Ernesto Pesce, una crítica al arte contemporáneo

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Ernesto Pesce, una crítica al arte contemporáneo

20 Mayo 2017

Por Gabriela Margarita Canteros

APU: ¿Qué pasa con la crítica, según tu mirada de artista?

Ernesto Pesce: Cómo alguien va a opinar y juzgar algo que no hace, es absurdo. Pero no porque esa persona tenga la suficiente inteligencia ni nada. Puede ser mucho más inteligente, más capaz intelectualmente incluso que el artista, pero ve el producto final como si lo más importante fuese eso. Para mí, como artista, a veces el producto final no es lo más importante sino todo el placer que me produce trabajar, la reflexión que hago con el trabajo, si además me sale una buena obra mejor. Esa persona no conoce la intimidad, eso a veces crea juicios muy terminantes, a favor o en contra, no importa.  A veces, lo asocio con el fútbol, casi todos los directores técnicos han sido jugadores. Yo también, si me gusta el fútbol, sentado en mi casa, tomando una cerveza y picando una longaniza puedo decirle al tipo que está jugando en la televisión, qué hacés animal corre para acá… qué pata dura, y yo no soy capaz de pegarle a una pelota, pero puedo desarrollarte una teoría que puede ser cierta. Pero el tipo que está corriendo en la cancha, que es un atleta, de repente hay un monticulito en la tierra que hace que la pelota vaya para otro lado, quiere hacer un giro y le duele la cadera y le da un tirón y todo eso, para el tipo que teoriza, no existe. Si vos lo sabés, si sabés que existe eso, si vos podés comprender esa experiencia lo podés entender mucho mejor y podés transmitir mucho mejor. Puedo ser un poco determinante pero yo no creo que alguien pueda enseñar bien lo que no hace. 

APU: ¿Criticás mucho el arte contemporáneo y las prácticas de legitimación del mismo?

EP: El arte contemporáneo tiene mucho de teoría, de concepto y demás, no estoy negando eso y es más, si yo hubiera hecho la enseñanza formal, para mí hubiese sido mejor, pero lo que creo es que no se puede enseñar a partir de la teoría algo práctico. El que enseña tiene que hacer lo que hace. Yo también podría ser cirujano leyendo todos los libros de cirujía sin agarrar un bisturí y después empiezo a decir cortá acá, cortá allá, no es así.

Con el arte pasa eso, si pidieran cirujano nadie iría al Hospital Italiano habiendo leído cinco revistas de cirugía. Sin embargo, si lo llaman para algo artístico, va. Parece que en el arte, de antemano, uno nace sabiendo y teniendo capacidad de enseñar y teniendo capacidad de opinar.

Ahora también depende, el arte contemporáneo es muy básico, definir qué es arte es muy difícil, para alguien, arte, puede ser la idea nada más, el concepto. Lo que estamos haciendo nosotros, hablando, para algunos puede ser una performance. Entonces no hace falta que vos sepas dibujar pero hace falta que los dos sepamos, es antropología. Pero algo hay que saber, si vos querés trabajar con el color, con la textura o con la forma, representar la realidad hay métodos para aprender eso y hay que saberlos. Ahora: si yo voy a ser un artista conceptual y voy a hacer frases escritas en la pared yo necesito aprender a dibujar, pero necesito saber otras cosas y esas cosas hay que saber que, en cuanto uno más sabe, puede hacer un mejor trabajo. Además esa idea que también hay de la gente tocada con la varita mágica, hay alguno, pero dejás al 99,9% de la humanidad sin que pueda ser artista. Si vos crees que hay un iluminado qué hace el resto. Juega Messi y después no juega más nadie al fútbol. Lo que pasa también es cómo cada uno entiende el arte. Para mí el arte es algo muy abarcador, mucho más abarcador que la obra terminada. Forma parte de la vida de uno, forma parte del placer, de la emoción, del deseo. Todo eso, a veces, hace que se pierda de vista el análisis de lo que hacés vos. Un análisis muy centrado hace que todo eso quede de lado y para un artista es fundamental. Rescato eso y rescato la singularidad, somos todos diferentes, inteligencia más, inteligencia menos. En esa diferencia me parece que hay una potencia. Frente a un mismo hecho contamos de manera diferente, percibimos de manera diferente. Si yo me expreso desde ahí lo mío va a tener una potencia y una fuerza de transmisión que si yo monto o copio el imaginario de otro, podrá ser un clon. Ahora, si yo tengo en claro eso y voy a exponer en la bienal de Venecia, si es importante para mí, bueno, te convertís en un clon. 

