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Cultura //// 22.03.2020
La poesía es asombro y militancia

El 21 de marzo se celebra el “Día Internacional de la Poesía”. En este artículo compartimos un compilado de reseñas de ocho libros recientemente editados y algunos de sus versos para leer en casa. Por Gito Minore

Por Gito Minore

 

La poesía es asombro. Es ver con nuevos ojos lo habitual. Desacostumbrarse, maravillarse, extrañarse. Ya lo decían los formalistas rusos, Shklovski fue justamente quien bautizó con el término ostranénie (extrañamiento) a esta experiencia a la que nos enfrenta el lenguaje en su sentido poético, creador.

Desde 1998, por iniciativa de la UNESCO, se celebra en todo el mundo el “Día Internacional de la Poesía”. Con múltiples y diversos eventos en distintas ciudades, durante estos últimos años, se viene promoviendo y reconociéndola.

Es interesante señalar que no solo en nuestro país, sino en el mundo entero, se produce un fenómeno particular en torno a esta. Sin ser la opción más rentable a la hora de armar un plan editorial, es uno de los géneros que más sellos editoriales tiene. Soslayada por las grandes librerías, y ninguneada la más de las veces por el circuito mainstream del negocio del libro, la poesía y sus publicaciones circulan en plazas, parques, playas, bares, editadas por los general por sus propios autores, quienes en muchas oportunidades se agrupan con otros para armar su propio circuito de recitales, ferias, festivales, etc.

Es entonces cuando la poesía además de ser asombro, es militancia. Es bandera. En tal sentido, el día de la poesía podría ser cualquier día o todos. Pero aprovechando que ya está instalada la festividad, vamos a compartir algunas lecturas recientes.

 

Monoambiente

Publicado por el sello editorial mendocino Grito manso, este volumen recoge los dos libros anteriores de Fede Llera (La gimnasia del sinsentido, 2013 y Dejen ladrar al perro toda la noche, 2016) junto al nuevo El fin de todas las semanas. En esta suerte de obra reunida, la sensibilidad y cierto humor se dan la mano. Tal como lo dice su poema “Más bien”: “Soy más bien como el arbusto/ que crece en la alta montaña./ Quien pase a mi lado comprobará/ que mis ramas secas/ no le llegan a las rodillas.”

Un humor salpicado por la ironía, como lo expresa en “Vengo del psiquiatra y estoy en éxtasis”: “Creí llegar a mi tope de rencor/ pero los altares no se hicieron escombros/ a ningún cristo lo derritió mi indiferencia/ ni el agua bendita hirvió/ cuando hundí en ella mi mano lenta”

Caudal

Del mismo sello que el anterior y en la misma serie “Ruido blanco”, aparece publicada Mercedes Gómez de la Cruz. Este nuevo trabajo de la autora rosarina, quien ya lleva varios títulos publicados, ofrece una serie de poemas atravesados por la naturaleza y una economía de palabras que recrean el paisaje al que evoca: “Sorprendidos por el sol/ los días/ pasaban pequeños./ Acomodaban un objeto/ invisible/ en mi cuerpo/ y era otra”.

Si bien lo onírico está presente, el cuerpo también tiene su peso. Es el sustrato donde las emociones hacen pie y dejan llagas: “Hay un lugar/ donde habita/ la tristeza. Permanece oculta/ bajo un árbol florecido/ donde la lluvia bajará como la caricia/ un día. El amor/ se transforma/ así en enemigo/ alquilando al amante/ en el recuerdo.”

de qué boca caerán los silencios

También rosarino es este libro de Norman Petrich, lanzado en el año 2007, por el sello Ciudad Gótica. En sus páginas, la memoria, y las huellas del pasado, imprimen su marca. Tal como proclaman los versos de “por si no lo sabías”: “lo que no fue/ no ha parado de crecer/ casi tanto/ como lo que es/ desde que la incertidumbre/ desarrugó manteles de agua/ sobre los cuales/ desayunaron los cimientos de tu casa.”

Este pasado, opera en el presente, y tiene nombres y apellidos que no dejan de latir. Escrito en diciembre de 2003, el poema “canción con nombres para hacer la gran Goethe”, lo confirma: “paco rodolfo haroldo/ ¿cómo va el ser regando las raíces de unpaís?/ ¿solos en su soledad?/ ¿somos también allí pedacitos/ exiliados unos en otros?/ paco rodolfo haroldo/ nombres que pude rescatar del naufragio/ de la lluvia/ del diluvio que tapó todo”

El fondo de la caja

“¿Y si en lugar de odio fuera/ una caricia/ la que se engendra/ bajo la hiedra trepadora?”, se pregunta en los versos de “Odio”, María Laura Burattini. No es el único interrogante que abre la autora, en este primer título que publica. Preguntas que sin hallar necesariamente respuestas, conviven con anhelos, como el que arroja en los versos de “Entendimiento”: “Ojalá,/ alguna vez,/ por un momento,/ la razón se tiña/ de amapolas./ Será ese el instante/ señalado para/ callar,/ al unísono,/ cuanto nos necesitamos.”

