Alfredo Rosso: "Se está empezando a reconstruir esa especie de piel multicultural"

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Alfredo Rosso: "Se está empezando a reconstruir esa especie de piel multicultural"

22 Diciembre 2019

Fotos: Natalia Pasquino

Por Ezequiel Palacio

 

 

Conversamos con Alfredo Rosso. Historias, anécdotas, música… Está preparando un libro con notas selectas junto a Pipo Lernoud y Claudio Kleinman que celebran el trabajo de la revista El Expreso Imaginario y otro que reúne un trabajo fotográfico sobre las peores fotos de los mejores festivales musicales.

 

Alfredo Rosso: la perla del periodismo del rock

 

AGENCIA PACO URONDO: ¿Hay temas que preferís evitar? ¿Por ahí no hablar de política o esas cosas?

ALFREDO ROSSO: Mirá, yo siempre hablo de música la verdad. En general, las notas siempre versan sobre trayectoria musical.

 

APU: Podemos corrernos un poquito, aunque vinculados a la música. El rock siempre intentó ser un movimiento contracultural, no todo, y me gustaría empezar por este lado. ¿Cómo ves el rock contracultural en relación a la cuestión política, regional?

AR: El rock en Argentina, en sus comienzos, fue contracultural por una cuestión casi de supervivencia. Porque la generación de La Cueva, intentó no repetir los esquemas de sus mayores. Consciente o inconscientemente, no querían que nadie les escribiera el libreto de sus vidas. Entonces no querían parecerse a nada de lo que había venido antes. Y si te pones a pensar, la generación de La Cueva nace en 1965, 66,67 en una época en que la Argentina, políticamente hablando estaba en una situación muy precaria. Porque en el 65 y hasta mediados del 66, todavía estaba el gobierno de Illia, que había sido elegido en las urnas, pero con proscripción del peronismo. Y además se percibía una sensación de presión militar. En junio del 66 se produce el golpe de Onganía, entonces se caen los formalismos y las caretas y asume un gobierno militar que tiene una actitud mesiánica frente al país con todo ese lenguaje habitual: futuro de grandeza, destino manifiesto, lo heroico.

Pero en la vida diaria, era un país que estaba muy almidonado, muy gris de alguna forma. No había muchas posibilidades en el campo de lo creativo, porque no abundaban las escuelas de arte y mucho menos las escuelas de música. Había lo que se llamaba “conservatorio”. Pero desde el punto de vista de una música joven que plantease desde sus letras una nueva visión de la persona y del mundo, eso había que crearlo. Y eso hicieron los que formaron parte de la generación de La Cueva, y estamos hablando de Moris, Pajarito Zaguri, Javier Martínez, Lito Nebbia, Tanguito, Miguel Abuelo, Pipo Lernoud como poeta más que nada y otros… Así nació Rebelde (Los Beatniks – 1966). Rebelde no fue el primer tema de rock en castellano. Acá hay que hacer una división. Cantar en castellano no implica necesariamente haber creado una movida nueva. Cantar en castellano ya lo hacían los Teen Tops en México y el Club del Clan en Argentina. Pero no estamos hablando de ellos, sino que hablamos de un movimiento que tiene una forma de pensar la vida de una manera distinta.

Y por eso para mí, uno de los primeros temas es Rebelde. Porque en su estribillo dice

Rebelde me llama la gente

Rebelde rebelde es mi corazón

Soy libre y quieren hacerme

Esclavo de una tradición

Ahí están los fundamentos básicos del rock nacional hasta 2019. En eso que parece un haiku japonés están los fundamentos de todo el rock nacional argentino. Que te dijeran rebelde en esa época era fuerte. Los maestros cuando querían poner a raya a un chico le decían que era un rebelde sin causa, como la película de James Dean. El título de la película se usó como un latiguillo para nombrar a aquellos que se rebelaban contra no se sabía muy bien qué. Bueno los chicos del rock intuían contra qué se rebelaban. Sabían que no querían seguir una tradición.

