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Dossier //// 17.10.2020
Cómo se gestó el 17 de octubre (relato de un dirigente cervecero)

Alcides Montiel fue un destacado dirigente sindical cervecero, que acompañó a Perón en su paso por la Secretaría de Trabajo, antes del 17 de octubre de 1945. ¿Por qué pasó lo que pasó?

Por Enrique De La Calle

 

Alcides Montiel fue un dirigente sindical argentino, de ideas socialistas, que creó la Sociedad de Resistencia de Obreros Cerveceros de la Quilmes y Anexos en 1932. Luego, fue Secretario General de la Federación de Obreros Cerveceros y Afines. En 1939, fue miembro del primer Comité Central Confederal y luego fue secretario general de la Confederación General de Trabajo (CGT) durante 1944 y 1945, años muy importantes para la relación entre la central y el ascendente Juan Perón. Además, Montiel fue uno de los sindicalistas fundadores del Partido Laborista, que diera origen al peronismo. Además, fue diputado nacional por la Provincia de Buenos Aires (1946-1948) y reelecto en (1948-1952). El historiador Félix Luna lo menciona como uno de los dirigentes que organizaron el 9 de octubre de 1945, a la noche, la primera reunión de sindicalistas que buscó responder al golpe palaciego que desplazó a Perón de sus cargos en el gobierno, y, luego, el 10 de octubre, participó del armado de un multitudinario acto de despedida. Murió en 1989 después de una vida dedicada al sindicalismo y al peronismo. Su visión sobre cómo se gestó el 17 de octubre.  

"El 17 de octubre no tiene padre ni madre"

En 1973, la Juventud Peronista publicó en un “Boletín de Información Interna del Encuadramiento” un fragmento de una charla que Alcides Montiel compartió con militantes peronistas. Su nieto, Juan Domingo, recuperó una copia de su intervención, que AGENCIA PACO URONDO comparte ahora con sus lectores. ¿Por qué muchos trabajadores se acercaron a Perón más allá de cierta desconfianza de mucha dirigencia sindical? ¿Quién organizó el 17 de octubre? Montiel ensaya algunas respuestas.  

Con el permiso de ustedes me voy a presentar. Le estaba diciendo acá al compañero que para mí una reunión de este tipo es una novedad porque en la época en que yo actué, el problema de los intelectuales es que eran nuestros adversarios. La juventud intelectual, en el año 43, estaba toda en contra del peronismo.

Empezando por los profesores, los alumnos, íntegramente las universidades.  De manera que yo no tuve contacto con ellos, ni conozco nada, porque yo actué en el campo obrero lisa y llanamente, como proletario, como soy yo. Yo soy un obrero que trabajé más de veinte años en la Cervecería Quilmes, en la ciudad de Quilmes. Me incorporé a la CGT como miembro de Comité Confederal…

En el año 43 se produce la revolución del 4 de junio de ese mismo año, en un momento en que la clase obrera estaba completamente dividida y debilitada. Una completa anarquía, podríamos decir, muy violenta. Un período de crisis…

En estas condiciones estaba el Movimiento obrero cuando se produce la revolución del 4 de junio 43… En  ese momento se planteaba para la clase trabajadora un problema: una revolución encabezada por militares. Y el movimiento obrero argentino tenía muy malos recuerdos de los militares en el campo obrero. De manera que todos los hombres viejos del movimiento obrero estaban en contra de la colaboración con los militares, por los antecedentes que había en el país de los militares con el movimiento obrero. Y por razones políticas.  Los comunistas estaban en contra, los socialistas estaban en contra, los radicales estaban en contra, y los conservadores también estaban en contra del gobierno. El  gobierno no tenía ningún respaldo en ese momento, ni un respaldo político…

Pero el gobierno empezó a  trabajar, y se creó la Secretaría de Trabajo. La Secretaría de Trabajo fue un bicho que asustó a mucha gente; se decía que era el vehículo por el cual el gobierno iba a someter a la clase trabajadora. Un vehículo demagógico. Y se trabajó en contra de la Secretaría de Trabajo. Nosotros, al poco de andar nos acercamos a la Secretaría de Trabajo, y a colaborar con ella. Esa primera comisión que se formó en el local de los Tranviarios estaba encabezada por don Ramón Seijas como Secretario General, que todavía vive, que era del gremio Tranviarios Automotor. Yo era secretario adjunto.

