Celebración de Iemanjá, madre de todas las aguas

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    Foto: Alejandro Reynoso
FESTIVIDAD

Celebración de Iemanjá, madre de todas las aguas

01 Febrero 2026

Cada 2 de febrero se celebra a Iemanjá, deidad fundamental de las religiones de origen africano, madre de todas las aguas y símbolo del origen de la vida. Su figura, vinculada a los mares y océanos, representa no sólo una dimensión espiritual, sino también una profunda historia política marcada por la colonización y el racismo, así como la resistencia y resiliencia de los pueblos afrodescendientes en América del Sur.

Raíces religiosas y reivindicación

En la tradición yoruba, grupo étnico de África occidental que habita principalmente la región que hoy comprende Nigeria y Benín, Iemanjá es considerada la Madre de todos los Orixás ( dioses) y protectora de la humanidad. Su figura combina un carácter maternal y amoroso con una fuerza tan poderosa como el mar que gobierna: puede ser calma y protectora, o tempestuosa y dominante. 

Durante la tragedia de la trata esclavista, uno de los procesos más brutales de la historia, millones de personas africanas fueron arrancadas de sus tierras y transportadas contra su voluntad por el Atlántico. Se estima que cientos de miles, hombres, mujeres y niñeces, murieron durante la travesía, arrojadas al mar o abandonadas a su suerte en los llamados barcos negreros, víctimas de una violencia sistemática y deshumanizante. En ese contexto de horror absoluto, la figura de Iemanjá emerge como guardiana de esas vidas arrebatadas, como madre que recibe, abraza y protege a quienes perecieron en la injusticia de la esclavización.

Por eso, el reconocimiento y el respeto hacia Iemanjá trascienden la pertenencia religiosa. Para las personas afrodescendientes, sean o no practicantes de religiones de matriz africana, su figura se afianza como símbolo de una identidad espiritual violentamente negada, como una memoria colectiva marcada por el despojo y una herida histórica que permanece abierta.

En este sentido, la celebración de Iemanjá tiene una importancia central en tanto forma parte del legado cultural e histórico de la diáspora africana, indisociable de su cosmovisión espiritual. Frente a la realidad de aquellos cuerpos africanos trasladados como esclavizados, la espiritualidad no llegó por la fuerza: viajó con ellos como parte esencial de su identidad, de sus saberes y de su manera de comprender el mundo.

A través del tiempo, más precisamente siglos, en el marco de la colonización de la espiritualidad y de la imposición de la hegemonía católica como religión oficial en gran parte del Continente Americano, las religiones de matriz africana fueron perseguidas, silenciadas y criminalizadas. Aunque este proceso suele ubicarse en el pasado, la estigmatización y el racismo persisten aún hoy, manifestándose en el no reconocimiento y la discriminación hacia quienes practican estas religiones.

Sin embargo, lejos de desaparecer, estas expresiones espirituales han resistido gracias a la transmisión oral y comunitaria. 

En la actualidad, la celebración de Iemanjá se erige como un potente símbolo de identidad y resistencia frente a las lógicas históricas de exclusión. En ese sentido, su presencia en América Latina no puede leerse como un fenómeno importado o marginal, sino como un componente religioso legítimo y propio en la historia social, cultural y política del continente.

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iemanja CELEBRACION
Foto: Alejandro Reynoso
En la actualidad, la celebración de Iemanjá se erige como un potente símbolo de identidad y resistencia frente a las lógicas históricas de exclusión.

Secretos en el mar

Desde una perspectiva histórica, Iemanjá es una deidad de origen africano cuya presencia precede ampliamente la llegada del cristianismo a América. Su culto se desarrolló en África occidental mucho antes de la colonización europea. Por su parte, la advocación católica de Stella Maris, asociada a la Virgen María, se consolidó en Europa y llegó a América junto con la expansión colonial. La vinculación entre ambas figuras se da en un marco de imposiciones religiosas coloniales que hoy podríamos interpretar como apropiación cultural, Pero desde la perspectiva afrodescendiente la adaptación funcionó como una estrategia de “supervivencia espiritual” frente a la evangelización obligatoria, permitiendo preservar su cosmovisión ante la persecución y prohibición de sus prácticas ancestrales.

Aunque la Mae Iemanjá y la Virgen Stella Maris convergen en el simbolismo del mar, presentan diferencias conceptuales de acuerdo a su historia. Stella Maris del latin “Estrella de Mar” es guía de los navegantes y protectora de los pescadores, mientras que Iemanjá además de ser la Madre del Mar, es fuente de vida, es considerada protectora de la familia, símbolo de fertilidad, contención y cuidado. Pero esto no es una competencia entre deidades femeninas, como el mundo nos tiene acostumbradxs, sino un esfuerzo por comprender los orígenes y el sincretismo que muchas veces se desconoce.