Los Beatniks grabaron ese single. Y quince días después de esa grabación viene el golpe de Onganía. Viene una censura férrea. Viene una actitud moralina en la calle: la policía actuando como guardián de las buenas costumbres y de la estética. A los chicos de pelo largo los agarraban por averiguación de antecedentes, que era el paraguas de la detención, como ves algunas cosas no cambian, y les cortaban el pelo. Por eso el tema de Pedro y Pablo que dice “aunque guadañen mi pelo a la fuerza en un coiffeur de seccional”. Tenía un significado simbólico muy fuerte.

Estos muchachos, y digo muchachos en estos momentos no por denigrar a las chicas, sino porque el rock era muy machista. Estos muchachos, en esa primera época tenían todo en contra. Las disqueras les decían “pibe, el beat es en inglés”. En aquel entonces el rock no existía para referirse a esta cosa nueva. La palabra rock era lo que hacía Elvis Presley. En esas letras de rock ya se veía una nueva actitud. Todos esos nuevos artistas tenían un vínculo muy cercano con la literatura, que se la compartían en las largas noches del famoso bar La Perla, de Once.

Pensá en La Balsa, que dice: “cuando mi balsa esté lista partiré hacia la locura, con mi balsa yo me iré a naufragar”. En la adolescencia uno tiene una mente prelógica o superlógica, como diría el Indio. La balsa es para flotar, no para naufragar. ¿Qué es eso de ir a la locura? Y claro, la idea era naufragar, porque la superficie era muy fea, muy gris. A ver si ese mar traía color, algo distinto. Pipo Lernoud cuenta en su libro, que recomiendo de lectura casi obligatoria, que se llama Yo no estoy aquí, naufragar era ese soltarse por la calle y por el mundo sin tener ataduras. Ir donde te lleve tu delirio. Por eso cuando mi balsa esté lista, mi capacidad de moverme solo, de navegar solo, me iré a la locura, me iré a naufragar.

Todo está guardado en la memoria de Rosso

 

APU: De ese universo de apertura, ¿cómo llegamos al rock actual?, donde lo comercial está a flor de piel y las bandas quieren pegarla…

AR: De muchas maneras. Siempre hay que pensar que el rock es una cadena que tiene eslabones unidos uno a otro. Nuestros rockeros tenían como referentes a la generación literaria de los beats y esa gente hablaba de salir a los caminos, de mezclarte con otros, del amor libre. El uso de las drogas era una búsqueda. También se metían en las filosofías orientales. Un poco esa mística se pasa a la siguiente generación. Desde La Cueva hasta el rock de los 70 hay toda una evolución musical. Junto con La Cueva aparece Almendra, Arco Iris, hablamos de tipos como Luis Alberto Spinetta y Gustavo Santaolalla. Un poco después aparecen Miguel Cantilo y Jorge Durietz con Pedro y Pablo, haciendo entre otras cosas La Marcha de la Bronca o Pueblo nuestro que estás en la tierra. Y por supuesto Charly con Sui Generis.

Pero en principio aparece un grito de rebelión en esas letras que se van complejizando y las letras son cada vez más densas hasta llegar a Instituciones. Y en los 80 hay un cambio de paradigma. Había corrido mucha sangre. El proceso dejó un tendal, no sólo desde la masacre, sino que dejó instalado el huevo de la serpiente (película de Ingmar Bergman, 1977), en la educación, del nihilismo porque también nace una generación hedonista, el “yo” por delante de los demás.

Antes de las 80 existía un “yo colectivo”, incluso la cosa se planteaba como “nosotros y ellos”. Era una grieta filosófico-existencialista. Mientras que en los 80 nace una generación que, quizás tiene hermanos mayores o padres desaparecidos, y es una generación que en cierta manera hace esto del borrón y cuenta nueva. Podemos juzgarlos o no juzgarlos, pero hay una realidad: nace una generación distinta.

Hay muchos grupos que a su manera intentan un cambio estético: Virus, por ejemplo. Le da prioridad al baile con letras muy pensadas. Los Redondos traen un mensaje nuevo. Sumo. Y siempre digo que el primer disco de Soda Stereo establece un poco la estética de los 80, porque Cerati refleja lo que sucedía con letras como ¿Por qué no puedo ser del Jet Set? O Sobredosis de TV. Para los que intentan alimentar las grietas les digo que tanto Soda como los Redondos, tienen letras que hablan de lo mismo, aunque de distinta manera: Sobredosis de Tv y Divina Tv Führer. La Tv convertida en un tirano que te va moldeando la cabeza de acuerdo a la forma de pensar del poder dominante o del sponsor dominante. Porque en los 80 ya no sabemos dónde está el poder.