Ahí se produce un encontronazo en la CGT, y yo planteo a la Unión Tranviarios la posición de Seijas, que no estaba de acuerdo con la posición de los Tranviarios  Automotor. Y que no podíamos trabajar así. Don Rubio, a quien informé de la desinteligencia en la Mesa Directiva de la CGT, me dijo textualmente estas palabras: “Mira tú te vas a tu casa esta noche; y mañana cuando vienes esto está arreglado”. Bueno, efectivamente esa noche él citó telegráficamente a la Comisión Directiva de la Unión Tranviarios y a Seijas; y lo reemplazaron a Seijas. Renuncia Seijas y los Tranviarios, a quienes correspondía el puesto de Secretario General, resolvieron no nombrar a nadie y me confirmaron a mí con los dos puestos: de Secretario Adjunto y de Secretario General de la CGT. Pero ya les digo que en ese momento la CGT se enfrenta con la realidad política del país. La Secretaría de Trabajo y nosotros frente a todos los partidos políticos del país.

Empezamos a trabajar con la Secretaría de Trabajo, y se empezó o violentar el panorama político. El Ministro de Relaciones Exteriores era el General Peluffo. Entonces se hace un acto público en Plaza San Martín, y el gobierno recibe el apoyo de la Confederación General del Trabajo. Nosotros, por mi intermedio, dijimos que el gobierno actual era el gobierno del pueblo, y el gobierno de los trabajadores. A partir de esa fecha empezamos a colaborar frontalmente con el gobierno, éramos oficialistas. Allí empezó la colaboración de la Confederación con la Secretaría de Trabajo y Previsión a cuyo frente estaba el Coronel Perón…

Nosotros éramos mediocres, éramos dirigentes que estábamos en la cola. Vinimos a lo cabeza por las circunstancias políticas creadas en el país, de lo contrario no habríamos llegado nunca a los puestos que ocupábamos en ese momento. Los grandes dirigentes se equivocaron por estar en contra de la revolución del 4 de junio. Pero, ¿por qué esa revolución tuvo tanta contra? Porque estábamos en plena guerra mundial, y en la guerra mundial se habían entendido los rusos con los norteamericanos. Y esa alianza de allá lejos repercutió acá. Los comunistas a través del señor Codovilla que era el representante comunista acá, se abrazaron con el señor Braden, que era el Ministro embajador de EE.U U acá.

Y entonces hubo una alianza ruso-norteamericana en este país, en contra del gobierno de este país. Se le acoplaron los radicales, se le acoplaron los socialistas y se le acoplaron los conservadores, y nosotros tuvimos que hacer frente a todo eso. Y no conformes con eso, teníamos toda la Universidad en contra; mire usted la pelea que teníamos. De manera que ese primer éxito es totalmente del proletariado, del trabajador raso. Con algunas excepciones, naturalmente. Hubo muchos hombres intelectuales, abogados, médicos, ingenieros que han colaborado aisladamente. El grueso de estos profesionales estaba en contra.

