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Cultura //// 03.05.2020
Pantalla del mundo nuevo

El escritor Federico Sironi realiza una lectura socioliteraria sobre los impactos del COVID-19 tanto en nuestras existencias como en la validación de la producción literaria. Un texto abierto al debate.

Edición: Fernando Lefevre y Jorge Hardmeier

Por Federico Sironi

Mareado de novedades, tambalea el mundo nuevo  

y hay hambre de verdades que se fueron de paseo

(Riff)

                                                                                                                                                                                 

La naturalidad de la escritura no se equipara, directamente, con la naturalidad del pensamiento. Así, las observaciones del COVID 19 de Zizek o de Byung Chul Han parecen aventurarse, en lo desconocido, con ese mismo desconocimiento. Desde una perspectiva, meramente literaria, el COVID 19 nos traslada directamente al futuro, un futuro donde las más brillantes novelas de Philip K. Dick o de Stephen King  - por mencionar de alguna manera autores de estilos contrapuestos – pueden acercarse.

Todos sabemos que la realidad supera a la fantasía, pero lo que sucede en este futuro, al que arribamos de la mano del COVID 19, directamente arrasa con la fantasía de la ficción, constituyendo a la realidad del futuro constante en el que nos sumerge en una propia ficción que nos interpela a través de los medios y las nuevas tecnologías. Es plausible, literariamente, escribir que si la solución para la pandemia es aislarse y lavarse las manos, estamos frente a un desesperado fracaso de la medicina alopática. La cotidianeidad establecida por los Estados del Planeta, se acerca a un sinsentido paródico en búsqueda de la seguridad. Sólo nos queda la seguridad y cercenar las libertades. Todo acto humano previo al COVID 19 queda, también, arrasado por el tiempo. En efecto, este futuro constante, demarca una nueva forma de vida, a la que nos vemos condenados para sobrevivir.

Y, hablando de literatura, también podemos decir que esta condena de confinamiento no tiene otro motivo que el egoísmo de la supervivencia. El poder de la policía será necesario durante un tiempo. Pero luego, seremos nosotros mismo los encargados de disciplinarnos en la asepsia y en el aislamiento. Esto, como novela de ciencia ficción, es mediocre, es la trama de una novela que nadie leyó porque no tuvo la posibilidad de ser escrita. Enfrentado con la verdad comprobable de la muerte, el mundo se debate ante lo desconocido, pero ese debate es falaz, pues se ficcionaliza y se viraliza en la transmisión de la información, donde el sujeto deja de existir, para darle paso al individuo. Nuevos predicados, que son antiguos predicados de expertos, tienen la preponderancia del hoy constante de futuro, para transformarnos en una especie de autómatas. Aunque la literatura posible no se conozca, hay un punto de inflexión, donde la anterior a la pandemia parece antigua. Hoy por hoy es poco posible, como dijo Albert Camus en La Peste, que una plaga se combata con decencia. Este futuro tiene por signo el egoísmo. Todo lo demás es un acting para modificar lo que no lo modificará. O tal vez, lo modifique.