fbpx Argentina sin bolivianos, ¿qué pasaría? por Víctor Ramos
DDHH //// 29.01.2011
Argentina sin bolivianos, ¿qué pasaría? por Víctor Ramos

Capital Federal (Agencia Paco Urondo, publicado en Mundo Villa) ¿Qué pasaría en nuestro país si un día se fueran todos los bolivianos? ¿Cómo quedaría nuestra economía y nuestra vida cotidiana sin los bolivianos? Veamos: no tendremos en nuestra mesa tomate, lechuga, cebolla, pepino, ajo, zapallo, papa ni ninguna otra hortaliza. Tampoco tendríamos frutillas, melones ni sandías. Son familias bolivianas las que en el segundo y tercer cordón del conurbano bonaerense siembran y recogen del campo éstos productos que consumimos diariamente. Chile, Uruguay y Brasil nos venderían las verduras y frutas faltantes. Las huertas que hoy trabajan los bolivianos serían sembradas con soja.
El último censo hortícola señala que en la provincia de Buenos Aires un 40 por ciento de los productores del área hortícola son bolivianos. El 88 por ciento son arrendatarios y el 12 por ciento ya compraron su parcela. En las principales ciudades del país como Mendoza, Alto Valle del Río Negro, Neuquén, Chubut, Córdoba, Salta y Jujuy la situación se repite. El éxito boliviano en la horticultura se debe fundamentalmente a la cooperación, solidaridad y la organización para el trabajo. Logran precios competitivos porque ellos mismos llegan del productor al consumidor.
Este planteo económico es fundamental para el desarrollo del país: demuestra que la movilidad social es una realidad. Sólo hace falta meter las manos en la tierra. Sin los bolivianos en la Argentina se produciría una crisis inédita y los precios en los alimentos aumentarían impredeciblemente.
Otro capítulo es la mano de obra obrera textil. Mucho se ha dicho sobre el trabajo esclavo. Los bolivianos en nada se diferencian de anteriores corrientes migratorias que se dedicaron a los textiles: polacos, armenios, coreanos, rusos y otros provenientes de Europa. Por lo general las familias inmigrantes se auto-explotan para salir adelante: una generación se sacrifica para hacer profesional a la que sigue. Sucedió el siglo pasado con los italianos y españoles, por solo mencionar a las corrientes predominantes. Las grandes marcas nacionales y extranjeras utilizan la mano de obra inmigrante para sus productos, los mismos que luego venden en las mejores y más prestigiosas casas de prendas y shoppings triplicando los precios.
Los trabajadores bolivianos fueron fortaleciéndose y ahora muchos ya tienen su empresa y marcas propias. El explotado obrero inmigrante ya compró su máquina de coser, ahora tiene su pequeño negocio y sus hijos trabajan en el estampado de remeras. Sin bolivianos en la Argentina los precios de la ropa y la desocupación aumentarían significativamente. En la construcción se repite el fenómeno. Los contratistas prefieren a los obreros bolivianos. Tal vez por su dedicación al trabajo o por su calidad profesional, los empleadores dan lugar a los inmigrantes. Es cierto que pagan menos eludiendo impuestos, obra social y vacaciones, como corresponde a la legislación argentina. Pero la realidad es que no lo hacen sólo con los bolivianos; también con los obreros argentinos. De todas maneras la movilidad social es una realidad: ya hay empresarios bolivianos en la construcción.
Hoy en el Municipio de la Costa y en el de Pinamar las casas de los bolivianos se alzan a un par de kilómetros del mar, como las de los turistas porteños. Pero los bolivianos no van de vacaciones: viven todo el año. Sin bolivianos en la Argentina los precios de la construcción también aumentarían. El mercado de La Salada preponderantemente boliviano es uno de los mayores de América Latina y cumple un papel fundamental en la economía nacional. Funcionarios de la AFIP junto a fabricantes bolivianos estudian mecanismos de integración y blanqueo de una de las mayores fuentes productivas del país. Economistas del más rancio liberalismo señalan que la economía informal, en relación a los mercados, juega un papel dinamizador en la estructura laboral y productiva argentina. Sin la producción informal boliviana, nuestra desocupación aumentaría ya que genera múltiples fuentes de empleo.
Si en la Argentina no vivieran bolivianos, no contaríamos con el compromiso por parte del gobierno de Bolivia en privilegiarnos en la venta del gas natural. El gas que consumimos en nuestros hogares (es bueno saberlo) es básicamente boliviano. A Brasil, el principal consumidor del gas boliviano, no se le vende todo lo que necesita ya que Bolivia guarda un cupo para la Argentina. A Bolivia no le conviene vender gas a la Argentina sino a Brasil y Chile, que pagan mucho más. Sólo por razones de buena vecindad Bolivia vende su gas a la Argentina a menor precio que los valores internacionales. Pero sin privilegios de ningún tipo, Argentina se quedaría literalmente sin gas natural. La energía (nafta, gas oil y gas natural) subiría a precios que llegarían a las nubes generando una espiral inflacionaria en toda la economía.
Si Argentina no recibiera a ciudadanos bolivianos, tal vez, en reciprocidad, los argentinos no serían recibidos en Bolivia. En ese caso, argentinos como Eduardo Epztein y tantos otros inversores no podrían comprar miles de hectáreas de tierra a los campesinos bolivianos, como hacen en las circunstancias actuales, para sembrar soja. Esta eventualidad —que argentinos ricos dejen de comprar sus campos— podría beneficiar a los bolivianos. Pero no a los argentinos. De todo esto podríamos concluir con un “perdón compatriotas bolivianos, si los hemos ofendido”. Pero sería un perdón muy vinculado a lo económico y a intereses mezquinos. Mejor sería: “gracias compatriotas bolivianos por elegirnos”. Y en materia histórica y cultural: “gracias compatriotas bolivianos por darnos al primer presidente argentino”.
Cornelio Saavedra fue elegido presidente el 25 de mayo de 1810 por la Primera Junta de Gobierno en el Cabildo Abierto. Saavedra, nacido en Potosí, Bolivia, fue quien en 1807 organizó exitosamente la defensa de la Ciudad de Buenos Aires ante las invasiones inglesas. Fue el mejor vecino de la ciudad y el más valiente. ¡Los compatriotas bolivianos no son extranjeros en la Argentina! Podríamos concluir: “perdón compatriotas bolivianos, si los hemos ofendido”, pero sería un perdón muy vinculado a lo económico, mejor sería: “gracias compatriotas bolivianos por elegirnos”. (Agencia Paco Urondo)