"La imagen de la mujer nena, que no sabe qué hacer con su plata, es un estereotipo que hizo muchísimo daño”
"Enfurecida y Tranquila", el programa de AGENCIA PACO URONDO que se emite los domingos de 9 a 11 horas por FM La Patriada, entrevistó a Laura Visco, autora, comunicadora y fundadora de "Amiga, hablemos de plata", una plataforma y un libro homónimo que buscan “normalizar las conversaciones sobre dinero entre mujeres, sin culpa, sin vergüenza y sin obediencia”.
Enfurecida y Tranquila: ¿Cómo surgen el proyecto y el libro "Amiga, hablemos de plata"?
L.V.: La idea del proyecto y del libro es la de construir criterios económicos. Las mujeres hablamos de números, pero dentro de ciertos parámetros, desde lo cotidiano, no desde las grandes conversaciones de dinero. Si bien todas (o la mayoría) sabemos lo que gastamos en casa no es lo mismo ese micromundo que sepas cuánto dinero realmente dispones, cuánto patrimonio, si vas a llegar o no bien a la etapa de jubilación. Es como que nos confinaron muy a propósito a esta cosa de la economía más doméstica y a tener cierto poder sobre eso. Pero las conversaciones más grandes siempre las terminamos delegando en nuestras parejas, si es que tenemos, o consultando a otras personas que son casi siempre hombres, pensando que saben más.
Es necesario tener buenas conversaciones de dinero en nuestras parejas, que yo siempre digo es como nuestra hacienda, y se nos va todo en quién pone qué o quién pone el tiempo para qué. Y también empezar a tomar decisiones más grandes. Porque somos una de las primeras generaciones que tiene una vida económica plena.
E yT : ¿Por eso el libro se presenta como un poco como un manual?
L.V.: Si, hubo muchísimas restricciones a nivel económico, de lo que podían y no podían hacer las mujeres, hasta hace relativamente poco. Entonces, ¿qué vamos a hacer con todo eso? Eso es lo que plantea el libro y el proyecto en general, salir un poco de esta cosa del Excel, el gasto hormiga, y de la mujer gastadora, que es un cliché en sí mismo. Esa imagen de la mujer nena, que no sabe qué hacer con su plata. Es un estereotipo que me parece que hasta ahora hizo muchísimo daño.
La idea es tratar a las mujeres como las adultas, partícipes de la economía, que somos. Defender que queremos y merecemos construir algo para nosotras, y promover cierto grado de autonomía.
E yT : En contenidos dirigidos a mujeres es frecuente escuchar el concepto de gasto hormiga asociado a la idea de que no llegas a fin de mes por ese cafecito que te tomás. ¿Qué discursos son los que buscan contrarrestar desde "Amiga, hablemos de plata"?
L.V.: Obviamente hay que tener un método, un plan de capitalización de lo que querés hacer, y entender hacia dónde querés construir tu patrimonio. Que no siempre es el atajo de invertir en el mercado de valores. Y me parece que el que circula es un discurso extremadamente infantilizante de la mujer, que no tiene en cuenta su realidad. Quizás tiene mil cosas para hacerse cargo, y justamente ese café son los 15 minutos que tiene para ella. Y le dicen que eso que le hacía bien, no debe hacerlo. Estos discursos además la mantienen como con esta mentalidad, que llamo en el libro mentalidad de monedero. Una mentalidad de chiquita, que te mantiene solamente pendiente del día a día.
Incluso me pasa que, muchas veces, cuando hablo de cuestiones más patrimoniales en la cuenta o en el newsletter, y sobre diferentes cosas que podés hacer, y hacia dónde crecer, muchas me preguntan si me refiero a los gastos del día. Nos metieron tanto que tenemos que hacer un escrutinio constante de lo que hacemos y lo que dejamos de hacer, que no nos permite ni siquiera pensar en otras cosas.
E yT : ¿A las mujeres siempre nos hablaron igual?
L.V.: Si. En los años 90 y 2000 nos decían de contar calorías, ahora nos dicen de contar cafés. Siempre es sacrificio, siempre es algo que estás haciendo mal, siempre nos dijeron que teníamos que cortar algo. Algo que nos hacía felices.
