fbpx Daniel Santoro/Horacio Gonzalez: Naturaleza, kirchnerismo y peronismo
Relámpagos //// 29.01.2016
Daniel Santoro/Horacio Gonzalez: Naturaleza, kirchnerismo y peronismo

“Para que sea válido el “sistema” que proponés no deshacer, no creo que haya que desconfiar de las asambleas en las plazas y tantos otras formas de iniciativas autonomistas, cada vez más necesarias. Tienen ellas otro síntoma, un frentismo social imprescindible, que no anula ninguna memoria ni a los partidos existentes, cuáles sean”.

La vuelta a la naturaleza o el buen salvaje neoliberal
Por Daniel Santoro

1) El actual gobierno se plantea, no tanto como un nuevo comienzo fundacional, sino más bien como una vuelta a la amable y eterna naturaleza de las cosas. Esto no podría lograrlo sin antes emprender la tarea de un desmontaje de los lugares de mayor densidad simbólica e ideológica, lugares en torno a los cuales el peronismo, y luego el kirchnerismo, produjeron y replantearon la novedosa articulación entre pueblo y nación, expresada sobre todo a lo largo de los 3 últimos gobiernos. Esta herencia simbólica se mostró en salones, monumentos, abigarrados fondos iconizados que enmarcaban las cadenas nacionales (maquetas, billetes, Eva Perón, Belgrano, Moreno, los héroes latinoamericanos, etc.), incluso afuera, por detrás de los ventanales no se dio descanso a los requerimientos escópicos, una Juana Azurduy, con su sable erecto, interpelaba a los gobernantes que se sentaban en el sillón de Rivadavia, un sillón de pronto ocupado ahora por un simpático perrito callejero, que por supuesto no tiene en su naturaleza hacer el mal. El nuevo régimen escópico cambió estas memorabilias nacionales por amistosas fotos de familia sacadas en parques y jardines, fondos de pura naturaleza, sin requerimientos, sin claves visuales a desentrañar; solo una muda y primitiva parodia danzante en el balcón de nuestros más caros discursos fundacionales bastó para que entendiéramos el nuevo paradigma, y ésta vuelta de lo natural incluye por supuesto el papel moneda, por tierra mar y aire se muestra la incontenible fuerza de la naturaleza, se exhibe un territorio a explorar, libre de cualquier prejuicio ideológico, purgado de las molestas pretensiones del que viene con opiniones propias. Ingrávidos, sin el peso de las herencias simbólicas, podremos ingresar al fin, con la naturalidad del buen salvaje, al paraíso “naturalizado” del poder global financiero

2) Mientras tanto aquí, en nuestra tierra, los compañeros continúan tramitando el duelo de la derrota, se suceden las reuniones, las charlas informales, los intentos de alguna orgánica, se dice “algo tendríamos que hacer”, de alguna manera todo sirve para desangustiarnos, las más diversas opiniones circulan con total libertad, se duda de todo, ¿realmente hubo una voluntad de ganar? ¿Será Cristina la conducción? ¿Todo éste caos se ordenará con su vuelta al centro de la escena? ¿Será ella el factor de unidad, o precipitará las rupturas en espera?

3) Otros compañeros decidieron transitar esta etapa traumática reunidos en parques y plazas, dan pequeñas batallas asamblearias, se entregan a un desgaste inevitable y los hacen al ritmo y en el lugar que el adversario decide con su loco compas de verano, todo a contramano de los conocidos manuales de estrategia.

Es fácil advertir que la noticia más ansiada por nuestro enemigo será la de la ruptura del sistema kirchnero-peronista, la pinza metafísica ya está operando, por un lado el desmontaje simbólico naturalista y por el otro la inminente extracción del núcleo peronista que estructura al kirchenrismo, de modo tal que el kirchnerismo deshuesado pueda -cumpliendo una cruel paradoja- ser ese partido progresista que se insinúa en algunos parques metropolitanos (tan lejos de los conurbanos). Hay compañeros que sueñan el sueño del enemigo, el deseo que el kirchnerismo sea ese partido, un poco PI, un poco flácido y finamente purificado de la mugre peronista.

¿Y que de los sabrosos restos óseos del peronismo? con ellos seguramente se hará un puchero (un muleto liberal opositor), alimento nutritivo para las corporaciones.

4) Será la tarea de quienes se asuman como la conducción del conjunto de nuestro movimiento aplicar el delicado “arte de la conducción” (también entendiendo éste arte como la posibilidad de transformar la naturaleza). Sin éste complejo equilibrio que implicará renuncias, gestos de grandeza, extrema comprensión, empatía e incluso misericordia, la catástrofe que se anuncia en el horizonte será inevitable, y al menos los próximos 8 años serán, “naturalmente”, de Macri.

