos Menem. Junto a los compañeros de lucha que habían quedado vivos, enfrentó desde y junto a las bases el liberalismo impuesto por el “Profeta de Anillaco”.

Sebastián durante grandes lapsos de tiempo que estuvo sin trabajo, fue conductor de taxi, cobrador de seguros, empleado municipal, entre otros trabajos. Nunca vivió del pueblo, sólo lo sirvió durante su vida. Retornando en el tiempo, allá por 1973, fue designado interventor en la dirección General de Cementerios por el Compañero Cámpora. Luego, con la asunción de Lastiri como Presidente Provisional, previo a que Perón ocupara por tercera vez la Presidencia, fue vapuleado para que presente la renuncia a ese cargo. Todos los trabajadores municipales se solidarizaron con, y enfrentó al intendente De Benedetti, colocado por Lastiri. Este intendente le pidió la renuncia para colocar a su gente, basada en argumentos falaces. Sebastián Borro respondió: “yo no estoy aquí por el puesto de interventor, voy a renunciar…pero primero se irá ud Señor Intendente”. 

Y como era de esperar Perón, antes de asumir, designa al General Embrioni. Ocurrido esto, Sebastián renuncia y vuelve a su puesto de empleado en la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. En los últimos años  de su vida militaba asiduamente y trató de convivir con sus hijos, nietos y demás familiares durante mucho más tiempo. Tiempo que en su juventud y madurez había dedicado a la lucha a favor de los intereses del Pueblo.

Un sábado del 16 de julio de 2005 dejaba este mundo. Tenía 83 años. Es para mí un enorme orgullo compartir estas vivencias, no las leí en ningún lado, simplemente las viví junto a él. Mi nombre es Ricardo Borro, tengo 71 años y soy el hijo mayor del gran Sebastián. Fuerte abrazo.