fbpx El Cadáver
Cultura //// 01.12.2012
El Cadáver

Poema extraído de Austria-Hungría (Editorial Tierra Baldía, 1980)

¿Por qué no entré por el pasillo?Qué tenía que hacer en esa nochea las 20.25, hora en que ella entró,por Casanovadonde rueda el rodete?Por qué a él?entre casillas de ojos viscosos,de piel finay esas manchitas en la caraque aparecieron cuando ella, ehpor un alfiler que dejó su peluquera,empezó a pudrirse, eh por una hebilla de su peloen la memoria de su pueblo                                                Y si ellase empezara a desvanecer, digamosa deshacersequé diré del pasillo, entonces?Por qué no?entre cervatillos de ojos pringosos,y anhelantesagazapados en las chapas, torvosdulces en su melosidad de peronistassi ese tubo?Y qué de su cureña y dos millonesde personas detráscon paso lentocuando las 20.25 se paraban las radiosyo negándome a entrarpor el pasilloreticente acaso?como digna?Por él,por sus agitados ademanesde miseriaentre su cuerpo y el cuerpo yacentede Eva, hurtado luego,depositado en Punta del Esteo en Italia o en el seno del ríoY la historia de los veinticinco cajonesVamos, no juegues con ella, con su muertedéjame pasar, anda, no ves que ya está muerta!Y qué había en el fondo de esos pasillossino su olor a orquídeas descompuestas,a mortajas,arañazos del embalsamador en los tejidosY si no nos tomáramos tan a pecho su muerte, digo?si no nos riéramos entre las colasde los pasillos y las bolaslas olas donde nosotrasno quisimos entraren esa noche de veinte horasen la inmortalidaddonde ella entrabapor ese pasillo con olor a flores viejasy perfumes chillonesesa deseada sordideznosotrassiguiéndola detrás de la cureña?entre la multitudque emergía desde las bocas de los pasillosdando voces de pánicoY yo le pregunté si eso era una manifestación o un entierroUn entierro, me dijoentonces vendría soloya que yo no quería entrar por el pasillopara ver a sus patas en la mesa de luz,despabilandoAcaso pensé en la manicura que le aplicó el esmalte Revlon?O en las miradas de las muchachas comunistas,húmedas sí, pero ya hartasde tanta pérdida de tiempo:ellas hubieran entrado por el pasillo de inmediatoy no se hubieran quedado vagando por las adyacenciastemiendo la mirada de un dios ciegoUna actriz –así dicen–que se fue de Los Toldos con un cantor de tangosconoce en un temblor al General, y lo seduceella con sus maneras de princesa ordinariapor un largo pasillomuerta ya                                                Y yopor temor a un olvidointrascendente, a un hurtodebo negarme a seguir su cureña por las plazas?a empalagarme con la transparencia de su cuerpo?a entrar, vamos por ese pasillo donde muereen su féretro?Si él no me hubiera dicho entonces que está solo,que un amigo mayor le plancha las camisasy que precisaría, vamos, una ayudaallá, en Isidrodonde los terrenos son más baratos que la vidalotes precarios, si, anegadizoscerca de San Vicente (ellano toleraba viajar a San Vicentequiso escapar de la comitiva más de una vezy Pocho la retuvo tomándola del brazo)Ese deseo de no morir?es cierto?en lugar de quedarse ahíen ese pasilloentre sus fauces amarillas y halitosasen su dolor de despertarahí, donde reposa,robada luego,oculta en un arcón marino,en los galeones de la bahía de Tortuga(hundidos)Como en un juego, yaes que no quiero entrar a esa sombríaconvalecencia, umbría–en los tobillos carbonizadosque guarda su hermana en una marmita de cristal–para no perder la honra, ahíen ese pasillola dudosa bondaden ese entierro