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Relámpagos //// 17.02.2017
Formas (pre revolucionarias) de la violencia

Por Juan Manuel Ciucci l “Aunque no sea el punto nodal del Cuatreros de Carri (Albertina), el tema es sin dudas la violencia. Carri (Roberto) indaga en el `68 en los derroteros de Isidro Velázquez para pensar los modos en que esta resistencia personal al sistema, expresa una revuelta popular en potencia”.

 

Los Carri, Roberto y Albertina, dialogan ahora desde sus obras, con una generación (y un genocidio) de por medio. Es hija de ese horror, que todos transitamos pero que en ella (como en tantos) impacta de modo personal, íntimo, familiar. La sangre que se vuelve política, en un país con parentescos que nombran instituciones, luchas, banderas.

Cuatreros es la película donde la Albertina cineasta retoma Isidro Velázquez. Formas pre revolucionarias de la violencia, el libro del Roberto sociólogo militante. Desde el trabajo sobre material de archivo, recorre con su voz en off lo que le significa retomar esa historia, la historia misma de Velázquez, la de su padre, la del intento del desaparecido Pablo Szir por hacer una película con el libro y el caso, y la de la película que ella intenta hacer ahora.

Pero aunque no sea su punto nodal, el tema es sin dudas la violencia. Carri (Roberto) indaga en `68 en los derroteros de Isidro para pensar los modos en que esta resistencia personal al sistema, expresa una revuelta popular en potencia. Pone en discusión las teorías que encuentran sólo en el proletariado industrial la clase para la revolución, interesado por la negación absoluta que experimenta hacia el sistema el campesinado perseguido y arrinconado, no tentado por las organizaciones que le otorgan legitimidad institucional a su lucha. El espontaneísmo es un fuego que promete arrasar, justamente por su inorganicidad. Algo que atrajo por esos años, por ejemplo, a Pier Paolo Pasolini y Glauber Rocha, aunque con fundantes diferencias.

De allí la importancia por “aquello que la inmensa mayoría entendía que significaba Velázquez para ellos”, lo “real” en este asunto, más allá de su accionar en sí. Y el interés de Roberto por las rebeliones espontáneas del pueblo, “formas violentas de protesta que no adoptan manifiestamente un contenido político pero que indudablemente lo tienen”. Esto marca la distancia para con un libro que se editaba en castellano por aquellos días, el Rebeldes primitivos de Eric Hobsbawm. El historiador británico entiende a estas rebeliones primitivas como pre-políticas, lo que Carri señalará como “el error, las limitaciones formales que a su análisis impone el racionalismo formal”. Porque “no es posible distinguir entre movimientos políticos o pre-políticos; si es un movimiento social, es político, en la medida en que toda expresión pública de la sociabilidad incide y actúa sobre los órganos de poder”.

De allí que sí sean catalogados por él como pre revolucionarios: “podemos sí distinguir entre una política revolucionaria y una política no o contrarrevolucionaria, entre objetivos programados de la acción y manifestaciones espontáneas de la solidaridad frente a la opresión”. Pero entonces también encuentra otra grieta para con el respetado historiador británico: “cuando la rebelión espontánea se convierte en la forma común de expresión en las sociedades o colectividades coloniales y dependientes, habría que replantear el término “moderno” y “primitivo”, y ver si los primitivos no son los movimientos, organizaciones y partidos creados por la clase obrera y los revolucionarios en el siglo pasado y mantenidos hasta la actualidad, generalmente como movimientos de integración y nunca de revolución”.

Citado en muchas partes del libro, podemos sentir aquí la influencia de Franz Fanon, quien desde la Revolución Argelina le permitió a toda una generación (y en especial al peronismo revolucionario) repensar los modos de apropiarse del capital cultural de las metrópolis. “Sin caer en la negación ciega de todo cuanto proviene de afuera, es muy conveniente estudiar sus aportes a la luz de la práctica social de nuestros pueblos”. Fanon, además, instaló como nadie el problema de la violencia, como única reacción posible del oprimido ante el opresor colonial.