En los 80 surge un grupo que nos escupe el asado y son Los Violadores. Que tienen un tema fantástico que se llama Represión y dice: “represión a la vuelta de tu casa, en la panadería y en el kiosco de la esquina”. Por eso es importante hablar de Golpe Cívico, eclesiástico y militar. Represión 24hs al día, no nos olvidemos de que no hay golpe militar posible sin un apoyo civil, como sucede ahora en Bolivia.

Después de los 80 que son en principio hedonistas y que tiene un montón de búsquedas, porque lo que por ahí se pierde en lo lirico se gana en la variedad. El rock se empieza a mezclar con el folklore y con el tango. León Gieco y Santaolalla hacen de Ushuaia a la Quiaca grabando a los folkloristas en su propio terreno. A finales de la época entra el reggae que se integró completamente a nuestra idiosincrasia. Y se integra porque se rescata el mensaje de la defensa de las minorías.

Los 90 fueron rock testimonial. Aparecieron allí los grupos mal llamados “rock chabón” y contaron otra historia.

Y el siglo XXI empezó siendo una expansión. Aunque también se volvió un poco a la situación de los primeros tiempos en este sentido: hay una especie de rock, como dijera el Indio Solari el rock cortesano, hay un rock “aceptado” que se muestra por Tv y en los megafestivales, que es un rock que no hace mucha ola, ni desde sus letras ni desde su música. Y por debajo, en los clubes, en los reductos menos conocidos, hay un rock underground donde la mujer tiene por fin un protagonismo igualitario, por supuesto que para que esto pase antes hubo grandes pioneras como Celeste Carballo, Gabriela Epumer, Mario Rosa Iorio, Hilda Lizarazu, Fabi Cantilo.

Pero este es otro momento, porque hay creadores haciendo sus propias letras y propias músicas que hablan de la realidad del siglo XXI, y tienen una ventaja: tienen los medios de producción a su alcance. La tecnología los favorece. Tener ese control es fantástico. Estos nuevos artistas no tienen la zanahoria de la fama, no cree en eso. Hacen música por las ganas de hacerla. Entienden que la música es una justificación en sí misma, es una necesidad vital. Obviamente quieren ganar dinero, porque a nadie le gusta no ganar.

 

APU: Pienso en una cuestión que es, en los 60, 70 para escuchar la música que no se difundía, había que salir a buscarla, y hoy en pleno siglo XXI, plena revolución tecnológica, también hay que salir a buscarla.

AR: Acabas de decir una cuestión fundamental, que es lo imprescindible del rol activo del espectador/oyente. Estoy harto que gente de mi generación o más joven, me diga Alfredo, no pasa nada ahora, ¿no? y yo les digo que este es mi tiempo, antes también era mi tiempo, pero hoy es mi tiempo. Yo no añoro volver atrás, ni añoro esa época en absoluto. La respeto, la disfruté pero pasó. Amo descubrir a María Pien, Marina Fages, a Mi amigo invencible, a Los Espíritus, más allá de las cuestiones de su cantante, a Santiago Moraes que se quedó con la mística de Los Espíritus con Los Transeúntes, su nueva banda. Me encanta descubrir todo esto y darme cuenta que hay un canon nuevo. Los solistas Pablo Dacal, Juan Ravioli… están pasando cosas hermosas y una vez más, la gente mide el nivel artístico en la fama que puedan adquirir, a ver si un día los ven en horario central en la Tv. No es eso.

No hay un click en la mente del oyente-espectador todavía. ¿Y quién va a producir eso, una nueva revista, un programa de radio? Para mí lo más brutal de este momento no son los músicos, sino cierta parte del público.

 

 

Mañana es mejor aunque no haya futuro

 

APU: ¿Tuviste problemas con Bobby Flores? (Director de Radio Nacional)

AR: ¿Vos decís en Radio Nacional?

 

APU: Sí.

