fbpx Norman Briski: tres obras suyas en cartelera, y se le animó a la novela
Cultura //// 12.08.2010
Norman Briski: tres obras suyas en cartelera, y se le animó a la novela

Capital Federal (Agencia Paco Urondo, publicado en Clarín, por Camilo Sánchez, gentileza Eduardo Montes) Es verdad que estoy escribiendo cada vez más. Era hora de sentar cabeza. Me gusta, por degenerado, inaugurar géneros. Ahora, a mi edad, me le he animado a una novela: le puse el punto final en estos días. La idea es a ver si juego al arco, a ver si como arquero llego a Primera. Es un desafío creativo medio anarquista, si se quiere. Se titula Nagasaki de memoria. El personaje va a Nagasaki para recordar la bomba y ahí se da cuenta de que la memoria se convirtió en un evento. Hay un formato político protocolar que le ha quitado todo brillo a esa fecha. Y el protagonista se va, ayudado por una agrupación de taxistas, en medio de la conmemoración. 

 

Hay tres obras mías en El Calibán: Las primas, Rebatibles y Cuentos para el Coco. Esta última la interpreta mi compañera, Eliana Wassermann. Fue publicado, con formato de libro, por una imprenta que es una fábrica recuperada, la Imprenta Patricios. El arte es curativo, Juan Gris te calma de color.
Es al revés: son duros conmigo los estudiantes. A veces traen una enorme violencia: la falta de querer pensar, de querer despojarse, la falta de entusiasmo. La falta de compromiso con el resto de sus compañeros. Alguien te hace esperar dos horas para un ensayo, vos tenés que cagarlo a trompadas, les digo. Pero no soy para nada agresivo. Actor es mi manera de ver el mundo. Actor es el que está sintiendo e interpretando lo que está pasando. Como director, soy actor. Como dramaturgo, soy actor.
Me enojo con los intelectuales como yo, que no soy, pero a la vez lo soy. Tengo más cabeza todos los días porque el cuerpo tiene menos tónica, menos ansias de subir a los árboles. Igual, tengo 72 años y no entiendo de dónde saco las pilas. A veces veo gente de teatro, de menos edad, más hechos bolsa, y digo qué pasó. Después, entiendo. Entiendo que trabajaron más para el capitalismo que yo. Y ésa puede ser una buena razón para envejecer antes. El tema de “La Fiaca” era existencial. Hoy, en cambio, está la necesidad de trabajar.
Con Tato Pavlovsky nos conocimos como nadadores, a los 12 años. Antes que nada fue médico, después se hace psicoanalista, después se hace dramaturgo y después se hace actor. Estar al lado de él siempre es instructivo. Estar en el exilio y que acá se me viera en el cine, en películas españolas, fue un gran regalo de la vida. Te da fuerzas. No aparecía en los carteles de promoción, pero estaba. Encima, tenía mis arrebatos. Le discutí a Carlos Saura, porque no era director de actores. Le dije que era más ingeniero que artista. El tipo me tomaba como si estuviera un poco loco por el destierro, pero yo se lo decía en serio. Haber trabajado en el cine español se lo agradezco a Pepe Aguilar. Un jefe de fotografía que había sido el fotógrafo del Che. Un corajudo que vino de España a rescatar a su sobrina en la Embajada de Francia. La Argentina es muy ingrata a veces a la hora de hacer memoria. Con Pepe Aguilar seguro que es ingrata.
Volví porque acá no tengo que decir todo el tiempo lo que he sido. Es muy agrio eso. Acá se te entiende y eso me permite experimentar más, seguir aprendiendo. Se “desalmó” todo. Que no sé si no será una ventaja: entender por fin que el alma no existe. Eso es bueno siempre y cuando dé pie a un materialismo humano, interesante, poético, para decir algo. Por ahora es sólo miedo. Es cierto que he sido militante y soy militante en el sentido del término: si estoy en una lucha política, estoy en todas las formas que se puede dar esa lucha política. Pero ahora estoy hecho un barón rampante. Cuando bajo del árbol no veo a nadie. Intenté con Luis Zamora, que era salir del peronismo, que a mí me parecía como dejar de ser judío.
Si pinta la austeridad, el despojo, y vamos todos para allá, ningún problema. Ahora, si yo me desnudo y el otro no; entonces, no. Boludo, no. Mi teatro no es rentable. De las clases vivo, pero con las obras, y han sido unas cuantas, no gano nada. Ojo que tampoco pierdo. Es justo. A mí me parece que la riqueza es no creerse: ni el teatro lleno, ni el teatro vacío. Mi mujer es más joven, y esa situación no la cambio por nada. Para neurótico, aquí está el campeón nacional. La gente más joven tiene su entusiasmo genuino. La estética de las intensidades es lo que buscamos. (Agencia Paco Urondo)