fbpx “Mientras testimoniaba, sentía que me iba liberando de la cáscara de la víctima”
Cultura //// 19.12.2012
“Mientras testimoniaba, sentía que me iba liberando de la cáscara de la víctima”

Entrevista con Angela Urondo Raboy, a partir de su testimonio de la recuperación de la identidad en ¿Quién te creés que sos?, su libro de reciente aparición.

APU (Por Victoria Palacios): Queríamos charlar sobre tu libro ¿Quién te creés que sos?. La idea es que nos cuentes como te fue en la presentación y hablar un poco del libro y de qué trata. Es un libro de la colección Confesiones de Capital Intelectual y me llama la atención. ¿Por qué Confesiones y no Testimonios?
Ángela Urondo Raboy: La verdad es que yo no elegí el nombre de la colección. Le hubiese puesto otro nombre, confesiones me remite al confesionario de iglesia pero es algo que corresponde a la editorial y me excede. La presentación estuvo buenísima, fue el día lunes 10 de diciembre en la sala  Juan L Ortiz, un hecho que fue muy importante para mí, porque Juan L fue un poeta muy querido por mi papá, él lo rescató junto al grupo de poetas de Poesía Buenos Aires por primera vez porque no había sido editado todavía. Los panelistas fueron Camilo Juarez, que es de H.I.J.O.S, hijo del cineasta Quique Juarez; Alfredo Guevara, hijo, el papá fue nuestro abogado por los juicios de Mendoza, o sea que conocía todos los hechos a la perfección; Cristina Banegas, que estuvo maravillosa, recitó espléndidamente fragmentos del libro. Además de todo lo que ella podía transmitir como actriz, desde lo personal me atravesaba con hondura su participación porque de joven ella había empezado a escribir poesía y mi papá se la corregía. Y con eso cerraba un círculo que se completa con la participación de Horacio Verbitsky, que hizo una lectura del valor literario del libro que me dio mucha emoción. La quinta panelista, Adriana Martínez, que no era panelista y cerró este día, tiene una doble carga también, porque además de ser cantante lírica pero de repertorio latinoamericano, ella es la persona que me asistió en mi venida al mundo, fue la partera de mi mamá. Toda la presentación fue muy honda y cargaba de sentido y sensibilidad. Ese día llovió a cántaros y sin embargo asistieron como cien personas. Algo que dije ese día y que ahora lo vuelvo a pensar es que más que un libro me paría a mí misma. A mi identidad.
APU: En el libro –a ver si esto fue conciente o es algo que quizás yo leí- hay una intención bastante profunda de testimoniar. Del testimonio como una desvictimización.
AUR: Empecé a escribir más o menos en 2008, en realidad mi primer oficio es el de dibujante, la pluma pero para lo virtual, y me encontré necesitando escribir para expresar puntualmente algunas cosas que mediante otras vías de expresión no lograba. Era un momento en que necesitaba explicarme algunas cosas a mi misma así que empecé a escribir en un blog donde lo hice durante mucho tiempo –la verdad- para mí. Eso lo leyó personal de la editorial, les gustó y, alrededor de 2010, me invitaron a trabajar en este libro.
En ese momento estaba empezando el juicio de Mendoza contra los genocidas que participaron del operativo que acaba con la vida de mis padres y con mi identidad y simultáneamente, en Buenos Aires empezaba el juicio para la restitución de la misma. Un momento en el que confluían muchas luchas muy importantes así que le pedí a la editorial que esperase a que atravesara estos juicios y me dieron todo el tiempo del mundo, me tuvieron toda la paciencia y me dieron la oportunidad de escribir durante estos juicio en los que, por supuesto, fui testimoniante y quedé como impregnada de ese espíritu de los juicios y realmente, mientras transcurría sentía que me iba liberando de esa cáscara de la víctima que había sido impuesta, sobre todo –más allá de la pérdida de los padres- creo que el estigma de la víctima estaba más relacionado a la impunidad que habíamos tenido que soportar. A medida que ésta se iba haciendo más chiquitita me iba sintiendo más restituida en mis derechos y un poco hay de eso en el libro que está contado mientras ocurría. No es lo mismo un Estado que te quita que un Estado que te restituye, esto es algo muy valioso que te ubica en otro lugar.