Naturaleza y peronismo: una respuesta a Daniel Santoro
Por Horacio González

La estima profunda que tengo por Daniel Santoro y su obra, me inspira esta breve respuesta a su escrito, que me pareció de gran interés. Concuerdo con la descripción que hace de una de las “pinzas”, la del naturalismo contra el simbolismo. En efecto, se produce en todo el país una acción que plancha la historia, la memoria y aspectos fundamentales de la vida social. Como no hay pensamiento político sin acciones simbólicas (artísticas, lingüísticas, poéticas, etc.), podemos decir que el país en su conjunto corre un riesgo no enteramente percibido hasta hoy, cual es de quedarse pasivo ante la brutal conminación, nunca hecha de este modo antes, para sacar la rugosidad histórica que tiene todo lo que hacemos como ciudadanos, y como seres humanos.

No obstante, no concuerdo tanto con el análisis que hace Daniel de la otra “pinza”, la que querría “deshuesar” el kirchnerismo de su osatura peronista. Debido a eso, dice nuestro amigo, la actividad de ciertos compañeros renuentes al “conurbano” desearían (“soñando el sueño del enemigo”) convertir el kirchnerismo en un simple y laxo progresismo –da el ejemplo del PI- debilitando la fuerza encargada de impedir aquel desguace tan bien señalado que está produciendo el macrismo. Como Daniel llama “metafísica” a esta otra pinza, eso nos permitiría pasar por alto la pregunta sobre quién la maneja. Pero no creo que sea una pregunta que se responda, por la vía metafísica, mejor que por la vía política. No puede ser que “nadie” la maneje o que se maneje “sola”. Conociendo bien la extraordinaria obra plástica de Daniel, diría que dentro de su obra, esto sería posible. ¿Pero lo es dentro del mundo político? No lo creo. Entonces hay que responder a esa difícil pregunta, y la respuesta sería que serían los desnutridos progresistas los que quieren extirparse a sí mismos del alimento peronista, llamando entonces kirchenrismo a lo que quede luego de esa operación quirúrgica, gastronómica o antropofágica.

En el escrito de Daniel yace la misma dificultad que él resume con tanta facilidad en ese supuesto intento de quienes no tienen el gusto de conurbano y sí el placer de los parques más cercanos a sus domicilios. Ese es un prejuicio que también actúa como pinza, Daniel, tu propia pinza. En tu escrito decís primero el “peronismo y luego el kirchnerismo”. Allí hay una secuencia temporal. Luego decís “el sistema kirchnero-peronista”, convirtiendo aquella primera secuencia en un sistema. Y después, la pinza metafísica de desmontaje actuaría “sobre el núcleo peronista que estructura el kirchnerismo”. O sea, el kirchnerismo es un agregado al núcleo estructurante peronista, lo que ya es mucho menos que un sistema, y ni siquiera una secuencia, sino un ornato más o menos frágil que vino después.

Es cierto que en una simultánea mala explicación de los tiempos vividos, algunos querrían extirpar el peronismo del kirchnerismo y otros el kirchnerismo del peronismo. Ninguna de esas dos maneras de pensar me parecen adecuadas, y de una u otra forma caemos en el síndrome del “PI” o en el síndrome de “PJ”. El PI tan solo existe, como dirías vos, en la memorabilia argentina, y los macristas no harán un billete con el rostro de Oscar Alende, que ni saben que existió, con lo cual se pierden un billete con un “Bisonte” de la naturaleza prístina. El PJ, en cambio, sabemos que está en plena ebullición. Para que sea válido el “sistema” que proponés no deshacer, no creo que haya que desconfiar de las asambleas en las plazas y tantos otras formas de iniciativas autonomistas, cada vez más necesarias. Tienen ellas otro síntoma, un frentismo social imprescindible, que no anula ninguna memoria ni a los partidos existentes, cuáles sean. Es un llamado a rediscutir todas las identidades sociales y populares, sin portar pinza alguna. En cambio, en tu escrito se sobreentiende que los que empuñan ese indelicado instrumento son los “kirchneristas”, extraviados en otro tipo de naturalismo. Creo que no me equivoco al decir que tus críticas se dirigen hacia allí. ¿Pero porqué no se examina mejor para el lado de lo que llamás los “restos óseos” del peronismo? Si esos restos del Banquete, recordando a Marechal, se nos ofrecen a la vista, no sería precisamente por la abundancia de oportunidades que hubo en el inmediato pasado para revisar el peronismo y sus formaciones políticas actuales. Yo ahí tijeretearía bastante. En fin, no tengo muchas divergencias con tu escrito, muy bueno por otra parte en cuando a una meditación sobre el “arte escópico” y la política. Pero queda flotando en el aire que hay un peronismo sustancial al que no hay que tocarle nada, del cual ni siquiera podría surgir otra vez un kirchnerismo o algo que se parezca, que por supuesto, también exige balances más rigurosos. Bueno: te invito a la próxima plaza; vamos juntos. Este tema no se puede dejar sin discutir más profundamente.

RELAMPAGOS. Ensayos crónicos para un instante de peligro. Selección y producción de textos Negra Mala Testa y La bola sin Manija. Para la APU. Fotografías: M.A.F.I.A. (Movimiento Argentino de Fotógrafxs Independientes Autoconvocadxs)