En Argentina, y en paralelo con el surgimiento del movimiento por los derechos de la comunidad afrodescendiente y africana, la presencia de Iemanjá comenzó a consolidarse gracias a la acción de Paes y Maes de Santo, líderes de Casas de Religión, quienes empezaron a exigir al Estado el respeto por las religiones de matriz africana. Esta demanda surgió frente a episodios de vandalismo, la espectacularización de sus saberes y la satanización de sus prácticas en los medios de comunicación masiva, sumados a la estigmatización y los prejuicios racistas y falsos hacia sus devotxs, muchas veces acusadxs de practicar “magia negra”.

En este contexto, los activismos afrodescendientes han sido clave para visibilizar, proteger y reivindicar sus prácticas religiosas, así como para impulsar políticas públicas que combatan la discriminación, promuevan la igualdad y reconozcan la diversidad cultural y religiosa. Gracias a estas acciones, líderes afrodescendientes argentinos, como Mae Mameto Kiamasi, primera coordinadora del Programa Afrodescendientes del ex Inadi, entre otros activistas, comenzaron a ser invitados a participar en mesas de diálogo interreligioso y ceremonias oficiales del Estado.

Cabe destacar la presencia histórica del Baba Hugo Watemberg de Iemanjá, quien fue invitado desde el 2018 de manera consecutiva al Tedeum del 25 de mayo en la Catedral Metropolitana junto a líderes religiosos de otras confesiones. Watemberg que preside la Casa “Reino de Iemanjá Bomí” es uno de los impulsores de las celebraciones multitudinarias que en los últimos años se realizaron en la playa pública de Mar del Plata durante la temporada de verano. Esta iniciativa estratégica permitió al público local y turista presenciar y conocer las expresiones religiosas, los toques de tambor y las ofrendas rituales que forman parte de esta festividad del 2 de febrero, caracterizada por su estética celeste y blanca y protagonizada por los hijos e hijas de religión.

En distintos puntos del país, la celebración de Iemanjá congrega a cientos de personas que se acercan a las costas con flores blancas, velas blancas o celestes y diversas ofrendas.

Buscando un símbolo de paz

En distintos puntos del país, la celebración de Iemanjá congrega a cientos de personas que se acercan a las costas con flores blancas, velas blancas o celestes y diversas ofrendas, renovando sus pedidos de protección y expresando su agradecimiento a la Madre de todas las Aguas. Esta festividad, además de ser un acto espiritual, expresa la presencia y vitalidad de la comunidad afrodescendiente en Argentina y permite honrar sus raíces, tradiciones y legado cultural.

La conmemoración forma parte del calendario de festividades en ciudades como Mar del Plata, Quilmes y a lo largo de toda la costa del Río de la Plata. En Corrientes, las ofrendas se realizan sobre las costas del Río Paraná, en espacios como la Playa Arazaty y la Playa Islas Malvinas, mientras que en Entre Ríos tienen lugar en la Playa del Thompson. En Resistencia y Barranqueras (Chaco), las ceremonias se desarrollan en el Río Negro, el Río Tragadero en Antequeras, en Barranqueras y el Río Paraná, especialmente en las zonas cercanas al puerto, donde numerosas Casas Religiosas realizan ofrendas como parte de su vínculo cotidiano con el agua.

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Iemanja
Foto: Maga Përez

En un mundo atravesado por conflictos, buscar símbolos de encuentro y paz se vuelve un gesto profundamente significativo. La celebración de Iemanjá es una práctica abierta, en la que pueden participar personas de distintos orígenes, y que año tras año crece y se resignifica. En ese proceso, no solo reafirma su dimensión espiritual, sino que también abre una discusión política urgente en torno al derecho al agua y la crisis socioambiental.

Desde las cosmovisiones afrodescendientes, el agua no es una mercancía, sino un bien común, sagrado y esencial para la vida. Frente al avance de modelos extractivistas, la contaminación de ríos y mares y la privatización de los recursos naturales, el mensaje que encarna Iemanjá adquiere una dimensión profundamente contemporánea y contrahegemónica. Las ofrendas colectivas e individuales que recorren ríos y costas del país se inscriben así en un gesto soberano que honra tradiciones ancestrales y reafirma su lugar en la historia y el presente de la Argentina.

Con la fluidez de las aguas que bendice Iemanjá y el trabajo constante de visibilización por parte de la comunidad religiosa, su figura ha ganado un amplio reconocimiento a nivel nacional, evidenciando que son numerosas las personas que practican religiones de matriz africana en Argentina.
Y con sumo respeto y amor, este 2 de febrero todos saludaran en yoruba: “Omio Odoya Iemanjá”, saludo a la reina del mar.

Por decisión de la autora el artículo contiene lenguaje inclusivo.