¿Y esto, ahora, acá?

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    Milei habla en Casa Rosada el día que asume la presidencia 2023
    Foto: Noelia Guevara
EL AJUSTE AVANZA

¿Y esto, ahora, acá?

11 Diciembre 2023

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¿Cómo llegamos hasta acá? ¿Qué hacemos debatiendo esto? ¿Cuándo comenzó este ahora?

En un libro ya clásico, El siglo (2005), Badiou se pregunta cómo periodizar el siglo XX, partiendo de la evidencia de su diversidad y de las distintas perspectivas entre historiadores (¡sí, la ciencia no se agota en robótica y laboratorios!). La pregunta central sería “cuánto dura un siglo” y la respuesta inicial que da Badiou es que se pueden postular como mínimo tres siglos muy distintos, según el corte y recorte que se haga de eso que hemos convenido en llamar, siguiendo el calendario gregoriano, siglo XX. Así, tendríamos el primer siglo (o “siglo corto”, vía Hobsbawn, el historiador que antecede a Badiou en la indagación) que consta de unos 75 años, de 1914 al final de la Guerra Fría y la caída de la URSS, con las guerras y la revolución y octubre como signos distintivos, con el marxismo como nombre propio. Luego, habría un segundo siglo unificado por el crimen y el horror, los campos de exterminio y la aniquilación sistemática desde los aparatos estatales que empezaría en 1917 y terminaría con la muerte de Mao en 1976, habiendo pasado por su pico de aniquilamiento en la Rusia stalinista y la Alemania nazi. Finalmente, un tercer siglo que empezaría en 1970 y tiene como eje estructurador la economía y su triunfo y reino incuestionable.

¿Y una elección? ¿Y un resultado? ¿Y una transición? ¿Un comienzo? ¿Un cambio de época? ¿Cuánto duran?

Consumado el balotaje, se vieron en los días siguientes escenas propias no de un triunfo electoral sino de un casi revanchismo ideológico, intimidaciones incluidas. Pasada una semana más, mientras don Alversus retoma su gira de panelista estrella y explica su desazón por “no haber terminado con la pobreza” (¿pero “pobreza cero” no era el verso de Mauri 2015?), la danza de nombres y medidas posibles de los triunfales comenzó a desvelar a propios y ajenos. Hoy por hoy, la sensación es más la de un revival que la de una novedad. ¿Repetición y diferencia, nos dirá el analista? ¿Qué se votó cuando se votó lo que se votó?

Esto apenas empieza; esto y sus variaciones. ¿Empieza? ¿Empezará? ¿Empezó? Una referente lideraria dijo apenas unos días después del balotaje: “ya estamos en tareas de ejecución”. ¿De verdad? ¿Ya? ¿Sin asumir? ¿Y por qué tan castrense? Ah, sí, cierto.

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En apenas diez días post balotaje centrifugamos nuestros cerebros (o lo que aún aletea de ellos) hablando del precios y cotizaciones, de canastas básicas y no tan básicas, de costo de vida, de (la pérdida de valor del) salario, de nombres posibles para gabinetes y ministerios, o secretarías, o dependencias, de derechos en vilo, de aguinaldos, de leyes derogables o no, de decretazos y escenarios posibles, de estrategias y tácticas frente a las paridades de fuerzas y las alianzas, de la continuidad de políticas de asistencia, de inclusión, de reparación histórica, de memoria, verdad y justicia…