A ellos les parecía imposible un movimiento como el encabezado por el Coronel Perón en aquel entonces; que tuviera éxito y que triunfara con la oposición que tenía. Para ellos, en la forma en que estaban las cosas, todo el pueblo estaba en contra del Coronel Perón, en contra de la Secretaría de Trabajo, o en contra del gobierno. Y no le tuvieron confianza a la clase trabajadora. Se equivocaron. Porque lo clase trabajadora, que jamás tuvo justicia en este país, encontró la justicia en la Secretaría de Trabajo. Y nosotros que tuvimos que  recorrer el país (yo no digo que me haya recorrido solo todo el país, pero seguro que por media República anduve), con Perón abajo del brazo, con la Secretaría de Trabajo abajo del  brozo, y solucionar los problemas. Y se solucionaban. No era que andábamos haciendo propaganda nomás, engañando a la gente, entreteniendo a la gente. No. Se solucionaron los problemas del Chaco, de Santa Fe, de La Forestal, de Tucumán, de los cañaverales, se solucionaron los problemas de todo el proletariado en general. No una solución integral como querían los comunistas.  Pero en gran parte, conoció justicia la clase trabajadora.

Anteriormente a eso… yo les digo porque yo he sido peón de estancia en la provincia de Corrientes, y allá usted pedía trabajo, y le daban por veinte pesos, por veinticinco pesos por mes. Y la cama que usted tenía era el recadito que usted tenía, los cueros que usted llevaba. Cuando le agarraba un temporal que se le mojaba eso, usted no tenía más cama, tenía que ir o buscar cueros de oveja sucios en los depósitos, para poderse acostar.   Y dormía con los perros. Al patrón eso no le importaba: usted era peón día y noche por los mismos veinticinco pesos. Y si usted se rompía una pierna, o quedaba tuerto, ciego, o se moría, no se pagaba nada.

De manera que después apareció esto. Y los señores patrones tenían que firmar convenios por los cuales tenía garantías el obrero, en accidentes de trabajo, en enfermedades, y se escandalizaron. Porque eso era una cosa que aquí no había. Jubilación no tenía nadie en este país. Los únicos que tenían jubilación eran los del estado y los ferroviarios, y las pensiones de los ferrocarriles, en aquel entonces, eran de siete pesos y ocho pesos por mes. Mire usted cómo estaban las cosas. El resto del proletariado no tenía jubilación. La ley 11.729 se sancionó en el Congreso Nacional, en honor a lo verdad, gestionado por los Empleados de Comercio, fue una conquista para los trabajadores del comercio exclusivamente, los trabajadores de la industria no gozaron de este beneficio. Se aplicaba en la Capital Federal, porque la justicia federal, los jueces de acá, dijeron que les correspondía a los trabajadores de industria también.

Pero usted pasaba el puente y entraba en la provincia, y ya no ero así, porque la justicia de la provincia de Buenos Aires dijo que no, que no correspondía a los trabajadores de la industria. Entonces nosotros, en la provincia de Buenos Aires y en las otras que no eran Buenos Aires, estábamos huérfanos completamente de protección en el trabajo. La Secretaría de Trabajo hace extensivo eso a todo el país. ¿Usted se da cuenta, qué sucedía ahí cuando todo el mundo tenía vacaciones? ¿Que todo el mundo tenía tres meses y seis meses de enfermedad paga? En el tiempo en que los patrones lo despedían a uno y no se cobraba nada de indemnización; y después se crearon los tribunales de trabajo, donde un obrero iba y demandaba sin necesidad de ningún abogado; sino que el juez nomás le arreglaba el asunto.

Había patrones que no querían concurrir a dialogar con sus obreros para establecer condiciones de trabajo. En algunos casos se llegó a traer patrones por medio de la policía. Eso es lo que vio la clase trabajadora.  Por eso es que el peronismo tiene una raíz tan profunda, que no se puede secar nunca, es imposible. La raíz de eso es el proletario, la gente de trabajo, la gente obrera. Usted ve que hay cosas que parecen inadmisibles para la gente de afuera.

La oposición decía, próximo a las elecciones, que es un candidato imposible, eso no puede ser. Festejaron el triunfo de ellos antes de las elecciones. La Unidad Democrática festejó el triunfo antes de las elecciones. Y bueno, llegaron las elecciones y les ganamos, ¿no? Y les ganamos bien; porque haciendo abstracción de las elecciones últimas que tuvimos, fue la única elección en el país que se hizo libre y democráticamente, aquella en que el Coronel Perón fue electo presidente. Hasta esa fecha nunca había habido en la República Argentina una elección libre como esa. Estaban custodiadas todas las mesas por marinos, aeronáuticos y Ejército. Les ganamos bien, limpio. Ellos, todos, reconocieron que lo elección fue muy limpia. Porque ellos creían que iban a ganar. Pero después que vino el escrutinio y vieron que perdieron, decían que no había sido limpio.