Me parece además que se agarró todo ese lenguaje y se transformó en esta conversación. Al libro lo edité por mi cuenta, justamente, porque todas las conversaciones que tenía con las editoriales me decían: “A las mujeres hay que hablarles así. El tip, la información chiquita. Nada con mucha profundidad”. Esta cosa del consejo para achicarte y ser como una ahorradora de centavos, Y yo creo que las mujeres estamos para otra conversación.
E yT : En el libro hacés una historización que muestra que las leyes que reconocen la autonomía económica de las mujeres son más bien recientes. ¿Creés que eso incide también en que podamos decidir sobre nuestro propio dinero?
L.V.: Todo esto de la incapacidad relativa de las mujeres en Argentina empezó a cambiar con la reforma del Código Civil en 1985. Pero hay países en los cuales esas cosas son todavía más recientes. En Chile las mujeres no podían heredar hasta 2023 y las que se casaron mientras esa ley estaba vigente todavía no pueden disponer de su herencia sin que el marido ponga el gancho.
Es una locura si lo pones a pensar. Y pareciera que estamos volviendo, ¿no? Como que esas cosas culturales quedaron en algún lado. Por ejemplo, no necesitás pedirle a tu marido que te de la plata de tu sueldo porque ya cada uno tiene su cuenta, pero le pedís consejo para todo. ¿Qué mujer conocés que ella decida hacia dónde va su dinero y que quiere construir con él? Muy pocas, ¿no?
E yT : ¿Se acercan los varones al proyecto? ¿Recibís hate en redes sociales?
L.V.: La mayoría de los eventos los hago para que solamente vengan mujeres, porque la dinámica cambia mucho si hay tipos presentes. Cuando hice presentaciones de libros muchas vinieron con su pareja, lo que está buenísimo. No se animan mucho a preguntar nada, pero ya que estén ahí es positivo.
En redes es raro. Tengo bastante hate, obviamente. Mucho hombre español muy enojado, muy desagradables, que los bloqueo de una. Y mucha mujer argentina enojada.
E yT : ¿Enojada con qué?
L.V.: Aparecen comentarios en el tono de “a mí no me pasa porque hice todo bien y vos hiciste todo mal”. Eso me mata y me interpela muchísimo culturalmente. Además, muchas veces las tengo que ir bloqueando porque se ponen a bardear a las mujeres a las cuales les pasa. Obviamente en los últimos 10, 15 años, todo cambió muchísimo para nosotras. Pero lamentablemente todavía pasan estas cosas entre mujeres. El machismo no solamente vive en el cuerpo de un hombre. También puede vivir en el cuerpo de una mujer que se dedica a descalificar a otras mujeres que les pasó algo malo.
E yT : La economía también se relaciona con el poder. Hay una anécdota en tu libro donde contás que tuviste que ponerte precio frente a quien era tu pareja en ese momento. Si para nosotras las mujeres es difícil en general ponernos precio, ¿cómo vamos a acceder a esos lugares de poder que maneja el mundo?
L.V.: Yo siempre tuve muy en claro mi valor y lo que yo traía a la mesa y negociaba con eso en mente. Pero también me pegué la cabeza contra la pared muchísimas veces. En los últimos años nos empecinamos mucho en llegar a puestos de liderazgo. Y un poco mi planteo es, ¿tiene sentido sentarnos a una mesa que está rota? ¿O tiene más sentido empezar a abrir otro tipo de espacios, generar otro tipo de vínculos, otra manera de hacer dinero?
Es también un poco el llamado del libro, el capítulo final, que todo el mundo me dice que es como una suerte de manifiesto comunista. Todo lo que se creó, se creó sin nosotras. Tenemos que tener una opinión con respecto a la economía, a cómo deberían haber sido siempre las cosas.
E yT : Se creó con nosotras en un espacio bastante específico que es adentro de las casas. Los cuidados no se reconocen como un trabajo remunerado, que aporta a la economía de todos los países.
L.V.: Total, pero bueno, en el ámbito de lo privado. Después te encontrás con que lo que realmente da sustento, lo que da dinero, se hace en lo público. Y obviamente que eso nos cuesta muchas veces.
En mi caso por tener otros ejemplos en mi familia terminé tomando otros lugares, pero fue por la suerte de haber podido tener otros modelos de ejercer la autoridad y el poder. Yo veía a una mujer que tenía autoridad, ese fue siempre mi modelo, lo cuento mucho en el libro. Y no todo el mundo tiene eso, lamentablemente.