No es que no haya otros temas de conversación, sino que la indeterminación y el bombardeo funcionan como sístole y diástole de la circulación de información en días de transición. ¿Y la rima y la aliteración fácil, por qué? Porque una hipótesis, además de la de la impaciencia y la rentabilidad de la ansiedad, podría ser que todo eso de lo que hablamos, además de ser potencialmente cierto, también y sobre todo sea un ruido, un señuelo (mirá para allá, tomá por acá), el fuego de artificio que miramos y debatimos mientras nos [escriba el verbo que prefiera en el abanico semántico que va de la criminalística a lo sexual para describir lo que nos sucederá a los que percibimos salarios] de parados. Las tareas de ejecución, en ese sentido, también se otorgan, y ahí se impone una autocrítica que no se está viendo en la deriva y subiditas y subidones (precios, tarifas, todo menos salarios) de estas últimas semanas. ¿Queda alguien, por ahí, de lxs que están, dispuesto a ejercer algo de resistencia? ¿O ya pasamos al año que viene? Porque acá seguimos en 2023… ¿O no?

Una palabrita novedosa (que no nueva) apareció por esos días aquí y allá y ya se pasea como por su casa por lugares que frecuento: estanflación.

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Esto, acá. Los deícticos y su vacío de significado parecieran ser de las pocas palabras que acuden para denotar lo que sucede, quizá menos por pereza que por exceso. Esto se está poniendo feo. ¿Viste esto? Escuchá eso. La deixis como señalamiento, su carácter referencial en contexto; el resto, significante alrededor.

Una teoría posible: pasamos de la conjunción y la separación foucaultianas de palabras y cosas (ahí están las palabras “libertad”, “mercado libre”, etc.) a la fuga permanente del significado. Para armar toda la línea: de la disociación y la no correspondencia (digo libertad y amenazo, digo terminar y continúo, digo refundar y recauchuto, digo nuevo y traigo usado) a la fuga del referente en la semiosis indefinida que se hamaca con cierta demencia (hoy que se repite mucho esa expresión: fingir demencia) entre el discurso político y la idea de la gramaticalidad chomskyana, para la cual expresiones como “las verdes ideas incoloras” cumplen con el criterio de gramaticalidad (tienen estructura sintáctica, concordancias, etc.) aunque no sea posibles asignarles sentido semántico, es decir, significado. El modus operandi: dicen B, que en realidad no designa a B, y lo conjugan con C, con D, con E, y todxs atrás de eso, no importa qué, en sucesión alucinatoria. ¿A cuánto estamos de programas y discursos totalmente desligados de las referencias? Ah, claro, cierto, cierto.

Posibles ejercicios dialécticos como antídoto casero: empezar a contraponer. Si “dentro de la ley todo; fuera de la ley, nada”: ¿cómo sería esto en casos de represiones ilegales de las fuerzas del Estado? ¿Cómo funcionaría cuando no se garantizan paritarias? ¿Y cuando los derecho civiles igualan cuestiones que las religiones discriminan? ¿Y cuando se criminaliza el derecho a la protesta? ¿Ahí vendría la motosierra liquid paper de derechos a derechitos, o de qué ley-mi-ley estamos hablando?

Posible ejercicio dialéctico como antídoto social: empezar a proponer agenda propia. ¿Tenemos? ¿Hay que comprar? ¿Qué tan costosa puede estar, una agenda?

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Post balotaje y pre asunción, se ha visto consolidarse y sistematizarse la operación desleer y desdecir de los liderarios respecto a lo que les había subido tanto la espuma: todo eso de la motosierra (¿alguien no había entendido lo que quería hacer, siendo tan gráfico? ¿De verdad? ¡Es una mo-to-sie-rra!), los cierres abruptos, los incendios, las patadas, los recortes y toda esa lógica fundacional que tiene que ver más con la dinámica gamer que con el funcionamiento de cositas tan frágiles en algunos aspectos y a la vez tan colosales en sus estructuras como las instituciones públicas.

