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Relámpagos //// 22.04.2016
CFK versión 2016: ¿el fin del kirchnerismo?

Por Salome Farias l En las últimas dos semanas la figura de Cristina Fernández de Kirchner cobró nuevamente centralidad en la agenda política nacional. Y planteó los desafíos por venir.

Citada por Bonadío en una causa mediática de demostración de poder reciproco, los actores de la nueva democracia republicana, en una suerte de boomerang, lograron que la ex presidenta capitalice políticamente su estadía en la Capital.
La recepción en Aeroparque, la multitudinaria convocatoria con escenario y discurso en las afueras de Comodoro Py, los encuentros en el Instituto Patria, las reiteradas vigilias en la puerta de su residencia, y el cierre de la ‘gira’ en el ND Porteño reordenaron las fuerzas políticas del escenario nacional. Pero, ¿de qué manera? Aún no queda claro. Sin embargo, dos cosas se vislumbran: Cristina no se fue, y el kirchnerismo no murió.
La escena no es la misma, claro: el kirchnerismo no gobierna, el PJ se plantea una reconfiguración y el Gobierno Nacional muestra la heterogeneidad congénita de su fuerza. Representantes de la izquierda y de la derecha realizan análisis coyunturales con la facilidad de ser oposición y el Frente para la Victoria pareciera en estado de alerta. Desensillar hasta que aclare, decía El General.
“No se enojen con otros argentinos” increpó Cristina en Comodoro Py, en un llamado a la unidad. Muy lejos de los denominados “Pactos de La Moncloa” para garantizar la transición democrática, CFK volvió en un acto histórico que pretendió ser un 17 de octubre del peronismo contemporáneo, del kirchnerismo puro o del peronismo al palo. En una nueva lección de ciudadanía organizada, Cristina apeló a recuperar la Libertad.
“Este frente ciudadano debe tener como eje la libertad. Necesitamos trabajo porque el trabajo da libertad. Necesitamos que ningún empleado público tenga miedo a ser echado por lo que piensa, por lo que dice o por dónde milita. La libertad de volver a soñar, que para soñar y realizar una vida plena, tenemos que tener libertad. Libertad para volver a crecer. Libertad para que cuando vaya a hacer una compra no sea una tortura. Libertad, en definitiva, para todos aquellos compatriotas que necesitan volver a creer que el gobierno los cuida”.
Lejos de la percepción y/o el orgullo de entender a un “Frente Ciudadano” como negación de la política como herramienta y la apuesta a despolitizar la sociedad; Cristina lo muestra como el espacio de contención de los diversos sectores sociales que pueden o no confluir en un espacio político/partidario.
No es caer en la hermenéutica del zoon politikon de Aristóteles que define al ser humano como ser político, ni al contractualismo de organización del Estado, ni al liberalismo para la defensa de las libertades individuales. Se plantea lisa y llanamente, que la sociedad pueda encontrarse contenida ante un gobierno que demuestra que ella no es la prioridad. Se trata de evacuar demandas de una manera conjunta, organizada entre pares, donde el manifiesto se concrete al punto tal de encontrar los canales para institucionalizarlas. Se trata de una lógica que perdimos pero que supo funcionar en la historia de la humanidad, representarnos a nosotros mismos, en pos de formar a una nueva clase dirigente que logre esa traducción política, como el propio Néstor lo supo ser, en la era del “Que se vayan todos”.
Sin embargo, este movimiento de “empoderados” que poco tiene que ver con los “indignados” de la Europa pos liberal, puede ser un arma de doble filo. Por un lado representa a la sociedad descreída de los partidos políticos, y por el otro manifiesta la incapacidad de los partidos de lograr representatividad ante los problemas concretos de la gente. El problema de la legitimidad de los representantes vuelve a la escena política de la Argentina del Siglo XXI, casi como un mal intrínseco.
De cara a este escenario y demostrando una capacidad total de comprensión de las variables presentes, Cristina Fernández llama a la unidad. Chicanas de “Frentes de Unidad” llevaron al ‘Sillón de Rivadavia’ a un representante de un conglomerado de fuerzas que buscaban la destitución de otra, que llevaba demasiado tiempo en el poder. El desgaste del tiempo, los errores políticos y la miopía funcional del poder permitieron que la oposición de aquel momento se constituya en un partido, dispute en las urnas y gane. Sin la representatividad del pueblo, la fuerza saliente no puede moralmente cargarse ese detalle al recordar el mínimo 22% que los supo erigir. El ánimo social era otro, sí, pero la representatividad estaba en jaque, salvando las distancias, de una manera similar.
Hoy el Gobierno Nacional entiende que lo que se pensó como un fantasma, y se encargó de presentar así, no es real. El fin del kirchnerismo no deja de ser el uso y abuso del poder de los medios para imponer la legitimidad dudosa del nuevo presidente quien, a su vez, observa y comprende el riesgo a su continuidad. No porque el resultado de una presencia tan fuerte en la oposición, como la de la ex presidenta, pueda poner en jaque la gobernabilidad actual, sino porque el discurso mediático supo ser capaz de penetrar en las capas más intimas del nuevo gobierno. La presencia de Cristina durante la última semana en la escena política pone en evidencia que la oposición no está en el Congreso ni en la capacidad de negociación con los espacios políticos allí representados; sino en la calle, con ella y con el Pueblo que comprende que los derechos no se negocian.
Quizás, alejándose del peronismo maquiavélico que plantea a la política como poder para llevar a cabo determinados fines, Cristina plantea el camino inverso. Quizás el progresismo natural del Frente para la Victoria logra capitalizar el fervor social para la institucionalización de su presencia y con ella, su perpetuidad en el tiempo. A riesgo de funcionarse como izquierda, el kirchnerismo juega quizás, su carta más fuerte, la representatividad de su ideología. Quizás sea el momento de renombrar al kirchnerismo, ahora sí, con contenido propio, alejándose de las figuras de quienes aportan el apellido. RELAMPAGOS. Ensayos crónicos para un instante de peligro. Selección y producción de textos Negra Mala Testa y La bola sin Manija. Para la APU. Fotografías: M.A.F.I.A. (Movimiento Argentino de Fotógrafxs Independientes Autoconvocadxs)