AR: No, cuando cambiaron la administración de Radio Nacional, muchos de nosotros dejamos de tener los programas que teníamos cuando estaban los Vázquez. Pero lamentablemente eso paso varias veces, con varios cambios de gobierno, así que lo tomé con resignación. No te puedo decir que me cayó muy bien. Pero lo viví de manera distinta a muchos compañeros y colegas que directamente se quedaron sin el único ingreso que tenían. Yo seguí en otra radio con La casa del rock naciente y la Trama Celeste. Muchos compañeros quedaron colgados. Lamentablemente esto sucede mucho.

Me encantaría volver a Radio Nacional, porque lo que hicimos con Federico y Sebastián Vázquez fue lindo.

 

APU: ¿Qué podés decirnos del movimiento punk latinoamericano?

AR: De Perú, Los Saikos, que descubrí de grande y quien Martín Pérez, de Radar los conoce muy bien. Los que sí me gustaron mucho fueron El Polen, una banda medio hippie y muy de la onda de los Jaivas en Chile. Gente que creía mucho en esa revolución del espíritu como para tratar de cambiar el entorno. Eso siempre me gustó mucho del rock, es profundamente humanista. No podemos dar por sentado todo lo que nos rodea. ¿Cómo computamos todo lo que nos rodea, cuál es tu rol en todo eso? Esas cosas se preguntaba el mundo del rock.

Fui un ardiente defensor del punk como revolución estética y poética cuando empecé a entenderlo yo escribí la primera nota de punk en argentina para Expreso Imaginario allá por el 78.  En ese año viajé a Brasil a cubrir un festival de jazz y conseguí el disco de los Sex Pistols, Never mind The Bolocks y ahí entendí de qué se trataba eso del punk.

 

APU: ¿Cómo llegás a la música?

AR: Un tío, mi tío Tito, Enrique Rosso trabaja en Odeón. Odeón era la grabadora de Los Beatles y la de Gardel. El tío nos traía los discos de Odeón. Mi primer mentor musical fue el tío Tito.

A mis 13 años me compré la discografía completa, hasta ese entonces, de los Beatles. Y llegué a comprar discos de los Beatles en tiempo real, cuando salían. Y de ahí ya no hubo retorno: de los Beatles a los Stones y de ahí al mundo. Te diría que mi colección de discos empezó a gestarse en el 68 y en 10 años ya tenía una buena colección.

Me sedujo mucho la idea del rock como cultura. Es decir, la vinculación del rock con la contracultura joven. A mis 17 años leía revista Crisis.

Otra revista también que se llamaba Transformaciones, con notas a Angela Davis, en contra de la guerra de Vietnam, notas que ya hablaban de ecología y del deterioro del mundo, y veía que esos discursos estaban reflejados en bandas de la costa oeste de los Estados Unidos y en Argentina se hablaba de salir de la ciudad: Una casa con diez pinos, Toma el tren hacia el sur, de Almendra. Blues del éxodo, de Pedro y Pablo. Se fue formando mi cabeza con una visión del mundo distinta.Todo esto ayudado por mis viejos, que fueron abiertos conmigo. Podía estudiar lo que me fuera en gana.

Llegue al periodismo de rock porque leía revistas de música. Yo hacía traducciones de revistas inglesas. La revista Mordisco fue innovadora, porque sentía que me incluía. Y después de mi primer viaje a Londres, me ofrecí como corresponsal y empecé a trabajar para ellos. En la colimba lo conocí a Claudio Kleiman y lo invité a que viniera a la redacción en el Expreso Imaginario. El único problema que tuvimos fue que, a punto de sacar el primer número, marzo del 76 ocurrió el golpe cívico militar. Igualmente, la revista salió el 6 de agosto de 1976.

Después de todo el quilombo del golpe consigo un trabajo cuya responsabilidad era recibir las muestras de los que le daban las licencia a Music Hall y decidir qué se editaba en Argentina. ¿Y de qué eran esas muestras? Discos de Yes, de King Crimson, de Television. Eso por un lado y por otro el Expreso Imaginario. Y lo que completó todo fue que un día le hicimos una entrevista a Raúl Porchetto. Y nos ofrece tomar un micro de discos inéditos para radio, que él no podía hacer porque tenía que salir de gira. Todo me salió redondo.

Revisitarnos

APU: ¿Tuviste líos con los militares?