En apenas catorce días pasamos de “la casta” al “acastá”, del miedo al empleo de la casta, del kaput al sistema al Caputo sistemático, de la motosierra al panamá (ay, el predictivo) liquid paper (porque lo líquido baumaniano que ya se evapora, porque la falta de liquidez y la necesidad de correcciones, porque lo sólido que se desvanece en el aire). Así, la que era tirabombas de jardines y terrorista picó en punta para ministerios, los que tomaron la deuda a 100 añitos ahora resulta que traen la solución (¡¿posta?!), y un ilustrativo tendal de nombramientos corroboraron lo que algún visionario había escrito mucho antes de la unificación de filas de derecha y extrema derecha, cuando aún se toreaban un poco para el foro gato y gatito y mantenían sus habitats sin injerencias del otro: “el que depositó mileis, recibirá macris”.

Así que nombres más, nombres menos, ya nos conocemos y a varixs de esta peli ya lxs vimos en Pesada Herencia 1: 2015-2019, cuando uno de los países con menor deuda pero, sí, estancado en crecimiento y expansión, etc., trocó en unos meses en recortes y conflicto social, con intolerancia y represión incluidas, y el resto es historia… Actual. Conviene ir tomando nota. Por lo pronto, sabemos que las partidas presupuestarias que ahora están aprobadas, el año que viene podrán alcanzar para la mitad y adiós fuentes de trabajo si no las actualizan (esto también ya sucedió). Claramente, el ajuste venía igual fuera cual fuese el resultado, pero ahora vendrá hardcore en versión lluvia de inversiones-segundo semestre pero reloaded y reversionado en forma de estanflación+18 meses de inflación todavía, y no en inversiones en paliativos o resistencias estratégicas. Con lo cual, si esperar un semestre resultó en una deuda que aún estamos pagando, para pasar estos supuestos 18… ¿Lo mejor quizá sea ir consiguiendo barniz y madera para ir poniendo lindo el propio cajón?

También podemos ir mirando con cariño y algo de nostalgia estos años ciertamente desastrosos pero con paritarias, indefendibles por donde se los mire, con inflación descontrolada y cantidad de ingresos y asistencias que no alcanzan pero con mecanismos de consumo complementarios y leyes que costó años (gobiernos, incluso) aprobar, acuerdos básicos garantizados (ahora en veremos) y debates en curso sobre ampliación de derechos y limitaciones a ciertas manipulaciones de precios y tarifas que, claro, siempre, sí, deben mejorarse pero que ahora directamente tendremos que pensar en defender o directamente añorar como se recuerda lo que nunca se terminó de tener, lo que descubrimos tarde, otra vez, que alguna vez tuvimos.

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Alguien advertía sobre la necesidad de avisarle a los triunfales que el 10 de diciembre, cuando asuman el gobierno, desde ese mismo momento, también, incluso y todavía, el país seguirá poblado por la misma gente que estaba allí el 9. Es decir: el resultado marca algo a interpretar, un mandato a llevar adelante, una serie de propuestas (en el mejor de los casos) o de contrapropuestas (o la mera contra, en el peor), pero cada una de esas decisiones encontrará también su terreno de debate y de lucha. No nos referimos, con esto, a peces gordos o estructuras de bondis y combos de chacinados y bebidas a base de agua carbonatada y edulcorantes de esas que dan urticaria al liderario promedio, que en el lapso 2015-2019 defendieron no se sabe muy bien qué con paros patronal friendly y sin movilizaciones y sátiras por el estilo, sino más bien al debate público más micro, al día a día, a las conversaciones y todo eso que es comentado y problematizado en todo tipo de espacios y cruces. El spoiler podría reescribir el cuento de Monterroso: cuando despertó, el peronismo seguía ahí. ¿O no era la izquierda, todo lo que no era liderario? ¿Será el tiempo feliz de las alianzas fáciles (todos somos izquierda) y se vendrá la sexta internacional? Otro spoiler, un amigx marca nuestras dificultades: donde dice “todos somos izquierda” debería decir “todxs”…