APU: ¿Qué pasa con tu obra en la sociedad todavía?

EP: Yo hago toda esa serie erótica y no te imaginás, y mirá que lo que yo hago no es escatológico, muestra desde un realismo lo que pueden ser masturbaciones o relaciones sexuales, lo que sea. Pero está pensado desde el diseño, como el grabado japonés que son absolutamente explícitos pero son tan bellos que, en todo caso, lo que puede llegar a molestar pasa a un segundo plano. Sin embargo no es así. Tengo experiencia de gente que dice, no, yo no puedo colgar esto en mi casa y estás hablando de una figura femenina sentada en un banquito, y vos decís cómo puede ser. Bueno, es. Son gente grande, gente instruida, pero el sexo sigue siendo un problemón, una cosa muy reprimida. 

APU: ¿Los concursos generan una legitimación un poco dudosa?

EP: lo que tiene que ver con el arte no puede generar problemas tan serios, se ve en los concursos también, este es el premio más importante o el lugar más importante para exponer, y te das cuenta que uno compró una tela de 2 por 2 y pinta hace una semana y va ahí con ese trabajo y no se va a presentar como ingeniero atómico sin embargo se va a presentar como un gran artista… y no pasa nada.

APU: ¿Cuál sería el rol de los críticos?

EP: Lo mismo tiene que ver con el profesor, si el crítico no se mete en lo mismo que estamos hablando ahora, si no se mete a opinar sobre lo que no hace el crítico puede hacer un aporte muy grande. Conozco gente que viene de la teoría y saben muchísimo más de lo que yo puedo llegar a saber en mi vida y la mirada de esa gente me puede llegar a aportar un montón de cosas, siempre y cuando no me venga a decir lo que tengo que hacer técnicamente si no lo hace. Que el aporte viene y es muy importante, y la opinión también es muy importante, pero depende de cómo se emite. 

Siempre pongo como ejemplo el texto de Foucault sobre las meninas. El tipo se para y hace una lectura que es maravillosa del punto de vista de lo que ve el tipo. Ahora Foucault no dice “mirá, acá pintó el perrito medio mal” “si hubiese usado esta pared y no la otra” entonces, desde ese lugar, creo que hasta si lo escucha Velázquez, se quedaría maravillado. Ahí me parece que el docente puede enseñar muy bien pero dentro de lo que le compite, dentro de lo que hace. Ya en la cosa práctica es un repetidor, por eso hay tantos malos profesores en las escuelas de bellas artes. Porque no son gente que hace. Entonces qué son, repetidores, cuando vos trabajás, cuando sos un artista que produce, sabés las modificaciones que hay. Es como si uno fuera un general de un lado y la obra es otro general del otro lado con un ejército. Yo me puedo levantar todas las mañanas y decir “hago una obra de arte” “pongo esto acá, esto allá” y eso es una obra de arte, puse el primer color, puse el segundo y la tela me responde por otro lado y digo esto no va. Cuando voy y digo “con esto lo liquido” el otro me hace una modificación y entonces esa dinámica, el tipo que no trabaja, no la conoce, entonces transmite cosas cuadradas, encajonadas, inmodificables. Entonces va generando un idiota atrás del otro. Repite eso y hace que el otro repita eso y no hay posibilidad de crecimiento, de modificación, de espacio, justamente para algo que es fundamental en esto que es la creación. Ahora, que se puede enseñar, se puede enseñar. Qué es lo que no hago, ¿no hago esculturas? Pero yo sé cómo funciona la escultura y a un tipo le puedo decir “vos agarrá el electrodo, ponelo acá” y fenómeno, pero yo hago eso y se me cae la escultura en la cabeza.