Patear para adelante: la siembra en el inconsciente cultural argentino de Francisco

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    francisco mate
    Francisco.

Patear para adelante: la siembra en el inconsciente cultural argentino de Francisco

27 Abril 2026

Un joven que no es capaz de soñar esta clausurado en sí mismo,

Está cerrau en sí mismo.

Claro, uno a veces sueña cosas que nunca van a suceder.

¡Pero soñálas! ¡Deseálas! ¡Busca horizontes, abríte!

Abríte a cosas grandes”

Papa Francisco

El Papa Francisco nunca fue con nimiedades; con extrema claridad enfrentó a este mundo marcado, como él decía, por la globalización de la indiferencia. Una globalización que día tras día eleva un poco más el muro de piedras económico, técnico e ideológico-cultural con el que niega la alteridad, impidiendo así el surgimiento de otros posibles. Este proceso de larga data ha sido ya descripto por grandes pensadores sin que por ello las piedras del muro caigan. Tal vez, porque la descripción quirúrgica en este mundo de frenesí informativo funciona como una confirmación más, lo que contribuye aun sin quererlo a la justificación de la idea de humano que hace centro en las prácticas con las que se da forma a este mundo, al tiempo que nos inhabilita para soñar con otros posibles.

Aquí, en esta cancha entró a jugar el 10 que supo ser nuestro Francisco, quien de una pateó para adelante señalándonos al corazón abierto como la ventana al nuevo mundo, como el intersticio por donde ingresa el viento santo de la revelación que enciende el fuego de amor capaz de renovar todas las cosas.

Su punto de partida ontológico y político que desenmascara la ilusión del individuo separado del resto y con realidad inherente en el que se fundamenta el sistema mundo moderno y occidental echa raíces en el estar siendo, en el devenir de relaciones que acontecen en la comunidad de vida que nos revela interdependientes e interpenetrados: Somos orgánicos, compartimos moléculas, ADN ancestral, espacio-tiempo, cultura y cada relación que acontece en este devenir se inscribe en un nosotros. Por ello, pensándolo bien, tal vez sea mejor referirnos a Francisco de ahora en más en presente, no solo porque lo hacemos con quienes recuperamos por cierta canonización, sino porque como muchos distintos de la historia, Francisco se sembró, como bien supo decir una publicación en este primer aniversario, y aquí agregamos, se sembró en nuestro inconsciente cultural, interpelando el inconsciente colectivo.

Partiendo entonces siempre de la comunidad de vida, la que nunca es abstracta o formal sino situada, Francisco entiende que los conflictos que en ella surgen no son algo a eliminar o invisibilizar sin más, como suele suceder en la sociedad moderna con el objeto de mantener el orden ideal imperante. Porque es justamente bajo esta lógica que hace centro en la parte, el conflicto y en la idea fija de conquista que se justifica el sacrificio de personas, de pueblos enteros, de glaciares o de la Pachamama con el objeto de mantener la idea de mundo hegemónica como si esta fuera voluntad divina, o bien, para instituir falsas alternativas que no hacen más que sembrar el terreno para el retorno de la lógica moderna. Nos urge entonces buscar algo superior al conflicto, aquello que nos une como pueblo y nos proyecta en el tiempo como sujeto histórico y cultural. No hay duda de que como mínimo los argentinos aún queremos la felicidad y el bienestar de nuestros hijos. Cosa, que no se encuentra en la sociedad del descarte, la que perdida en el pensar autorreferencial de su idea es incapaz de reconocer la dignidad del otro, en tanto otro y por ello mismo es incapaz de habitar la tensión entre idea y realidad revelada por el conflicto, haciendo imposible un peregrinar en busca de la verdad.

Hasta aquí hemos rozado al menos 3 de sus 4 principios: El todo es superior a la parte; La unión es superior al conflicto; La realidad es superior a la idea. En cada uno de ellos hemos visto que para abordarlo es menester un corazón abierto hacia la alteridad dispuesto a habitar la tensión del conflicto, la que de alguna manera puede convertirse en antesala de las nuevas formas de coincidir sin subyugarnos, en equilibrios relativos orientados en función del amor, del cuidado, de la amistad y del despliegue de nuestros potenciales. El cuarto principio al que adscribimos en sentido, nos dice que el tiempo es superior al espacio y por ello debemos priorizar procesos a largo plazo, comprometiéndonos de lleno en el peregrinar hacia la verdad que la humanidad despliega a lo largo de su historia. Pero, para que esto en realidad acontezca es necesario que movamos el punto de encaje que hoy se encuentra aferrado a los casilleros del Monopoly o el Estanciero, es decir, a la forma del mundo conocido que en cronológica repetición devora a sus hijos haciendo del futuro un pasado aggiornado.

He aquí la importancia de este momento, el que nos revela que el futuro es hoy, habitando en el momento kairológico en el que abrimos nuestro corazón, como se abre una ventana al mundo por-venir.

El humanismo de la praxis que Francisco ha sembrado se sustenta en los pilares de la fe, la caridad y la esperanza, constituyéndose así en un humanismo que de alguna manera, en su vivencia, puede revelarnos que los seres humanos hemos sido fundados en la infinitud. Experiencia de la que como mínimo podremos percibir una nueva realidad desde donde desplegarnos.

Ahora bien, no se trata aquí de convertirnos a una tradición en particular. Se trata de reconocer que el ser humano en su condición relacional es, además de carne y efecto del poder, manifestación y manifestador de la condición afectiva y espiritual de la vida. Pero esto no llevó a Francisco, ni nos lleva a nosotros, a desconocer lo científico. Todo lo contrario, nos sugiere superar limitaciones ya añejas que nos impiden expandir nuestros alcances epistemológicos. En Francisco fe y verdad no están separadas, así como tampoco lo están libertad e igualdad, tradición e innovación, desarrollo y cuidado ecosistémico, política y espiritualidad.

La reinvención del humanismo de parte de Francisco constituye un anuncio de la inminente necesidad del retorno del coincidir de lo opuestos: simultáneamente condición de lo ontológico en los diversos y entrelazados dominios de lo real y orientación ética por dónde se destraban los dilemas de nuestros tiempos en plena crisis civilizatoria.

Este es un tiempo signado por finales y nuevos inicios. Y cuando los dolores de parto se intensifican llega el momento de pujar. Por ello Francisco nos aventa a soñar con los ojos abiertos. Nos anima a vivir en comunidad, a no balconear la vida, a ser valientes y poner en tensión idea y realidad… todo esto para que al final nazca el corazón abierto, la ventana del mundo por-venir.

¡Pateemos para adelante!

Hoy, en Argentina, más que nunca necesario.

El humanismo de la praxis que Francisco ha sembrado se sustenta en los pilares de la fe, la caridad y la esperanza, constituyéndose así en un humanismo que de alguna manera, en su vivencia, puede revelarnos que los seres humanos hemos sido fundados en la infinitud.