Lo que está fuera de duda es el mandato popular, ciertamente, y habrá que revisarlo poco a poco: ¿qué votaron? En el medio, a la fiesta de la locura atrasa se le puede mojar un poco el asado y reconocerle la elección del jingle para cerrar discursos: se viene el estallido; justamente, tampoco se va a quedar cada uno viendo cómo le sacan cosas, conquistas, derechos. El conflicto social está igual o más cantado que el hit de la Bersuit, aunque más que Se viene…, el soundtrack más adecuado podría ser, siguiendo con la Bersuit, El tiempo no para (por descontado, Charly y su Yo no quiero volverme tan loco). Lo que habrá que ver, también, es a qué costo de cada quien y de cada uno de los lados de esta figura geométrica que todavía no se sabe si es estática o inestable, si tiene dos o tres lados o seis u ocho, o directamente más en la fragmentación en curso.

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Lo que hay que reconocerle a ellos (ese ellos que, como esto, va actualizando sus referencias pero sigue una línea), además de la capacidad de juntarse para la foto y bajar y subir el jopo cuando hace falta, es la invención narrativa, la capacidad de dotar de verosimilitud lo que cualquier lector que no sea el de los medios hegemónicos objetaría enseguida. ¿Ejemplos? La crítica a la inflación sin pasar por el FMI y La Deuda parece digna de un sofista. Ahora se estrena, desde hace unos días, Pesada Herencia 2 o La Peor Herencia de la Historia, cuyo argumento y protagónicos varían más o menos, al estilo de películas situacionistas como Turbulencia 1, 2, 3…, pero continúan con el justificativo del mesadinerismo como política de Estado.

En las últimas semanas también empezamos a escuchar a muchxs hablar y diferenciar (sin éxito en varios casos) economía y finanzas. Acá, sin las herramientas del caso, mejor constatar la narrativa que se construye para todos los ajustes y que, como mínimo, corresponde señalar y desmontar.

El paso uno de la trama de Pesada Herencia (en cualquiera de sus entregas) es preparar el terreno que permita excepciones y hasta implore crisis, aka estanflación, como formas razonables de salida del desastre; la épica del sacrificio que el conservadurismo de la boca para afuera de las clases dominantes y la matriz de ciertas variables de lo cristiano y las hagiografías toleran tan bien. Para eso, lo ideal es sembrar la duda y la inquietud: no sabemos si hay plata, no sabemos cuánto hay, no sabemos en qué estado está (notable cuando la misma gente que “no sabe” hace su campaña sabiendo o haciendo que sabe, que A o Y dan pérdida, que M o J gastan demasiado, que falta rentabilidad, etc. Sí: A puede ser Aerolíneas; Y, YPF; M, ministerios varios; J, justicia… O sólo letras hipotéticas). ¿Cómo llegamos hasta acá, que hay que aclarar que los números y balances de todas las instituciones públicas en general están disponibles y son accesibles? Presupuestos, partidas, etc. Pueden estar, cierto, manipulados más o menos de acuerdo a otras cifras oficiales (siempre, el INDEC) o no oficiales que formen parte de estrategias y métodos de negociación en distintos frentes, pero como oposición, mínimamente, ¿no deberían seguirlas y confrontarlas? ¿No? ¿O la idea es esperar 4 años y después ver qué onda y qué deja el que ejerció el poder de turno?

Lo que se lee entre líneas de esa retórica es el desconocimiento de la negociación como herramienta política en relación al opuesto ideológicamente. Ahí hay una diferencia abismal, entre que haya una negociación (más o menos limpia, manipulada, etc., por ejemplo: paritarias) a que no la haya (el famoso tomá, es plata al que la derecha nos tiene acostumbrados a los que percibimos salarios). A lo que vamos: no se trata de la caja negra de un avión ni del disco sólido encriptado de Edward Snowden. Son instituciones públicas de las que todxs somos responsables de hacer seguimiento, sobre todo opositores. El hecho mismo de decir que no saben nada de su estado actual pareciera ser o una declaración de incompetencia o vagancia preocupante o directamente un bolazo monumental. ¿Elijo creer? ¿Qué?
 

