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DDHH //// 29.06.2021
Prohibido olvidar: nuevo aniversario del histórico testimonio de Julio López ante el Tribunal de La Plata

El 28 de junio de 2006, Jorge Julio López declaró ante el TOF N° 1 de La Plata y afirmó que el represor Miguel Etchecolatz lo torturó personalmente. Pocas semanas después de dar testimonio desapareció. Se sospecha de grupos parapoliciales vinculados a Etchecolatz.  

Por Paula Viafora

El 28 de junio de 2006, Jorge Julio López declaró ante el TOF N° 1 de La Plata y afirmó que el represor Miguel Etchecolatz lo torturó personalmente y que dirigió el fusilamiento en el Pozo de Arana del matrimonio compuesto por Patricia Dell'Orto y Ambrosio De Marco. López fue secuestrado en octubre de 1976 por una patota que integraban, entre otros, Etchecolatz y su chofer, el policía Hugo Guallama, a quien reconoció en una fotografía que le exhibió el Tribunal.

La Comisión Provincial por la Memoria (CPM), en su registro colectivo de memorias de los juicios, destacó la importancia de esta causa: “Iniciado el 20 de junio y finalizado el 19 de septiembre de 2006, fue el primer juicio oral realizado en el país luego de las declaraciones de inconstitucionalidad y nulidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Se caracterizó por la irrupción de las querellas en la escena de justicia y la presencia del movimiento popular que había luchado durante años contra la impunidad y tiene el valor de haber inscripto por primera vez en el discurso de la Justicia la caracterización de la dictadura como un genocidio".  

La CPM insistió: "Signado por la segunda desaparición del querellante y testigo Jorge Julio López el día en que sus abogadas y abogados debían pronunciar su alegato, el juicio contra Etchecolatz tiene el valor de haber abierto las puertas de una verdadera “catarata de justicia” que se ha transformado en característica distintiva de nuestro país a nivel internacional. Incluso  superando los intentos por frenar, condicionar y/o relativizar el proceso de justicia, tanto en términos materiales como simbólicos. Desde fallos adversos al juzgamiento y al cumplimiento de las condenas de los imputados (2×1), las amenazas a los actores judiciales y la propia desaparición de López, hasta discursos que hablaban de revanchismo o propusieron como modelo ejemplar el Juicio a los Comandantes para desvalorizar los actuales”. 

Rubén López, uno de sus hijos, narró en una entrevista realizada en 2020: “Mi viejo siempre nos protegió, no nos contaba lo que había vivido (tras ser secuestrado en 1976), nos protegió hasta ese 28 de junio de 2006 que declaró en el juicio contra Miguel Etchecolatz. Cuando lo oímos contarle al Tribunal todo lo que pasó, ahí comprendimos esa necesidad de ir a contar lo que había vivido, lo que había visto. Mi vieja le decía ´no vayas a declarar´, pero no por falta de compromiso sino por miedo de que le pasara algo, teníamos miedo que le pasara algo a nivel mental”. 

Finalmente, el Tribunal condenó a Etchecolatz a reclusión perpetua por el delito de genocidio, figura que por primera vez se aplicó en el país. 

Prohibido olvidar

Lo cierto es que el 28 de junio el tema no se hizo presente en los medios de comunicación, ni se vieron menciones en las redes sociales de los organismos de Derechos Humanos con la salvedad ya mencionada de la Comisión Provincial por la Memoria. Debemos ser cuidadosos con eso. El reclamo por memoria, verdad y justicia también lo incluye a López. No olvidamos que desapareció en democracia, no olvidamos que no hubo juicio por eso, ni se pudo determinar con certeza el lugar, modo y responsables de su desaparición. Su testimonio resultó muy valioso y gracias a él se realizaron inspecciones oculares en los centros clandestinos en que estuvo detenido. Las inspecciones son herramientas valiosas a la hora de dictar sentencia.

Jorge Lopez quería, necesitaba declarar. Rescatamos hoy palabras de Eduardo Aliverti que deben conducirnos a una profunda reflexión: “Con alguna ingenuidad, uno aspiraría a que los diarios salieran todos los días, o de vez en cuando, con una faja impresa que recordara la necesidad de encontrarlo. Que los noticieros de la televisión y de la radio ubicaran cada tanto una placa o un spot con su nombre. Que periódicamente alguien se acordara, en sus comentarios mediáticos, en sus discursos políticos, en sus análisis periodísticos, de que seguimos sin López. Por lo visto, no se puede o no se debe o no se quiere. Pero, como fuere, estaríamos marchando hacia un espejo de nosotros que nos devuelve la peor imagen, siendo que tenemos con qué recibir una mucho mejor”.