El Movimiento Gótico Norteño y la apuesta editorial de Cantus Corvi

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El Movimiento Gótico Norteño y la apuesta editorial de Cantus Corvi

01 Noviembre 2026

Hay monstruos que habitan castillos en ruinas, criaturas que regresan de los cementerios victorianos y sombras que se deslizan por corredores donde la aristocracia europea oculta sus secretos. Pero en el Norte argentino el miedo también tiene otros escenarios: los ingenios azucareros, las estaciones ferroviarias abandonadas, los caminos polvorientos, las casas de adobe, los cerros, el monte chaqueño y las memorias de comunidades atravesadas por la explotación, la desigualdad y la violencia.

Desde ese territorio, un grupo de escritores comenzó a construir una propuesta literaria colectiva: el Movimiento Gótico Norteño, una experiencia que busca reunir las tradiciones del horror, el misterio y lo sobrenatural con las tensiones históricas y sociales del Noroeste argentino. Su desarrollo encuentra uno de sus principales espacios de producción y circulación en la Editorial Cantus Corvi, un proyecto autogestionado que apuesta por los formatos breves, la diversidad de voces y la construcción de lectores fuera de los circuitos editoriales concentrados en Buenos Aires.

La iniciativa no pretende limitarse a trasladar los escenarios del gótico europeo a una geografía diferente. Su búsqueda consiste en reconocer que el Norte posee sus propios fantasmas, sus propios monstruos y sus propias formas de narrar aquello que una sociedad no consigue resolver, olvidar o enterrar.

Una fundación para romper el silencio

El 23 de marzo de 2026, en General Güemes, Salta, se reunieron Eduardo Medina, Mauro Martina, José Chávez y Ramón Mili Ramos para dar forma al Movimiento Gótico del Norte Argentino. El colectivo estableció el 24 de marzo como fecha fundacional, vinculando simbólicamente su nacimiento con una jornada decisiva de la historia argentina.

La propuesta surgió de una necesidad compartida: reunir a autores que, desde distintas localidades y trayectorias, trabajaban con el terror, el misterio, el realismo mágico y la historia regional, pero que no contaban con un espacio colectivo que organizara y proyectara esas búsquedas.

Los cuatro fundadores aportaron perspectivas diferentes. Mauro Martina explora el paisaje andino y la atmósfera de la puna salteña; Eduardo Medina trabaja con el horror contemporáneo y tecnológico; Ramón Mili Ramos recupera los mitos y la geografía del Chaco Gualamba; y José Fidel Chávez articula la dimensión poética y social del género.

A esa construcción se incorporaron otras voces: Alejandra Burzac Sáenz, Clara Pérez Abella, María Herrera, Mónica Ovejero, Gustavo Díaz Arias y quien firma esta nota, Marx Bauzá, entre otros escritores vinculados a la propuesta.

No se trata de una escuela literaria de estética uniforme ni de un catálogo donde las diferencias deban desaparecer. El movimiento encuentra su cohesión en una sensibilidad común: la voluntad de explorar las zonas oscuras de la experiencia humana desde las particularidades culturales, históricas y sociales del Norte argentino.

La violencia de género, la explotación laboral, el racismo, la discriminación, las desigualdades de clase, las transformaciones tecnológicas y las contradicciones de la religiosidad popular forman parte de ese horizonte. El monstruo puede adoptar la forma de una criatura sobrenatural, pero también puede revelar el rostro de una estructura de poder.

¿De qué hablamos cuando hablamos de gótico norteño?

El gótico nació como tradición literaria en la Inglaterra del siglo XVIII. Desde entonces, sus castillos, ruinas, secretos familiares, presencias espectrales y personajes sometidos a fuerzas que parecen excederlos se transformaron en recursos para explorar los temores de distintas sociedades.

En América Latina, esos procedimientos adquirieron otras formas. En Argentina, la literatura de Esteban Echeverría permite reconocer tempranamente la relación entre violencia, poder y representación de lo siniestro. En el Norte, la obra de Juana Manuela Gorriti constituye un antecedente relevante para pensar la circulación de imaginarios góticos en nuestra tradición literaria.

El Movimiento Gótico Norteño propone profundizar ese diálogo desde una perspectiva territorial. Donde el imaginario europeo sitúa castillos y abadías, el Norte ofrece ingenios, fincas, casonas, quebradas, montes y pueblos del interior. La niebla puede ceder su lugar al polvo suspendido en el calor de la siesta; las antiguas ruinas pueden ser estaciones ferroviarias o construcciones que conservan las marcas de una historia de explotación y abandono.