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Otro criterio de verosimilitud fallido en las franquicias de Pesada Herencia: la parte por el todo, la excepción por la regla, la corrupción-caballito-de-Troya y el enroque discursivo para dejar de hablar de políticas y comenzar a hablar de ética, para colmo con la parcialidad necesaria como para que todo eso aplique a sus opositores políticos pero no a los considerados propios o correctos, casi siempre paladines de la honestidad.

Desde esa perspectiva, podemos ver la corrupción en vacunas, yates, rutas de dinero con letras que no terminan de probarse pero que se dan por ciertas, pero no podemos ver las obras públicas y las políticas de Estado. ¿Solución? ¡Terminar con la obra pública y las políticas de Estado! ¿Es solución? ¿Y así de fácil?

También, desde esa perspectiva, podemos ver la emisión de deuda de Caputo a 100 años vía FMI (aliciente: “para solucionar”, “porque no había nada”, etc.) pero no podemos ver sus negociaciones incompatibles largamente denunciadas, al igual que sus tráficos de influencias y su defraudación a la administración pública o, en tres palabras, su vida offshore.

Hay que reconocer que, en última instancia, podría no estar mal esa perspectiva de sostener la ética como eje discursivo, siempre y cuando en algún momento diese lugar a la discusión de políticas de Estado, cosa que, finalmente, nunca llega porque, ¡voilà!, ya no quedan políticas de Estado y, si quedan, no se aplican, y si se aplican se desfinancian y así pasamos al estado en el que entramos.

La película se repite y por suerte los amigos reenvían su diversión en forma de invitación en una tarjetita colorida, infantil, con un payaso ojeroso y un globo de posverdad ondeando en el gif: “Te invito a mi primera estanflación. No faltes”. Al menos no piden llevar nada.
 

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Hay que reconocerles, a los guionistas de Pesada Herencia 1 y 2 (deben ser los mismos, empleados por la misma gente, ya que siguen una línea similar) la confusión reinante como forma de sobrellevar la trama.

Por estos días (y por los que vendrán), la sensación de varixs amigxs de los que invitan a su primera estanflación es que, incluso para los que se sienten triunfales y próximos a su destino dolarizado, una dosis concentrada de verdad de lo que está en curso les caería como cachetada de loco.

En todo caso, no queda del todo claro (dejarlo asentado es parte del síntoma, escribirlo es parte del goce del síntoma) si el debate en curso debe centrarse en los sentidos generados (si tal o cual ministro, si tal o cual cronología, si tal o tal corte o recorte de presupuesto u objeto de estudio, etc.) o si, más bien, correspondería (porque no corresponde y hace ruido) mirar en detalle las formas de construcción de sentidos (ya no tanto lo que se dice sino cómo se lo dice, cómo se ensamblan las formulaciones que contienen o liberan fuerzas), el cimiento o el “sí, miento” en el que reposan las arquitecturas verbales entre las que nos movemos un poco como ventrílocuos, un poco como títeres. Habría que ver eso, la cimentación: bases, materiales pétreos de concreto simple o armado. Concreto, simple, armado, base. ¿Teléfono, política? ¿Qué estamos hablando, en concreto, entre bases? ¿Qué cimientos concretos nos ponemos para el armado?

Pero, en otras palabras: ¿cómo llegamos hasta acá? ¿En qué momento estamos en el medio de todo esto, debatiendo, por ejemplo, si corresponde cobrar aguinaldo? Decir que no se veía venir es, como mínimo, de una autoindulgencia rayana con lo desleal. Las ganas de recortar conquistas populares (¿quién impuso el aguinaldo en Argentina? ¿Empieza con P?) vienen de largo y el horizonte del voto pareciera abrirse a sus anchas.