APU: En la escritura del libro también se ve un pasaje entre procesos más exteriores y otros procesos que están pasando por otro lado de tu cuerpo, de tu lenguaje. Por ejemplo, en la estructura que armaste(el libro tiene cuatro partes) Documentos(palabras inapelables), Crónicas(palabras hacia fuera), Conclusiones(palabras interiores) y después el cierre con Correspondencias(palabras nuestras), donde intentás reponer algo de lo ausente, de reponer un diálogo inconcluso.
AUR: Sí, en realidad, cuando empecé, comencé a escribir cosas que eran casi crípticas, muy Palabras interiores y me di cuenta que tenía que ofrecer mucha información para que estas palabras interiores fuesen comprendidas así que empecé por lo macro, por lo más amplio que podía hacer, entonces ahí elegí palabras de otras personas para contar la historia, di documentos para dejarlo instalado  y en la segunda parte –Crónicas(Palabras hacia fuera)- todas las vivencias de los juicios, de la identidad y finalmente, este tercer capítulo en donde está la parte más subjetiva, donde hay algunas poesías, sueños, cosas que tienen más que ver con las conclusiones privadas.
APU: Esto lo trabajaste mucho en el blog Infancia y dictadura, el tema de los sueños. ¿Partiste de una experiencia personal a través de lecturas, psicoanálisis?
AUR: En principio, en mi historia personal, los sueños siempre fueron el hilo conductor de esta historia anterior que había quedado perdida. Crecí sin saber cuál había sido mi historia y cuál había sido el marco en que perdí a mis padres. Me habían dicho que ellos murieron en un accidente de auto, entonces lo vivía con ese discurso que no era compatible con las pocas cosas que yo recordaba a través de los sueños, entonces los sueños, para mí, se volvieron algo muy importante porque allí se refugió esa memoria que no terminaba de ser memoria y que dejaba a la luz las cosas que eran falsas. El blog al que te referías se desprende de pedacitos.
Después de varios años de hacerlo, sentí que tenía que empezar a escribir fuera de mi ombligo y me pareció que por mi historia había conocido a mucha gente que había tenido que atravesar la dictadura durante la infancia e Infancia y dictadura se trataba de eso, de la visión infantil a veces onírica, a veces un poco más simbólica, sobre la dictadura. No es un trabajo que esté haciendo sobre memorias de hijos de desaparecidos. Es un trabajo más amplio en el que incluyo el impacto de la dictadura sobre la infancia en general, de cualquier dictadura sobre cualquier infancia. Y es un trabajo que me gustaría profundizar y editar también.
APU: Sí, claro. Es muy interesante. Hay una parte del libro en que se produce un extrañamiento muy grande, en la sección “Crónicas”, que se llama “Alivio”. En ese momento, dentro de la historia que contás, se mezcla la cuestión cinematográfica o, si se quiere, toda la puesta por la que también tenés que recurrir a los medios, etc. y por otro lado, todo este otro proceso interior que te lleva a decir: “Mi cuerpo se desmorona”, como un momento de “ya no más”.
AUR: No, realmente fue literal, no hay poesía, la gente, cuando lea el libro, va a entender que es realmente un relato –y el libro entero lo es- de cómo fui atravesando interiormente esas etapas que tienen que ver con la recuperación. Por momentos hablo de la recuperación de la identidad, de la familia, de la historia o, en ese sentido, cuando estoy hablando de la recuperación de los derechos. Siento que hasta el año pasado que tuve justicia, viví muy disminuida en mis derechos y para quien nunca lo estuvo capaz eso es incomprensible pero hay que estar en esa situación y lo que intenté fue darle al lector todas las herramientas posibles para que pudiera ponerse en ese contexto que lleva a ese alivio que provoca volver, restituirse en los derechos.
Ser de vuelta un sujeto de derecho pleno y a partir de ahí, siento que me reintegro en la sociedad con mucho menos enojo, con mucha más pertenencia, con un sentido positivo, con un montón de cosas. Hay una cantidad de mezclas de sensaciones, de olores, que se asociaron en ese recorrido y que se pusieron en evidencia ahí, esa relación está en Alivio. Fue como sacar toda el agua no llorada.
APU: En este vínculo profundo que mencionás entre la restitución de derechos y la recuperación de una identidad mencionás en “Niños perejiles” la necesidad de reconocer legalmente el niño ex detenido desaparecido, ¿podrías ampliar esto?
AUR: En principio durante los juicios, me fui dando cuenta de nuestro rol poblacional, no estamos siendo tenidos en cuenta ni en la estadística. Siempre se describan hechos que les hicieron a los adultos, y que muchas veces implicó, no sólo como consecuencia, sino en lo inmediato el maltrato a los niños. Pero no hay una legislación que lo contemple. Esto, seguramente, tiene que ver con la historia de la legislación de los derechos de los niños, por ser considerados como objetos de tutela y no como sujetos de derecho y que ahora nos ubica en otro lugar con respecto al lugar de los niños no sólo en los centros clandestinos de detención sino también en situación de encierro.  El tema es que si bien viene cubriendo un derecho preexistente, no es de aplicación retroactiva, pero desde que se asume la existencia es tenido en cuenta. Esto realmente es muy importante porque toda la brutalidad y la crueldad que tuvieron con los niños se  evidencia teniendo en cuenta los derechos de los niños. Desde el CELS nos estamos planteando estas cuestiones que comienzan a reconocerse también en la Secretaría de Derechos Humanos.

Ser, era la cuestión
Texto de Angela Urondo Raboy, publicado el 8 de agosto en su cuenta de Facebook
Desde el día de ayer, puedo decir que soy legalmente Raboy y Urondo.   El Estado democrático y la justicia de la verdad, acaban de hacer efectiva mi restitución, legitimando mi identidad, otorgándome finalmente (o principalmente, según se mire), el nombre que me significa. Nombre que concadena y enraíza, nombre que identifica como miembro de la familia a la que correspondo, devolviéndome hija de mi madre, inscribiéndome por primera vez hija de papá, reinscribiéndolos a ellos, padres míos, restituyéndolos simbólicamente a su rol. Ningún logro puede compararse al que acabamos de alcanzar.    Enmarcado junto al reencuentro con mi historia y al nacimiento de mis hijos, como un momento de los más felices y significativos de mi vida. Gracias familia. Gracias amigos. Gracias a todos los que me acompañaron y me apoyaron en este duro proceso. Gracias CELS, infinitas gracias, a quienes trabajaron en esta causa: Diego Ramón Morales, Carito Varsky, Gastón Chillier, Perro Verbitsky, Laura Conte, Paola García Rey, Facundo Capurro, María José Guembe y a todos los que me estoy olvidando de mencionar, pero que valoro cada granito de arena que fueron aportado a esta que fue una construcción colectiva. Gracias a todos, soy.    Ángela Urondo Raboy