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Cultura //// 13.05.2017
Prosa del bandoneón, poema de Vicente Zito Lema

Poema del escritor, poeta y dramaturgo Vicente Zito Lema para este suplemento en homenaje al actor y director Humberto “Coco” Martinez. Incluímos además un video de este mismo poema con imágenes de Coco.

Por Vicente Zito Lema.

Foto: Hebe Medrano

Prosa del bandoneón

Pensando en Humberto “Coco” Martinez, amigo del alma.

…Cuando se apaga
el fuego del cuerpo,
vibrará el alma
en las cenizas…?
Sólo se despierta
lo que fue soñado…

La noche brava de Amsterdam me abre
su garganta de niebla y de frio, y dejo 
que tiemble mi corazón…
En realidad mi corazón no ha dejado de temblar
en los últimos dias, ni en sus postreras albas,
cuando me dicen a boca de jarro,
bajo un sol violento y rojo volviendo cenizas
la tierra en Buenos Aires,
que un amigo del alma acaba de morir
(Otra vez la muerte y los ojos no existen…)
Es difícil estar vivos en estos tiempos de viejos,
mientras las agonías del horror diario
nos soplan la nuca y nos tiran al suelo,
pisados como hojas… allí vamos…
Mi hermana mayor también ha muerto,
me lo esconden pero al fin lo dicen,
y con ella lo último que guardaba 
de la infancia. Me he caído de la 
escalera arreglando una chimenea,
distraído por una nube baja, 
y tengo una costilla izquierda fisurada;
me duele a mares al dormir y al 
despertar, si río o si lloro veo las estrellas,
y algún fantasma sin dientes…
Por eso no me río cuando una amiga
bien intencionada me sugiere que pida 
una silla de ruedas cuando baje
del primer avión en Barcelona y tenga
que llegar en mucho menos de una hora
al segundo avión de KLM para Amsterdam…
He corrido por largos pasillos y antesalas
del infierno; he perdido una valija y un
par de libros; he sentido duras puntadas
en el pecho, y ahora estoy con un vaso 
de rojo vino que traje de la Patagonia, de
la bodega del Fin del mundo como anuncia
la botella, mientras la muchacha holandesa
que todavía dice que me ama se queda
dormida, como un volcán alerta a mi lado,
en un colchón acomodado con esmero
sobre el suelo, por unas noches… Todo es
provisorio en estos tiempos, frágil, la 
muerte no es mas que ruido, y yo tengo una lámpara
a mi costado, y una bolsa de agua caliente
sobre la costilla que duele, mientras mi muchacha
de siempre se da vuelta con su mirada
de ángel dormido y sueña con la nieta que
nacerá en unos dias, como ayer mismo soñó
con nuestra hija en esta misma ciudad
de la niebla como cielo y del exilio…
Yo me emociono y tiemblo ante su sonsrisa de Holanda
y con el sueño de la vida que vendrá en unos dias,
pero no duermo, no es mi hora ni son mis ángeles 
serenos…
Yo vuelvo a mis papeles y a mi lapicera y
al amigo del alma que también ha muerto. Es
el cáncer, la maldita peste de nuestra época, decimos por
decir algo cuando ya nada se dice, porque la muerte 
es impensable, y no tiene palabras, y el cadáver de nuestro cuerpo
es una sombra, y es una farsa…
Quisiera abrazarlo, él lo sabe;
quisiera resucitarlo, él lo desea;
Ya no tengo fuerzas, él lo siente…
La función debe seguir, me dice. Su tono
es dulce, y es agrio, el cielo se ha
quebrado. El era un hombre de teatro,
por eso lo dice. Un maestro, si se permite
el concepto, que enseñó a muchos… Por  eso
se asombra frente al espejo, que ya no refleja
su hermoso rostro… la muerte es una vieja arpía,
la vi en un libro cuando era un niño…

Mi amigo del alma recorrió la Patagonia haciendo 
teatro, él era también un viento soberbio y rojo. Y anduvo,
antes y después, por las ciudades grandes, gruesas y oscuras, y
por las villas y los barrios y las plazas
haciendo teatro, y fue compañero de los
locos, los pobres y los rebeldes, haciendo teatro,
compartiendo el pan de la poesía y el vino
de las músicas, porque siempre supo que
allí estaba el oro de la vida…

