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Cultura //// 11.10.2020
Guevara y Perón: el Che visita España

APU compartirá en sucesivas entregas los capítulos del libro (todavía sin publicación) "Uno de los Nuestros: Guevara y Perón", de Lois Pérez Leira. En esta séptima entrega (ver todos los capítulos): un miembro del Gobierno cubano se reúne de forma oficial con Perón en España. 

Por Lois Pérez Leira | Ilustración: Diego Birman

Después de los encuentros oficiales entre Jorge Serguera y Emilio Aragonés con Juan Domingo Perón en Madrid, distintas versiones fueron creando la leyenda de un hipotético encuentro de Guevara y Perón, en su Quinta 17 de octubre, en el barrio de Puerta de Hierro.

Las versiones y fuentes que relatan este episodio son todas contradictorias e inverosímiles. Lo cierto es que tanto los historiadores cubanos, como el entorno familiar de Guevara o los integrantes de los servicios de inteligencia de este país, que actuaron bajo las órdenes de Comandante Ramón Piñeiro, desmienten este hipotético encuentro. Lo que sí es cierto, es que Ernesto Guevara visitó Madrid de forma extraoficial, en varias oportunidades y se supone, que hizo escala en su viaje hacia Bolivia. La primera vez que Ernesto Guevara que conoció Madrid, fue 13 de junio de 1959. El avión llegó a las ocho de la tarde al aeropuerto de Barajas. Se trataba en una breve escala de camino a Egipto, sólo seis meses después de haber sido derrocado al dictador Fulgencio Batista.

Se trataba de un viaje oficial de once semanas de duración por Siria, India, Birmania, Japón, Indonesia, Ceilán, Pakistán, Yugoslavia, Sudán y Marruecos. Por supuesto, no hubo ningún recibimiento oficial. Aunque los servicios secretos del gobierno español no le perdieron de vista, durante las horas que pasó en Madrid. El régimen franquista, había autorizado su escala, a condición de que no tuviera contactos con la oposición, ni protagonizará actos políticos, otorgándole permiso de estancia de veinte horas. La comitiva oficial a parte de Che estaba compuesta por el Capitán Omar Fernández, el teniente José Argudín y Francisco García Vals, entre otros. Luego se sumaría el matemático Salvador Villaseca y el comentarista radiofónico José Pardo Llada. Desde la llegada al Aeropuerto se integran a la delegación dos periodistas españoles. Uno de ellos es Antonio Olano, del diario “Pueblo” de Madrid, que había conocido al Che durante los días de Sierra Maestra.

Este diario pertenecía a los sindicatos verticales, del régimen de Franco y estaba dirigido por Emilio Romero. El otro acompañante que se sumó, para dejar constancia gráfica de la presencia del Che, fue César Lucas, un joven reportero de la agencia Europa Press, de tan solo 18 años. “Desde la embajada de Cuba se me comunica que mi amigo el Che venía de paso. Por España (…) El Che me pedía que me pusiese en contacto con él. Y pocas horas después del comunicado nos encontramos en un hotel de la Plaza de España, desembocadura con la Gran Vía madrileña (“Hotel Plaza”). Señala el periodista Antonio Olano. César Lucas recuerda: “Fuimos a su hotel en Plaza de España y luego a cenar, él no quería dormir por tener la hora cambiada por el vuelo.” Con Antonio Olano, el Che tenía cierta relación de confianza, por su anterior encuentro en La Habana. El propio periodista nos cuenta aquel día en Madrid: “Guevara me informo que se dirigía a El Cairo para asistir a la cumbre de países no alineados. Me pidió que yo le enseñara lo más típico de Madrid. (…) Nuestro paseo al anochecer, lo dimos por la Feria del Campo en la que visitamos a la mayoría de las representaciones Regionales Españolas. De madrugada, todavía Velázquez no había puesto su azul en el cielo madrileño, pude complacer al Che y a sus acompañantes que quería conocer una plaza de toros. Con César Lucas cámara fotográfica en ristre, nos dirigimos a “La Chata”, oficialmente “Vista Alegre”, propiedad del torero Luis Miguel Dominguín. Nos abrió la puerta el conserje, que me conocía y Guevara pisó por primera vez un albero.