AR: En el Expreso trabajamos bien, aunque siempre camuflando todo. Nunca tuvimos quilombos, pero nos visitaban y nos dábamos cuenta. Venían tipos que eran sacados de la canción de Pipo Cipolatti, Pensé que se trataba de cieguitos. Tipos trajeados a comprar números atrasados del Expreso. Sabíamos que nos vigilaban, pero ¿qué iban a hacer?

Tuvimos un par de escándalos internos, una vez publicamos una nota sobre parto natural y era un primer plano de una vagina con el bebé saliendo. Eso fue escandaloso. Los de revista Para Ti se volvieron locos. Pero éramos plenamente conscientes de lo que pasaba en el país. Yo fui preso 3 ó 4 veces por portación de juventud. El documento no te servía de nada.

 

APU: ¿Y hoy, por ejemplo, qué cosas son las que nos sirven?

AR: Hace falta un punto de referencia. Rebelde, esa canción mítica, tenía puntos cardinales. Sabias contra qué te rebelabas. El gran problema de este momento, más allá de lo obvio de lo que representa un Trump o un Bolsonaro, hay un montón de otras cosas que están socavando la vida de todos los días. Por ejemplo y lo más obvio es el deterioro climático, que va de la mano de todo lo demás. Los primeros que niegan el deterioro climático son los que lo generan. Entonces pienso que hace falta que se abran foros de discusión. Pero espacios no especializados, que nos hablen a nosotros directamente, ¿qué estamos buscando como sociedad?

La música está empezando a dar esa discusión. Me pasa algo similar con el teatro y algo de cine experimental. Están empezando a dar esa discusión que se emparenta con lo que ocurría en los 60. Se está empezando a reconstruir esa especie de piel multicultural.Los referentes muchas veces no encuentran los canales necesarios para llegar a la gente. Las letras de Palo Pandolfo son bárbaras. Me parece que a la gente hay que llevarla a donde ocurre la cosa.

Yo no soy un músico frustrado. Mi laburo es un nexo, soy un cable conector entre la gente y el que produce. Estamos en manos de una multimedia fraccionada que nos impide mostrar lo que sucede con la cultura. Y eso me parece que es una deuda que debemos subsanar los que estamos en los medios.

Sólo se trata de vivir

 

APU: Vos tenés un vínculo poético con la música, tenés una manera de contar…

AR: Te voy a dar un ejemplo. Natalio Ruiz el hombrecito del sombrero gris, esa canción de Charly García. Habla de un tipo conserva, tenía sexo cada muerte de obispo, nunca tomaba más de lo que el médico le recetaba. Y Charly que es un escorpiano sangrón, dice: ¿y donde terminó? Junto con gente de su alcurnia en la Recoleta. A la larga al foso vamos todos. Dave Davis de The Kinks, tiene un tema que se llama A well respected man, un hombre bien respetado que habla de la sociedad estratificada de Inglaterra en el 64 y 65 y que actualmente que debe seguir siéndolo. Vos podés poner un tema al lado del otro y te das cuenta que esos artistas son dos comentaristas sociales igualmente útiles y eficientes y ya no te importa tanto si uno es argentino y el otro inglés. Además de que no hay más naciones sino corporaciones, agregaría que más que naciones hay maneras de ser. O sea, hay gente en argentina que me produce mucho más desprecio que gente de otros países. Y con esa gente de otros países tengo una afinidad espiritual e ideológica que con el vecino de la vuelta de mi casa no me pasa. No es el problema de la nacionalidad sino de cómo esa nacionalidad se expresa dentro del núcleo donde vivís y hace a los otros. Los países agresores seguramente tuvieron que acallar a los disidentes. La Alemania nazi tenía muchísimos disidentes que fueron aplastados a sangre y fuego.

 

APU: Para terminar, me gustaría preguntarte ¿qué vinculo te une o tenés con la muerte?

AR: Pienso en la muerte, por supuesto. Sólo espero que me separe de esa cercanía un montón de cosas que quiero hacer todavía. León Gieco lo dice en una frase maravillosa que me cae ahora y es “que la reseca muerte no me encuentre vacío y solo sin haber hecho lo suficiente”. Me parece una frase genial que tiene mucho más sentido ahora que tengo 65.