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Cultura //// 05.06.2022
Libros: “Se vive y se traduce”, de Laura Wittner

En la columna semanal Informe de un día un recorrido por el ensayo biográfico de la escritora argentina sobre el arte de la traducción, editado por Entropía.

Por Inés Busquets

Leer a Laura Wittner siempre es disponerse a la poesía.
Leer a Laura Wittner desde su lugar de creación es preparar el cuerpo a lo atemporal, convertirlo en una caja de resonancia para que las palabras de ella se expandan y se multipliquen, porque leerla es una fuente directa con el lenguaje.
Se vive y se traduce es un ensayo biográfico sobre el proceso creativo de la traducción. Todo lo que florece al momento de interpretar la lengua de otro/a.  
Los destellos que produce el lenguaje en movimiento. Laura habla de acciones: nadar, cabalgar; me tomo el atrevimiento de agregarle caminar.
Se vive y se traduce alude al proceso de alumbramiento que genera la elección de las palabras, como una especie de posesa que toma el cuerpo del otro/a justo en el momento cúlmine de gestación.

El libro es la conjunción de la vida y el trabajo de traductora. En esa confluencia ella amalgama las palabras como una red perfecta.

De manera fragmentada, la poeta despliega traducciones, múltiples voces que describen el acto de buscar la palabra justa y muchas definiciones propias del mundo de las lenguas de origen, los idiomas y la técnica.

Aquí algunas: “Traducir es pensar en una.” “Traducir es seguir viviendo.” “Traducir es meterse dentro de alguien.” “Traducir es desnaturalizar y volver a naturalizar.” “Traducir es enhebrar mostacillas ínfimas.” “Traducir es aprender a esquivar.” “El deseo es esencial para traducir.” “Traducir es adivinar.” “La traducción es siempre el nudo de un problema.”

Entre las distintas voces que menciona y que dialogan directamente con la autora están: Germán Carrasco, Jorge Luis Borges, Fabio Morabito, César Aira, Anne Carson, Marcelo Cohen, Sergio Chejfec, Miguel Azaloa, Paula Abramo, Ezequiel Zaidenwerg, Circe Maia, Ida Vitale.

El contexto de pandemia, los talleres de traducción, los recuerdos del entusiasmo con algunos trabajos que no fueron, la remembranza de los lugares de traducción, todo indica una gran tarea colectiva; un intercambio constante de palabras no solamente con el escrito que se trabaja sino con el entorno, con los colegas, con los amigos/as.

Los escenarios, los tiempos libres entre obligaciones cotidianas y el deseo, ese deseo que irrumpe sin pensar en las condiciones externas, sin la posibilidad de elegir:

“Traducir por ahí:

-Charles Tomlinson en DT.UT, un café de Nueva York que no existe más.

-James Schuyler en un bar de Conesa y Juramento que ahora es un Club de la Milanesa (con JAcqui).

-Patricia Cavalli en CArrot, del Bajo Belgrano (Amelia en entrenamiento de básquet).

-Elizabeth Willis en Winna, de Urquiza (Amelia en clase de clarinete).

-Arnold Lobel en el tren Mitre hacia Retiro.” 

En Se vive y se traduce también aparece la traducción como un ancla en la angustia, la compañía, la catarsis y la salvación:

“Este libro no me rechaza como me han rechazado otros en tiempos de angustia. Este libro me recibe y pienso si será porque es sobre el agua, y porque también el agua de la pileta, las tres veces que logré nadar en el último mes, me recibió con amabilidad. Me dijo, el agua, “vení que te sostengo un rato, vos braceas y pataleas y yo te llevo” y eso me dice también el libro. Así que esta tarde de lunes feriado, silencio, mucho calor, estoy braceando. Estoy pataleando y pateando de pena y dolor. Pero el libro me lleva.”

La escritora evoca la figura del padre cuando la anotó en inglés por primera vez y hace un recorrido de sus traducciones, poetas y maestros desde un presente surcado por la pandemia y la enfermedad de él.

Laura Wittner atraviesa la muerte del padre con la palabra, le abre paso a la pulsión de vida con la traducción, como un gesto de iluminación, una forma de renacer entre las llagas del final.
A su vez se encuentra con su mayor desafío, el dolor inevitable, aqueĺlo que no se deja traducir.

Leo y también me dejo llevar por la voz de Laura, es cierto, pienso, que el ensayo es una de las formas de la poesía. Se me ocurre un juego, entonces cierro el libro y escribo las palabras sueltas que me quedaron, algo así como palabras o frases claves para definir la traducción: intención, deseo, cambiar de piel, versiones posibles, no solo traducir el idioma sino también la cultura, intuición, red, salto al vacío, nudo, segundo hogar…y así, aparecen en cascada como buscando algo que no sé responder.