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DDHH //// 12.07.2016
Pampeanos Derechos y Humanos

La creación del Día provincial por los Derechos Humanos ha dado lugar a que se muestren conmovidos por la temática quienes nunca se preocuparon por ella. Las contradicciones abundan: mientras se aprueba la conmemoración, el ministro Tierno se convierte en noticia por las prácticas represivas que promueve y el oficialismo evita revisar sus vínculos con oscuros personajes del terrorismo de Estado.

Por Juan Carlos Martínez (*)
“Los argentinos somos derechos y humanos”, decía una frase profusamente difundida cuando vino al país en 1979 una delegación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para constatar la ola de denuncias que circulaban por todo el mundo por las atrocidades que se estaban cometiendo en la Argentina por parte de la dictadura.
El operativo organizado por los militares en connivencia con periodistas cómplices como el obsecuente José María Muñoz, la voz cantante de la propaganda de ocultamiento y distracción, trató de esconder debajo de la alfombra los miles de desaparecidos, asesinados y el robo de niños entre las múltiples violaciones a los derechos humanos.
Derechos y humanos también teníamos en aquellos oscuros años en La Pampa, personajes que hicieron lo suyo, unos por acción, otros por omisión, para que esta provincia no fuera una isla en medio de aquel infierno como durante años pregonaron los mismos que estuvieron en el foco de la represión en calidad de colaboradores o buchones de la dictadura.
Cuarenta años después del comienzo de la mayor tragedia vivida por la Argentina, el diputado Darío Hernández, conocido más por sus chacinados que por sus logros políticos, llevó a la Legislatura una iniciativa aprobada por los diputados para establecer el 14 de julio el día de los derechos humanos en La Pampa.
Ese día de 1976, un operativo militar ocupó, como si se tratara de tierra enemiga, la localidad de Jacinto Aráuz en el marco de la salvaje represión desatada en todo el país y que en este caso tuvo como centro de operaciones el instituto educativo de nivel secundario José Ingenieros.
Víctimas de aquel atropello resultaron profesores del mencionado instituto y otras personas denunciadas por los propios vecinos que se sumaron de esa manera con sus propias miserias personales o ideológicas a una de las mayores cacerías humanas que se produjo en La Pampa.
En el histórico juicio que se hizo en 2010 para juzgar lo ocurrido en esta provincia se incluyeron los hechos de Jacinto Aráuz y se condenó a militares y policías que habían participado en aquel operativo.
Sin embargo, ni el autor de la iniciativa ni el hombre que actualmente gobierna La Pampa asistieron a una sola de las audiencias y sólo aparecen ahora poniendo de relieve la actitud del oportunista que siempre opina con el diario del lunes.
A estas alturas es imposible omitir, al menos en homenaje a la verdad histórica, que el policía Hugo Marenchino, uno de los represores que participaron de aquel operativo fue, posteriormente, puntero de Verna.
El condenado Marenchino colaboraba en Eduardo Castex distribuyendo pensiones y otras dádivas que el actual gobernador le enviaba con dineros públicos desde el Senado de las coimas en tiempos de la Banelco.
Derecho y humano también es Carlos Aragonés, uno de los máximos buchones que los militares encontraron en La Pampa, denunciado por haber participado en la confección de una lista de personas a las que calificaba de “rojos y trapos rojos” y que junto con Rubén Marín le entregaron al genocida Ramón Camps.
Un mes después del operativo represivo de Jacinto Aráuz, el diario La Razón publicó una entrevista al autodeclarado padrino político de Marín y de Verna.
En aquella entrevista, Aragonés no ahorró elogios hacia los militares que irrumpieron en los sindicatos y como para que no queden dudas sobre su rol de buchón, es oportuno transcribir una parte del diálogo con el periodista que lo entrevistó.
 La Razón -¿Hay mucha infiltración izquierdista?
Aragonés –“La hay. Pero nosotros hemos sido en las organizaciones sindicales el dique de contención, antes y después del 24 de marzo”, (La Pampa nostra, página 81).
Años después, una de las víctimas de Aragonés tuvo un piadoso aunque inexplicable gesto hacia su delator. Ocurrió en una reunión partidaria en la que se cruzaron Aragonés y Hermes Accátoli, es decir, el delator y el delatado. La víctima y el victimario. 
Al evocar la mala experiencia vivida, Accátoli confesó que no guardaba rencor hacia sus delatores “y como prueba de ello, le voy a dar un abrazo al compañero Aragonés”.
El síndrome de Estocolmo andaba por La Pampa.
La complicidad de Marín y Verna y del propio Partido Justicialista con Aragonés es harto conocida y la relación política entre ellos se explica por las aventuras non sanctas compartidas antes, durante y después de la dictadura.
A la luz de lo ocurrido en La Pampa en aquellos años y del papel que jugaron los principales dirigentes políticos que hoy gobiernan esta provincia, es casi una ironía – por no decir una burla- que los mismos que fueron cómplices de la dictadura se sumen, por simple oportunismo, al tardío homenaje a las víctimas de la represión de Jacinto Aráuz cuarenta años después.
¿Y del resto de las víctimas de atropellos similares ocurridos en otros pueblos y ciudades de La Pampa se han olvidado?
Quizás, como bien dice Raquel Barabaschi, al fijar el 14 de julio el Día de los Derechos Humanos en esta provincia, ¿se pretende hacer un reduccionismo histórico para omitir el resto de las atrocidades que se cometieron en La Pampa?
Por lo demás, el Día Universal de los Derechos Humanos es el 10 de diciembre, tal como fue establecido en 1948 por las Naciones Unidas con la adhesión de la Argentina a un pacto que incluye el compromiso de respetar los derechos civiles, políticos, culturales, económicos y sociales que tiene todo ser humano desde su nacimiento.
¿Se respetan actualmente esos derechos en La Pampa?
La respuesta surge con sólo saber que un golpeador y torturador de mujeres es el ministro de Seguridad que a través de la policía aplica sin piedad la mano dura como política de Estado avalada por un gobernador que poco a poco se ha ido acercando al gobierno neoliberal de Macri hasta convertirse en uno de sus más entusiastas admiradores.
En la celebración del Día de los Derechos Humanos en La Pampa, ¿será invitado el buchón Aragonés, el doble padrino político de Marín y Verna? ¿Asistirá el condenado por abuso de autoridad y ahora denunciado ministro Tierno? ¿Invitarán a Jorge Matzkin, uno de los responsables de los asesinatos de Kosteki y Santillán? ¿Lo invitarán a Macri para que nos hable del curro de los derechos humanos?
Que sean los mismos que han sido y todavía siguen siendo irreverentes con los derechos humanos los que se suben al tren del oportunismo es una falta de respeto a las víctimas de aquella jornada que vivió Jacinto Aráuz el 14 de julio de 1976 y al resto de los hombres y mujeres que sufrieron cárcel, torturas, violaciones y otras formas de tormento en distintos lugares de La Pampa.
Si el gordo Muñoz fuera testigo de esta realidad, diría que los pampeanos son derechos y humanos.
 
(*) Periodista y escritor. Autor de La Pampa nostra, una investigación periodística sobre el entramado de poder político pampeano. Artículo publicado originalmente en Radio Kermés, de Santa Rosa, La Pampa.