Una de las fotografías de César Lucas lo sitúa al lado de la “Puerta de arrastre”, la entrada del toro muerto en el ruedo y que va a ser descuartizado por los carniceros. El conserje de la Plaza que fue novillero y perteneció a una cuadrilla de toreros bufos, enseña a Guevara, en los corrales un toro bravo, sin embargo domesticado, con el que fotografié al Premio Nobel, mi amigo Miguel Ángel Asturias. Guevara y su cuadrilla salieron por la puerta grande abierta para ellos…” Durante la visita a la Feria del Campo el periodista gallego Antonio Olano lo lleva a comer pulpo y lacón con grelos, dos comidas típicas del stand de Galicia. Como es conocido el Che tuvo a su lado en sus primeros años de su vida, a la gallega Carmen Arias, quien ayudó a su madre Celia en su crianza. Con Carmen aprendió muchas canciones de cuna de Galicia y palabras como morriña, que el Che utilizaba naturalmente, para describir la nostalgia. A bordo de varios taxis, el Che Guevara, Antonio Olano y César Lucas, también la escolta oficial del líder cubano, visitaron a primera hora la ciudad, era un domingo de verano. Pasearon de amanecida por la plaza de Oriente, el Palacio Real, varios campos de deporte y la plaza de toros de Vista Alegre.

A pesar de querer conocer los lugares más turísticos, le pidió a Olano que lo llevará a los lugares más pobres, para conocer la otra realidad de Madrid. El Che tenía un gran interés en conocer esta ciudad. Había sido un ferviente admirador de la causa republicana. Durante muchos años había leído y escuchado historias sobre la guerra civil española y la defensa heroica de Madrid. Conocía por los libros y las crónicas periodísticas de la época, cada lugar, cada barrio de esta ciudad mártir. César Lucas con su cámara Rolleiflex y aun con su poca experiencia profesional, hizo todo lo posible para graficar su paso por Madrid. El propio fotógrafo nos cuenta: “Eran las siete de la mañana y yo tenía que hacer ver que estábamos en Madrid, que el Che estaba en Madrid. Levanté la cámara para poder coger el Arco de la Victoria al fondo y disparé. En aquellos momentos mucha gente no conocía la cara de los revolucionarios cubanos, sólo sabían que eran barbudos”. Después de recorrer la Ciudad Universitaria se trasladan hasta la Gran Vía. Allí desayuna en la antigua cafetería ‘California’. “En aquellos momentos mucha gente no conocía la cara de los revolucionarios cubanos, sólo sabían que eran barbudos, así que por la calle escuchabas a peatones decir “mira, esos deben ser los cubanos y el de la gorra debe ser Fidel Castro”, porque entonces pocos sabían quién era de verdad el Che Guevara”, explica César Lucas. “La gente se descolocaba al ver al Che en el Madrid de Franco, perdido en medio de una calle desierta sin saber muy bien adónde ir. Era una imagen con algo de surrealismo”.

En el café ‘California’, empero, una camarera reconoció al guerrillero argentino e incluso se hizo una foto con él a pie de barra. En esa instantánea con Carmen Muñoz el Che posa despistado, ausente, sin mirar a cámara. “No era muy hablador, sí buen observador, con preguntas interesantes. Tosía bastante, por lo bajo, pero con nosotros fue simpático y cordial. Eso sí, no era muy hablador”, recuerda su fotógrafo español. César Lucas también captó al Che Guevara durante la compra en ‘Galerías Preciados’, que abrieron un domingo festivo para él. Compró una máquina de escribir y de varios libros, antes de retomar viaje hacia El Cairo. “Al llegar al aeropuerto me preguntó si fumaba y al decirle sí sacó tres puros de su chaqueta. Me los regaló y yo me los fumé”, recuerda César Lucas. Vestido con el clásico uniforme verde oliva, con su boina negra se paseaba el Che por las calles de Madrid. A pesar de su imagen llamativa muy pocos lo reconocieron. La dura censura de los medios de comunicación, durante la época franquista había limitado la información sobre el triunfo de la revolución cubana, como así también la promoción fotográfica de sus líderes. El 28 de agosto a su vuelta de este largo viaje, el Che volvió a hacer escala en Madrid y desde allí se trasladó el día siguiente hasta Sevilla. Después de casi un día en esta ciudad, volvió a tomar un avión hasta la ciudad de Casablanca en Marruecos, donde se reunió con el Primer Ministro. El 2 de septiembre regresa a Madrid.