Un libro donde las palabras no se aglutinan, ni desesperan por aparecer. Un poemario construido con muchos silencios, como lo señala Marcial Gala en la última página.

El mundo

Si hay un término que caracteriza la poética de Pablo Arraigada ese es la ironía. Poemas como “Después de muerto quiero reencarnar en Matt Damon”, no hacen más que ratificar lo antedicho: “Volverme Matt Damon, reencarnar/ y no solo mostrar la ineficacia de la policía/ sino también darme el tremendo gusto/ de traicionar al pelotudo de Leonardo di Caprio/ y hacer que le peguen un corchazo.”

Ironía que por momentos es humorada, como salta a la vista en “Sexo”, cuando  afirma que este “está sobrevalorado”: “Si el sexo fuera algo importante/ mantendría mis uñas limpias/ si fuese algo necesario/ me cortaría el pelo/ y si fuese menester/ quizás,/ y solo quizás/ me afeitaría la barba.”

Además de poeta, Pablo Arraigada es especialista en literatura eslava. Este año junto a otros colegas organizó el Festival de Poesía del Riachuelo.

Palabra naturaleza

Otra voz que se anima a ser escuchada por primera vez es la de María Elena Castro. En este conjunto de poemas lanzado por Clara Beter ediciones, prima, tal como lo propone su título, la naturaleza. Portadora de vida, esta se manifiesta en todo aquello que habita, volviéndolo sagrado. Su canto, su plegaria, es pedido, pero también agradecimiento. Así lo reza en los versos de “Pacha”: “Pacha, útero que bendices la vida/ transformas piedras/ en enormes cordilleras/ gotas en océanos/ (…) hoy te venero/ con un puñado/ de tierra en mis manos”.

Naturaleza que también es feminidad, compromiso con ella. El desgarro y la denuncia aparece a flor de piel en “Muertes sin derecho”: “esas muertes/claman/ respeto/ memoria/ camino de mujeres/ sufrientes/ hermanadas/ por la soledad del dolor.”

Barro para las monas de seda

El coro femenino de Clara Beter se agranda con la voz de Sabrina Fischberg. Luego de dar sus primeros pasos en blogs y antologías, barro para las monas de seda recoge lo mejor de su producción hasta ahora. Una autora que desafía las normas tornando inclusivo su lenguaje en varios de los poemas. Como en “no natx”, donde se atreve con versos como: “solo pienso en/ poesías tristes/ porque no estamos Bichitx/ donde el tiempo se abstiene”.

Pero así como su poética es empática con las novedades, no deja de lado la evocación barrial. “amores barrios” da cuenta de eso: “baldosas camuflan los pies/ si hablaran dice la vecina/ andás en dirección contraria al bondi/ ese que nunca llega a horario/ tu maldita-amada costumbre/ la verdulería del tano/ viejo almacén”

La amada de Túnez

Convenimos que la poesía es “extrañeza”, es maravillarse y sorprenderse. Si a esos atributos le sumamos la condición de extranjería ¿qué podría llegar a salir? Arturo Desimone nació en la isla de Aruba. Es hijo de exiliados argentinos, que traían a su vez exilios previos de Polonia y Rusia. A los 22 años emigró a Holanda, y en la actualidad es nómade. En su libro retrata un amor atravesado la revolución tunecina del 2011. Así lo presenta en el poema homónimo: “Hay una chica que amo y que es/ del pueblo de Sidi Bouzid cerca de las montañas/ de Jebala en Regueb/ donde los muchachos se desloman al sol cantando/ “C’est normal ici” su poema épico mientras/ trafican nafta de Libia en moto para feriar/ en las veredas”

En su conjunto, los poemas evolucionan desde el deseo a la melancolía, siempre en el marco revolucionario africano. Como se explaya en “Recordando Túnez”: “Hasta entonces no estaba claro/ que la vida valía la pena vivirla./ Mi corazón quedó enredado/ en estos minaretes curvos/ en esas antenas de tele improvisadas/ con papel aluminio para la señal/ en las celosías pintadas de azul/ en la forma de corazón/ de una reina bereber de Cartago.”

El libro originalmente publicado en Zimbawe en inglés, apareció hace dos meses en Buenos Aires en edición bilingüe.