Más tarde me fui a la selva, en Misiones, a vivir en
la naturaleza y entre los mil pliegues del amor, dice.
El habla y yo lo escucho. La muerte todavia
no robó su voz… Levanté una casa con mis manos, 
a puro machetazos limpié el terreno de viboras,
pensé que tenía mi lugar en el mundo, planté flores,
verduras y tomates, disfruté de los pájaros y del fuego
de los cielos, que allí es más cielo y es
más fuego. La voz de mi amigo va y viene,
ahora es mas triste, desencantada… Por momentos
monótona y perpetua, se confunde con la lluvia
de esta noche en Amsterdam…
Tuve que enfrentar al poder otra vez, como ayer,
igual que mañana, el poder te refriega su poder
también en el culo del mundo, y ahora para siempre…
Mi amigo es el silencio. El cáncer vino de un dia
para otro y todo su cuerpo se inundó…
Mi amigo aún tiene su sonrisa pero ya no sonríe,
no sé por qué pienso en un cielo dorado
y sin nubes y de allí en una montaña de azufre
que se desploma…
Y saltan y saltan sus millones de rocas,
que primero son ojos que miran
y después lloran…

Mi amigo ahora es un muerto, que me habla
y me susurra… He descubierto en los últimos duros 
tiempos, que mis muertos amados me susurran
(al inicio fue mi madre en el medio de sus plantas),
y yo puedo escucharlos, sin zozobras…
Sólo es necesario que deje libre mi corazón,
lo deje puro y desnudo y aleje las pasiones tristes,
que todo mi cuerpo sea un campo de manzanas…
aún con mi costilla fisurada y con la muela rota 
que ya no da para más;
así sentenció la dentista en la urgencia,
y me miró sin ver, como una mujer mira
a un hombre que ya está viejo, y sin
más vueltas sacó la muela, lo que quedaba
de ella, y puso una gasa en el nuevo agujero,
para tapar el vacío y parar la sangre,
y me despidió…
Mi amigo del alma ya no susurra, se ríe con mi historia, 
le parece patética;
franco como era, creador que a la realidad le da una vuelta de tuerca,
lo hubiera contado mejor sobre un escenario, por ejemplo
en la Asamblea del Pueblo, en San Telmo,
donde la noche siempre nos protege
con su manto cálido…
El era un gran actor, de los mejores que
en mi vida vi, todo lo transformaba en una
nueva verdad, que era jóven, como él, cuando a la
luz de sus documentos era como yo, digamos viejos…

Dicho por él, la revolución siempre triunfa,
aunque tuviéramos una lista interminable de compañeros
al costado del camino, para nombrar y recordar,
y el poder siguiera de fiesta, frente a nuestras caras,
metiéndonos toda la mano, más que un dedo, en el culo,
como él describía, a carcajadas de ira, honesto y fuerte,
llamando a la batalla… viviendo otra vez
los cielos que se asaltaron, sin olvidar el arcoiris…
(que la belleza no se entrega, no es cierto amigo mio…?)
Sin olvidar tampoco las puebladas que brotaron,
los bancos que se expropiaron,
los cuarteles tomados,
las cárceles fugadas
y los masacradores que pagan sus cuentas…
…No es cierto amigo mío que nuestra historia
son leyendas sin tiempo
y glorias que luchan contra el olvido…?

!Y aún así! !Y aún así! Grita mi amigo
del alma sobre su último escenario…
Es un guerrero del arte…
Es un caballero del delirio…
Es un soñador capaz de soñar
que la tierra es un cielo…
Quizás aunque no lo sea y falta mucho,
quizás hasta demasiado,
quizás hasta las lágrimas…
Porque los buenos actores nos confunden,
y uno no sabe si ríen o si lloran; si
la moneda que revolean termina con cara,
o con seca…
Y para colmo los viejos militantes,
templados por tantas peleas a cuestas,
no lloran ni ríen, simplemente viven…
Y aman muchachas amorosas, angélicas…
Como él amó, y que nunca dejaron de
amarlo… Y pienso en una muchacha,
una actriz con pasos de bailarina, que bien
lo sabe, porque más que nadie lo amó,
hasta en su último suspiro…

Cómo no amarlo, aunque sea un muerto,
sea unas cenizas, sea el amigo del alma,
que se cansó del dolor,
y a quien ahora le hablo en medio del silencio,
en la ciudad del exilio,
a la que he vuelto, porque la vida
se obstina, sigue y sigue,
la función no se suspende, es la ley sagrada,
una nueva vida está a punto de nacer,
y uno apenas sea un hombre con demasiadas 
historias encima,
que le duele el cuerpo y se queja,
que le duele el alma y se asombra,
que se embriaga con susurros y delirios,
que sabe a palos y palazos
que nunca saldrá de la derrota
en el tiempo que le queda,
y aún asi juega sus últimas cartas,
escucha locamente en la noche música de bandoneón,
saca fuerzas de algún cielo perdido,
besa en el aire a la nueva vida,
y despide a un amigo del alma,
maldiciendo que no fuera eterno.

Amsterdam, 21 de diciembre de 2012