También cambian los seres que habitan esos paisajes. Las leyendas, los aparecidos, la Salamanca, el Familiar y otras figuras del imaginario popular ingresan en una escritura que no los utiliza solamente como elementos pintorescos. Se convierten en instrumentos para interrogar la memoria colectiva, las creencias, los conflictos sociales y las formas en que una comunidad representa aquello que le produce temor.

En este punto resulta fundamental distinguir el gótico del simple relato de terror. El sobresalto, la aparición sobrenatural o la violencia explícita pueden formar parte de ambos, pero la propuesta del movimiento busca que el miedo abra una pregunta sobre el mundo. Un fantasma puede encarnar una deuda histórica; una criatura puede revelar la crueldad de un orden social; una casa abandonada puede conservar las huellas de una expulsión o una tragedia familiar.

La dimensión crítica no elimina el placer narrativo ni la búsqueda estética. Por el contrario, permite que el horror dialogue con la historia, la política y la experiencia cotidiana sin renunciar al misterio.

El gótico norteño abreva, así, en varias fuentes: la tradición gótica universal, la literatura fantástica latinoamericana, la oralidad regional, las devociones populares, los mitos y leyendas del territorio, la memoria obrera y campesina, y las formas contemporáneas del horror. Su identidad no depende de rechazar las influencias extranjeras, sino de reelaborarlas desde una experiencia propia. 

Cantus Corvi: editar desde el interior

Para sostener esa búsqueda nació Cantus Corvi «el canto del cuervo», en latín, una editorial artesanal e independiente impulsada desde el propio movimiento. Su función excede la publicación de títulos: ofrece un soporte material para reunir autores, hacer circular sus obras y construir una comunidad de lectores.

El formato de fascículos permite presentar relatos breves, diferenciados por sus temáticas y vertientes estéticas. La propuesta busca facilitar el acceso a la literatura y poner en circulación voces que muchas veces encuentran dificultades para ingresar en los circuitos comerciales tradicionales.

La editorial también amplió su actividad mediante la revista CORVI, dedicada a cuentos, reseñas y aportes vinculados con la literatura oscura y sus lectores. A esa tarea se suman las presentaciones públicas, los conversatorios, las ferias y las actividades educativas.

La primera presentación oficial del movimiento tuvo lugar el 16 de abril de 2026, en el café literario A la Sombra de la Rosa, en la ciudad de Salta, con el lanzamiento de los cuatro primeros fascículos. El 25 de abril, el proyecto llegó a Magnolia Bistro, en General Güemes, donde se realizó una charla sobre el género y se anunció la revista CORVI. Las actividades continuaron en espacios culturales salteños y en el Centro Cultural Rougés de San Miguel de Tucumán, durante el 22.º Mayo de las Letras.

Otro paso significativo fue la incorporación del movimiento al Plan Provincial de Lectura de Salta y su llegada a establecimientos secundarios y de formación docente. Allí, la literatura regional puede convertirse no solamente en material de lectura, sino también en una oportunidad para conocer los procesos de edición independiente y discutir cómo se construye una obra desde el territorio.

Los diez fascículos: un mapa de las sombras del Norte

El catálogo inicial y sus primeras ampliaciones permiten observar la diversidad de la propuesta. Cada fascículo abre una puerta diferente al universo gótico norteño:

1.El Tren de las Sombras, de Mauro Martina. Gótico de la puna salteña. El paisaje andino y sus atmósferas se convierten en el punto de partida de una narrativa que explora las posibilidades inquietantes del territorio.

2.El Influencer, de Eduardo Medina. Gótico urbano. El horror contemporáneo y tecnológico ingresa en un universo atravesado por las nuevas formas de exposición, comunicación y construcción de identidades.

3.Cantando Pasó Sobre el Agua, de Ramón Mili Ramos. Gótico del Chaco Gualamba, con elementos de realismo mágico. La geografía y los imaginarios del monte constituyen el horizonte de esta propuesta narrativa.

4.Gárgolas, de José Fidel Chávez. Gótico urbano. La obra se integra a una búsqueda que vincula la imaginación oscura con las tensiones de la vida contemporánea.

5.Juego de Seducción, de Alejandra Burzac Sáenz. La incorporación de la escritora y referente cultural tucumana amplía la presencia provincial dentro del proyecto y fortalece el diálogo entre las narrativas de Salta y Tucumán.

6.Algo Sigue Ahí, de María Herrera. Gótico rural con elementos de splatterpunk, vertiente que lleva el horror físico y la violencia explícita a sus expresiones más extremas. Su inclusión amplía el repertorio estético de la colección.

