fbpx El día que H.I.J.O.S pegó una grúa para gritarle en la cara “asesino” a Videla | Agencia Paco Urondo | Periodismo militante
Dossier //// 23.03.2022
El día que H.I.J.O.S pegó una grúa para gritarle en la cara “asesino” a Videla

En 2006 se cumplían 30 años del Golpe del `76 y la idea era hacer algo grande, pero también demostrarle al genocida que podían llegar a su ventana. El rol clave de Néstor Kirchner, y las prácticas en la Panamericana. Crónica de un escrache que pasó a la posteridad. 

Por Federico Tártara

Carlos “Charly” Pisoni se eleva lentamente sobre una caja de madera y hierro, roja, para dirigirse al frente del "4to A", el departamento que el genocida Jorge Rafael Videla alquila en calle Cabildo 639, Ciudad de Buenos Aires. El máximo responsable de los crímenes de lesa humanidad perpetrados en Argentina, en la década del 70, tiene prisión domiciliaria. Mientras Charly sube, por su cabeza pasa de todo: su padre Rolando Pisoni y su madre Irene Belochio, sus compañeros, la militancia, y el hecho de saber que el monstruo, está ahí.

El armatoste está clavado en medio de la movilización más grande que los organismos de derechos humanos hayan realizado hasta ese momento. Es 18 de marzo del año 2006, ya caída la noche, y varios días antes había circulado un volante de convocatoria, con fecha y domicilio, para escrachar al dictador. Calculan unas 10 mil personas.    

-A vos rata inmunda! ¡Te venimos a escrachar!, grita Pisoni y su voz sale rasposa por un megáfono.   
-Hijo de Puta, Hijo de Puta, corea la movilización de varias cuadras.
-Asesino, asesino!!! gritan y se desesperan las miles de almas.

Días antes del escrache multitudinario, el entonces presidente de la Nación, Nestor Kichner, estaba tentadisimo: “Mirá que como Presidente me vinieron a pedir cosas, pero algo así…jamás”, y le brotaba enseguida la risa frente a su secretario general, Oscar Parrili.

“Se cumplían los 30 años y queríamos hacer algo grande, así que fuimos y le pedimos la grúa”, dice hoy en entrevista con Agencia Paco Urondo, Carlos “Charly” Pisoni. “Después tuvimos que ir a Panamericana para practicar”, completa, y larga la carcajada.    

 

Repudiar a la bestia

Minutos antes de estar sobre calle Cabildo, Victoria Donda se planta frente al micrófono y lee una declaración política. Está frente al Hospital Militar Central Cirujano Mayor “Cosme Argerich”. Una mano la sostiene desde su hombro izquierdo. “Hoy somos 82”, dice en relación a los nietos recuperados. Y la cámara panea para dejar entrever una larga columna y las banderas de H.I.J.O.S, NBI- Derecho, la FEDE...

-Hoy miles de personas vamos a repudiar al hijo de puta, a la bestia de Jorge Rafal Videla, dice Vicky.  

El acto concluye con las consignas clásicas: “30 mil compañeros detenidos-desaparecidos”, enarbola; “PRESENTE” devuelve la multitud, que después de intervenir algunas paredes prosigue su camino en caravana y guiándose únicamente por una camioneta con parlantes que dirige tamaña multitud.

Ya estan en calle Cabildo. En el escenario improvisado hablan las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Está Nora Cortiñas. Hablan de seguir la lucha cuando ellas no estén, de que ellos, los milicos asesinos, saben dónde están los nietos, los hijos.    

“Desde que salimos no me lo voy a olvidar nunca, lo recuerdo perfectamente. Fue estremecedor: cuando la grúa se iba levantando, y también iban cayendo el telón con la foto de los desaparecidos. Fue algo muy potente, que no lo olvido”, cuenta en diálogo con Agencia Paco Urondo, Adela Antokoletz, integrante de Madres de Plaza de Mayo, Línea Fundadora.

Ese día se hizo largo. Se leyó una lista de todas las organizaciones armadas que resistieron a la dictadura genocida. “Eran como ciento y pico” rememora Pisoni.

Luego, cuando llegaron al frente del departamento voló pintura roja, y el griterío ya no cesó. Abajo, una guardia de policías salió rápido a provocar, a meter palo, pero no pasó nada. Solo se movieron unas vallas, y todo terminó de forma ordenada: el genocida muerto de miedo en su casa, los chicos y chicas, esos HIJOS e HIJAS, con el cuerpo lleno de victoria. Y una media sonrisa para toda la vida.