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Cultura //// 10.05.2020
Adiós querido Tom

"Conocí en persona a Tom Lupo (conductor de radio y televisión, escritor, psicoanalista y divulgador de poesía) a fines de 2001 o a principios de 2002 en el mejor lugar del mundo, una radio. El lugar era FM La Tribu". Por FerKan.

Por FerKan

“Lo más importante para mí fue el momento preciso en que lo encontré a Tom, cuando me presenté y comenzamos a hablar de la radio y de su programa, que estaba por comenzar. En pocos minutos ya estábamos hablando de poesía.

 

Este lunes 4 de mayo de 2020 no es otro comienzo de semana más en estado de Pandemia mundial. Amaneció con muchas nubes grises. Hacía frío, llovía y mi vecino golpeaba con su maza desde temprano. En situación de aislamiento social, encerrado en mi casa, aturdido por el ruido, mientras me preguntaba cómo podría dar clases virtuales en ese torbellino, en la mitad de la mañana me enteré que Tom Lupo, el querido Tom, nacido en Chaco y cuyo nombre era Carlos Galanternik, había fallecido después de estar mucho tiempo sufriendo las consecuencias de un irresponsable que impactó su automóvil Fiat Palio.

Conocí en persona a Tom Lupo (conductor de radio y televisión, escritor, psicoanalista y divulgador de poesía) a fines de 2001 o a principios de 2002 en el mejor lugar del mundo, una radio. El lugar era FM La Tribu, en Almagro, y su programa salía cerca del mediodía. No me acuerdo con exactitud por qué yo estaba en la radio, creo que había asistido a otro programa. El recuerdo completo de fechas y situaciones es un tanto impreciso, espero que sepan disculparme, pero en el contexto, resultan anecdóticos. Sin embargo, las emociones relacionadas con algunos hechos que considero muy relevantes, siguen intactos en mi mente.

Como les decía, lo más importante para mí fue el momento preciso en que lo encontré a Tom, cuando me presenté y comenzamos a hablar de la radio y de su programa, que estaba por comenzar. En pocos minutos ya estábamos hablando de poesía. Yo estaba fascinado de estar frente a uno de los grandes de la radio, a quien escuchaba desde la década del 80, en el mítico programa Submarino Amarillo, en radio Del Plata, y uno de los que me había transmitido el amor por la radio y la poesía. Sin duda fue uno de los mejores intérpretes de poesía. Así que impactado como estaba, me quedé durante su programa mirando desde la cabina del operador. Salió y hablamos un rato más, sin decirle nada de mi gran admiración. Supongo que lo percibió. Se generó lo que se llama habitualmente, “buena onda”.

Según parece prestó atención a que le había dicho que escribía poesía, y en un momento me dijo: “por qué no venís a leer unos textos tuyos”. Quedé sorprendido pero acepté. Durante la semana dudé en hacerlo, no fue porque me asustara dar a conocer mis textos, es que no tenía nada publicado. Finalmente fui, me dio un espacio al aire, mientras leía lo que después serían los poemas de mi primer libro Luces de hospital, que estaba trabajando en un taller literario, Tom cerraba los ojos, ensimismado, como si fuera el chamán de la tribu. Cuando terminaba de leer él daba una explicación increíble sobre cada uno de mis poemas, relacionando con otros textos, autores, ideas y psicoanálisis. La historia del pensamiento sintetizado en pocos segundos. Impresionante.

A partir de ahí me dijo que fuera cuando quisiera a la radio. Que no avisara, que simplemente pasara y nos poníamos a conversar al aire. Así lo hice en La Tribu y también fui algunas veces a Radio Nacional. Siempre le avisaba por e-mail cuando iba a pasar, y cuando él me veía volvía a decirme, “no tenés que avisar, vení directamente”. En sus programas hacía referencias políticas, reivindicando a quienes defendían el interés nacional, la cultura y el bien común, también hablaba de Miguel Menassa, Lacan, las vanguardias estéticas en general y el surrealismo en particular. Y Girondo, Tuñón, Pizarnik, ay, Alejandra! Olga Orozco, y tantos otros poetas a quienes difundía con pasión por radio desde los 80 y que, gracias a él, comencé a leer en mi adolescencia. También el rock le debe mucho a Tom, contribuyó en gran medida a que el Indio Solari o Luca Prodan se convirtieran en personajes entrañables, por sus relatos y entrevistas.

Lo disfruté de chico como oyente y pude conocerlo en persona, frecuentarlo, un lujo, sin duda. A fines de 2003 le pedí que hiciera el prólogo a mi primer libro, Luces de hospital, que se editaría en Valencia, España. Aceptó con mucho entusiasmo y me lo envió por e-mail. De nuevo los recuerdos se vuelven borrosos, creo que nos vimos con cierta regularidad hasta 2004. A la radio no pude seguir yendo, se complicó mi presencia porque, en ese tiempo, trabajaba muchas horas en el diario. Le acerqué mi libro, nos encontramos algunas veces más en eventos, él por su trabajo como conductor de TV y yo por el diario. También me lo encontré en la calle algunas veces o acudía cuando Tom leía en público a Borges y otros poetas, lo volví a ver en un Festival de Poesía en 2013 y en un evento-homenaje que se le hizo para pedir justicia para que pague el responsable del grave choque de automóvil que sufrió. Siempre que lo veía, Tom respondía con el mismo gesto cálido y alegre. Por eso, por todo lo que conté y por muchas cosas más, digo adiós al querido Tom Lupo con una lágrima y una sonrisa. Cada vez que escriba poesía o sueñe con volver a hacer radio lo tendré presente.