7.Titán, de Clara Pérez Abella. Gótico rural. La propuesta desplaza el centro del género hacia escenarios alejados de la ciudad y abre nuevas posibilidades para pensar las relaciones entre paisaje y amenaza.

8.Madre, de Mónica Ovejero. Gótico psicológico. La dimensión interior, los vínculos y los conflictos subjetivos adquieren protagonismo dentro de una narrativa que explora las zonas inquietantes de la experiencia humana.

9.Gólgota, de Gustavo Díaz Arias. El fascículo incorpora otra voz tucumana al catálogo y amplía la presencia del gótico urbano en el proyecto editorial.

10. Machetazo: una historia de azúcar y sangre, de Marx Bauzá. Ambientado en el universo simbólico de los ingenios azucareros, este cuento largo de 45 páginas vincula la memoria obrera, la religiosidad popular y las leyendas del monte con el horror contemporáneo. El machete, herramienta de trabajo del zafrero, se transforma en un símbolo atravesado por la explotación, la violencia y el deseo de reparación. La obra dialoga con el gore, el slasher y el splatterpunk desde una perspectiva arraigada en la historia social del Noroeste argentino.

La colección no agota las posibilidades del movimiento: constituye una primera cartografía de sus intereses. La diversidad de subgéneros y autores permite reconocer una construcción colectiva antes que una fórmula narrativa cerrada.

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Imágenes: José Fidel Chávez

Un panel para pensar el gótico en el Norte argentino

La consolidación de esta experiencia también invita a organizar un panel de discusión sobre el lugar del gótico en la literatura argentina y, en particular, sobre las fuentes culturales de las que abreva en el Norte.

El debate puede articular tres preguntas fundamentales: ¿qué diferencia al gótico norteño de una reproducción regional del modelo europeo? ¿Cómo intervienen la tradición oral, las leyendas, la religiosidad popular y la memoria histórica en la construcción de sus relatos? ¿De qué manera el terror puede abordar problemas contemporáneos sin convertirse en una mera ilustración de conflictos sociales?

Los antecedentes de la literatura gótica argentina, la obra de Juana Manuela Gorriti, las tradiciones populares del NOA, las narrativas de los ingenios y el monte, y las vertientes actuales del horror ofrecen un campo fértil para esa conversación.

Más que establecer una definición definitiva, el panel permitiría poner en diálogo las distintas perspectivas de los autores, reconocer sus diferencias y examinar qué aporta el territorio a la renovación de un género de alcance universal.

La discusión también podría abordar la relación entre literatura y educación, el papel de las editoriales artesanales, las dificultades de circulación de las obras regionales y la necesidad de construir redes culturales que conecten las provincias sin depender exclusivamente de los espacios de legitimación porteños.

La periferia como lugar de producción

El Movimiento Gótico Norteño y Cantus Corvi ponen sobre la mesa una cuestión que excede el género: la posibilidad de producir literatura contemporánea desde el interior del país sin convertir la distancia respecto de Buenos Aires en una desventaja estética.

El Norte no necesita limitarse a proporcionar paisajes, leyendas o personajes para que otros construyan sus relatos. Puede elaborar sus propias formas, revisar sus tradiciones, incorporar lenguajes contemporáneos y discutir los conflictos de su tiempo.

En ese sentido, el proyecto editorial funciona como una práctica de construcción cultural. Los libros son parte de un entramado que incluye autores, lectores, espacios independientes, instituciones educativas y actividades públicas. La circulación de los fascículos, la revista CORVI y las presentaciones del movimiento forman parte de una misma apuesta por hacer visible una producción regional diversa.

El gótico norteño no busca demostrar que el Norte es más oscuro que otros lugares. Busca mostrar que sus sombras también merecen ser narradas, discutidas y leídas. Porque detrás de cada aparición puede haber una memoria; detrás de cada monstruo, una estructura de poder; detrás de cada historia de terror, una pregunta que la sociedad todavía no ha conseguido responder.

Desde Salta, Tucumán y otros puntos del Norte argentino, el Movimiento Gótico Norteño construye una experiencia colectiva que enlaza literatura, territorio y crítica social. Cantus Corvi le da cuerpo editorial a esa búsqueda.

La literatura del interior no necesita pedir permiso para existir. Necesita espacios donde encontrarse con sus lectores, dialogar con otras tradiciones y desplegar su potencia estética.

A veces, para contar las sombras del presente, alcanza con mirar de frente los fantasmas que siempre estuvieron entre nosotros.