El avión que los tiene que conducir a Cuba, tiene dificultades técnicas y debe quedarse durante algunos días. Se alojan en el Hotel Suecia en la calle Marqués de Casa Riera, al lado del histórico Círculo de Bellas Artes de Madrid y en pleno barrio de las Cortes. Por aquellos años aquel hotel recién se había inaugurado y era lugar elegido por la intelectualidad de la época. Allí pernoctaron también Ernest Hemingway, Ernesto Sábato entre otros. El hotel está situado en el centro de Madrid, cerca de la Plaza de Cibeles y las calles emblemáticas de Alcalá y Gran Vía. En esta nueva estadía dejó la imagen inusual del líder guerrillero apostado en la barrera de la Plaza de Toros de las Ventas, tocado con su inseparable boina y rodeado de su reducida comitiva oficial, disfrutando de una corrida de toros. En los días que pasó en Madrid, aprovecho para comprar libros antiguos y usados en la famosa Cuesta de Moyano, donde se amontonan decenas de casetas de ventas de libros. La mayoría de los mismos que compró eran de autores españoles, especialmente poetas. Durante aquel paseo aprovecho para caminar con Salvador Villaseca, por el Jardín Botánico, el Paseo del Prado y el Parque del Retiro.

El 8 de septiembre regresa a Cuba, donde es recibido por los Comandantes Raúl Castro y Juan Almeida, junto a 400 miembros del ejército rebelde. Lo medios locales cubanos señalan después de una rueda de prensa que hace el Che: “El Comandante Ernesto Guevara ofrece declaraciones a la prensa durante una breve estadía de tránsito en Madrid. -Los cubanos jamás nos arrastraremos a las plantas de los americanos pidiéndoles limosna. Tenemos conciencia de nuestro poder y de nuestros derechos y obligaciones-, asegura. Acerca del posible nombramiento como Ministro de Industria señala: “Iré donde me necesiten”. Durante aquellas estancias en 1959, fue imposible que se hubiera producido una entrevista de Guevara con el ex presidente argentino Juan Domingo Perón, ya que durante todo el tiempo que recorrió Madrid, fue seguido por los agentes de la seguridad española, como así también estuvo acompañado por los dos periodistas mencionados. Por otro lado aún no se había radicado en Cuba J. W. Cooke, quien sería su vínculo directo con Perón y el peronismo. En una entrevista telefónica que le realice a Antonio Olano antes de su fallecimiento, preguntándole sobre este posible encuentro, entre el Che y Perón, el periodista me señaló: “Este encuentro no pudo realizarse nunca durante esta etapa por control estricto de los servicios de seguridad española que habían impedido el contacto de Guevara con cualquier actividad política durante su estancia. El Comisario de policía que dirigió el operativo de control de esta delegación, me pidió que pasara por su despacho, junto con César Lucas, para informarle de todo lo que sabíamos, de lo que había hecho Ernesto Guevara”. Quedamos de continuar hablando de este tema, en una próxima entrevista acordada en Madrid.

A los pocos días la prensa daba la noticia del fallecimiento de este histórico personaje, del mundo periodístico español. En el último de los viajes fue Ramón Benítez y no Ernesto Guevara, quien aterrizó en Barajas, pues en octubre de 1966 el revolucionario se escondía ya bajo una falsa identidad, y se había caracterizado con gafas y con el centro de la cabeza afeitado y desprovisto de pelo, según la fotocopia del falso pasaporte uruguayo que se encontró tras su muerte. En él se distinguen claramente los sellos de entrada y salida del aeropuerto de Barajas y el nombre que continuó utilizando después en su actividad guerrillera en Bolivia para su gran proyecto de insurrección en toda América Latina. Las versiones que indican que en este viaje se hubiera producido el segundo encuentro entre Guevara y Perón, son las más fantasiosas.

Ya que sería imposible que Ernesto Guevara en una misión tan secreta, de donde dependía la seguridad de decenas de personas, pudiera cometer la imprudencia, de entrevistarse con Perón y comentarle sus planes en Bolivia. Más aún cuando el propio General estaba rodeado de espías norteamericanos, argentinos y españoles.