Es por esto que Carri hablará en su libro de las áreas del capitalismo colonial que existían (y existen) en nuestra Patria, donde son vulnerados todos los derechos de los trabajadores, a quienes llama el “proletariado total”. “Para los desposeídos totales y para las áreas coloniales esta violencia absoluta (del sistema) aparece siempre como lo que es, no existen para ellos las mediaciones ideológicas de la “sociedad civil”, que es el principal sustento reformista del sistema imperial contemporáneo”.

Delincuentes/Bandoleros/Bandidos/Rebeldes

Esta rebelión espontánea se da en el robo, el asalto, el desconocimiento de los derechos de la propiedad privada, la negación absoluta del sistema. La violencia utilizada para expropiarle al sistema los bienes que todos y todas producimos. Son estos los bandidos rurales, larga tradición de mártires populares que en la Argentina conocemos bien. Quien quita al que mucho tiene y explota a sus pares, para repartir el botín entre los desposeídos de esta tierra.

Pero ante la utilización del sistema del termino bandolero, como modo de desprestigio del accionar del oprimido, Carri prefiere el de rebelde: “con esto lo diferencio del revolucionario por un lado y del bandolero propiamente dicho por el otro”. Es que Roberto elige navegar en las dificultosas aguas del delito, algo que Albertina no retomará en su Cuatreros. “La frecuencia e intensidad con que se producen sucesos de carácter delictivo en todo el país sólo es motivo para la búsqueda de soluciones económicas o ideológico-culturales que amortigüen la violencia de la contradicción sin suprimirla”, dirá Roberto. Desde esta perspectiva, la delincuencia es una expresión de resistencia de los explotados ante el sistema, aunque no cuente necesariamente con una expresión política su accionar.

En el prólogo a la edición de 2001 del libro, Horacio González se pregunta por las lecturas posibles que desde el hoy pueden hacerse de este libro: “el verdadero lector es quizás el que rescata”. Pero estas (y otras) palabras de Roberto, este bagaje político y cultural, parecen venir de un universo muy lejano, quizás. O así lo dirá Albertina, cuando enuncie que “si hubiese tenido edad suficiente en esa época, yo hubiese hecho lo mismo que ellos, hubiese pertenecido a una célula subversiva, sin dudas. Pero los tiempos son otros y me tocó este, el de un ombligo tan lastimado del que no logro zafar”. Allí la distancia, y allí también el genocidio, que se filtra para llamar subversiva la actividad de los militantes revolucionarios.

Si leemos desde el hoy, el gran problema sigue siendo la delincuencia como expresión de rebeldía de aquellos que habitan esas “áreas del capitalismo colonial”; que el sistema construye, excluye, e intenta incluir vía urbanización o velada aceptación. Los superexplotados que habitan al lado de los novísimos rascacielos que la tecnología Siglo XXI nos permite observar. Y donde trabajan por migajas, que les alcanzan para su subsistencia colonial. “El fuera de la ley es un “marginal” y nunca se lo considera una forma espontánea de resistencia y rebeldía producida generalmente “dentro” y no fuera de las clases con mayor potencialidad revolucionaria”, se queja Carri ante los teóricos de la revolución.

Esto parece también fuera de los tiempos que vivimos: quienes aún puedan pensar la revolución por venir. Carri enfrenta la tradición izquierdista nacional, cuya “asepsia ideológica respecto de las manifestaciones espontáneas de la rebeldía popular se corresponde, por un lado, con la concepción positivista de la “revolución científica”, y por otro, con el rechazo del peronismo, al que se considera la expresión “politizada” de la rebeldía sin objetivos”.

Pero la tarea no será sencilla, claro, para encarar esta revolución. “Para que las clases subordinadas en el sistema se integren revolucionariamente con la comunidad proletaria es preciso: teóricamente, negar todos los valores de la sociedad; y prácticamente, que se produzca una crisis que desenmascare la esencia expoliadora del imperialismo y termine con todos sus mecanismos de seducción”.
En esa tarea se le fue la vida a Roberto, y a Ana María Caruso de Carri, detenidos desaparecidos durante la última dictadura cívico militar. He allí un programa, y una deuda que aún arrastramos. La seducción del consumo aun parece poder ocultar(nos) la violencia del sistema.

RELAMPAGOS. Ensayos crónicos en un instante de peligro. Selección y producción de textos: Negra Mala Testa Fotografías: M.A.F.I.A. (Movimiento Argentino de Fotógrafxs Independientes Autoconvocadxs).