Esta  conversación que yo hago con ustedes es a título ilustrativo, porque se ha escrito y se ha hablado mucho. Programas televisivos que decían y hablaban del 17 de Octubre, y de la Revolución Peronista. Eso ha sido, con perdón de la palabra, un macaneo limpio, una desfachatez de mucha gente para hablar de muchas cosas que no es cierto. Pero, si la gente se ocupara de llamar a los que realmente han estado, y preguntarle o ellos cómo fue tal cosa . . . No. Ellos traían o lo televisión la gente que les convenía traer, para que dijeran uno sarta de embustes. El 17 de Octubre es un chico que no tiene padre ni madre. Yo lo digo así, en esta forma, pero lo voy o demostrar.

Se produce la detención del Coronel Perón, y se inicia un movimiento de que sí y de que no, de titubeos, la CGT en ese momento ya estaba de nuevo en manos de la Unión Ferroviaria, porque ellos eran mayoría. Se habían incorporado ya las dos organizaciones más numerosas, y ellos absorbían la mayor cantidad de los puestos, por cantidad numérica. A mí me dijo un dirigente ferroviaria que todavía vive, y que era el presidente de la Unión Ferroviaria, que fueron a ver al General Avalos, Ministro de Guerra en ese momento.  Fue µno de los que mandó a detener al Coronel Perón. Y bueno, ellos estaban en la duda, porque Avalos les había prometido una serie de cosas que... Bueno, Avalos decía que él era peronista, porque era peronista antes Avalos... Después dejó de serlo.                                

Ahora, en ese ínterin de vacilaciones y cosas, nosotros hicimos  una  reunión  en  la  ribera  de Quilmes, en un local de los Cerveceros, un campo de deportes. Había una cantidad de dirigentes de la Capital Federal y de la provincia, para declarar la huelga general ya que la CGT no la declaraba. Y la declaramos para el día de 18 de octubre. Y la Confederación General  del Trabajo, después de muchos titubeos, también declaró la huelga general para el de 18 de octubre. Y la huelga salió el 17 de octubre. Fue un acontecimiento que nadie puede  explicar con exactitud.  Porque la gente salió el 17 de octubre, un día antes de la fecha fijada por la central obrera, y por otro grupo de hombres que nos reunimos al margen de la central obrera. La gente desbordó, pasó por encima de la dirección, de los  dirigentes.  

Ese movimiento del 17 de octubre nadie puede decir yo lo hice: lo hizo el Pueblo movido por un instinto propio y por una voluntad propia. Salió por Perón. La gente hablaba solamente de Perón. Perón fue el que movió las masas con ese poder invisible que sigue ejerciendo sobre la masa trabajadora. ¿Cómo? Nadie puede explicarlo tampoco, porque nadie sabe; pero la gente salió a la calle, y se paró los ferrocarriles, se paró los transportes y se paró las fábricas, se paró todo el mundo. Y la gente caminaba para la Plaza de Mayo. Pero sin dirigentes. Que dicen que Cipriano Reyes hizo, que los otros hicieron, que los de más allá hicieron más: no es exacto. Era un Pueblo atrás de Perón, y una vez que estuvo en la plaza no quería salir de la plaza. Intentaron decirle una cosa, otra, pero el Pueblo no quiso salir de la plaza hasta que no apareciera Perón.

Entonces lo trajeron a Perón de donde estaba, y hasta que Perón apareció, después el pueblo se fue. Esa es la historia, más o menos a grandes rasgos del 17 de octubre. Nadie puede arrogarse la paternidad de ese acto del Pueblo.