Otra posibilidad, claro, es debatir cosa-por-cosa en relación a sus condiciones de posibilidad. Hay una idea en particular, muy potente, en el libro de Badiou, que se puede aplicar a prácticamente lo que unx desee, en este caso a nuestro ahora: postula que lo importante del siglo XX no sólo es lo que pasó en él, sino lo que se pensó en él y de él. Propondría pensarlo, por lo pronto, en relación a lo votado en su momento, y a lo que acontece ahora.
 

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Es necesario señalar que tampoco todo el mundo (¿pero qué sería eso?) votó motosierra y caza y quema; en una palabra, fascismo. Al menos, dichos y hechos no se articulan tan fácil y la operación desdecir y desleer al candidato y su espacio, además de su salida contrarreloj a buscar peronistas de saldo, es ilustrativa al respecto. Más que en el fascismo como hegemonía actual (que podrá surgir, porque el contexto abre el juego y destapa las ollas a presión de la incorrección política rayana a la criminalidad que venían contenidas por el progresismo institucionalizado), lo que podría estar en curso es la capitalización de lo que el indefendible no solucionó y el invotable diagnosticó: una serie de marginados, de oprimidos, de invisibilizados por el Estado que no son sólo ni necesariamente lxs que no tienen nada o tienen lo mínimo, sino que apunta sobre todo al horizonte aspiracional, al volitivo, al deseo, y que incluye desde informales y profesionales hasta changuerxs y científicxs. Ahí también hay que reconocer que, en el diagnóstico de problemas, fueron certeros al armar el silogismo entre “lo que no anda” y lo que impide que “podamos despegar” (siempre la promesa). Lástima, las “soluciones”.

Es historia conocida cómo movimientos como el peronismo conquistaron clases populares porque realizaron conquistas que las dignificaron. Trabajos, casas, poder adquisitivo, estudios… Hoy el margen se ha ido achicando y, si no alcanza lo que se da, habrá que barajar y dar de nuevo y preguntarnos por qué son muy pocxs y muy segmentadxs quienes pueden acceder a una casa, a un trabajo estable, a poder adquisitivo, a independizarse, a estudios, ¿a dignidad?, en los últimos… ¿8 años? ¿12? ¿4?

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Un amigx me comenta que hay una obra de Calderón de la Barca donde los personajes son las emociones humanas, las capacidades, etc. Entendimiento, Fe y demás llevan adelante la acción con roles protagónicos, algo de lo más habitual en textos de esos períodos que no se teorizaron ni dieron tantas vueltas sobre sus propios nombres pero que han dado en llamarse Edad Media y Renacimiento. La obra se llama, con absoluta actualidad, Nuevo hospicio de los pobres. Es (si quien no existe no miente) de 1688.

En cualquier caso, el Nuevo hospicio de lxs pobres podrá ser adaptado (cantamos pri) en clave política, con sentimientos que se manijean unos a otros y matrix y redes como estructura o personajes titiriteros, dramaturgos al estilo de los personajes de Intensamente, pero todo mezclado: la Libertad portando un arma, la Muerte vestida de fiesta, la Alegría cabizbaja, el Entendimiento desquiciado repitiendo noticias, el Amor que vencía al odio destilando desprecio y resentimiento de clase… ¿Será esa la patria marketplace?

Mientras tanto, economía, finanzas o lo que sea de lo que se esté hablando, una clave pareciera radicar en que en el escándalo por A o por B está el pase de magia del cambio de eje, la sustitución del signo por la cosa, la disociación y la semiosis mientras sucede el vaciamiento. La consigna pareciera ser: prohibido concentrarse. ¿Profundizar? Solo la crisis (de la economía, del tiempo, de la lengua). Un poco como en los programas de chismes, que repiten y hablan supuestamente de escándalos, de sentires, de sexo, pero no se puede ver lugar más lejano a eso, nada más puritano y conservador. ¿La realpolitik no es eso? ¿No sería el producto (¿bruto interno?) debordiano en su máxima expresión?