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Opinión //// 26.06.2015
Universidad Arturo Jauretche: Alpargatas sí, libros también

El autor escribe sobre la experiencia de un acto de grado en la universidad varelense y su contraste con la institución platense.

 

Por Laureano González

El lunes 22 de junio tuvo lugar el acto de colación de diplomas en la Universidad Nacional Arturo Jauretche con sede principal en Florencio Varela.  Los  estudiantes acompañados por sus familias se hicieron presentes en el auditorio de la institución para algo más que recibir un título: iban a reafirmar su dignidad.

Ésta no es una nota meramente  informativa, lejos está de serlo. Hace referencia a las sensaciones e ideas que se me fueron apareciendo durante la ceremonia a mí, un estudiante de la Universidad Nacional de La Plata.

Como estudiantes, y en la mayoría de los casos militantes, somos conscientes del tipo de educación que predomina en nuestra Universidad: la elitista, la que restringe el ingreso y las posibilidades de recibirse, la que transmite valores individualistas y genera profesionales sin compromiso social. Podemos  ver también  día a día cómo los estudiantes provenientes de los sectores más humildes de nuestra sociedad son expulsados de este ámbito, siempre y cuando tengan la posibilidad haber ingresado,  por las mismas lógicas de una institución que se muestra ajena a sus  problemáticas.

Mientras veía subir  a los estudiantes para recibir su diploma de técnico o licenciado, éstas y otras ideas me daban vueltas por la cabeza.

Lo primero que resalta a la vista cuando uno pone un pie en “la Jauretche” es la diversidad de los estudiantes que recorren todos los días el inmenso predio. Dos son los rasgos que más llaman, por lo menos, mi atención: en su mayoría son humildes y abunda el estudiante adulto.

La Universidad Arturo Jauretche vino a cumplir con un objetivo preciso y concreto: dar la posibilidad a los habitantes del Conurbano Bonaerense de poder acceder a la Educación Superior. Este fue un derecho postergado hasta la creación de este tipo de instituciones que resolvieron los impedimentos básicamente económicos de los hoy estudiantes, como la imposibilidad de cursar en otra localidad por la falta de tiempo cuando la prioridad es el trabajo.

La perspectiva educativa nacional-popular de esta Universidad  tiene como ejes fundamentales el acompañamiento de los estudiantes, principalmente los más humildes, para evitar su deserción, y  la generación de profesionales comprometidos con las necesidades y demandas de su pueblo y su país.

Durante la ceremonia podía sentirse un estado de emotividad generalizado que no excluía a los propios estudiantes. Sin evitar las lágrimas recibían su titulo,  junto al familiar que  seguramente los había  acompañado en ese duro proceso de alcanzarlo. Pero cómo no van a llorar después de tanto sacrificio, después de dejar más de una vez al hijo pequeño con alguna abuela o llevarlo a la cursada, o estudiar en los ratos libres del trabajo. Cómo no llorar si más del 90% de ellos son la primera generación de universitarios en sus familias

Ellos y todos nosotros sabíamos que si el contexto fuera otro esto sería imposible; en los años ’90, por ejemplo,  esto era impensado para gran parte de los argentinos y fundamentalmente para los más humildes.

Lejos de idealizar al estudiante y a la misma universidad considero que esto debe ser tomado como un ejemplo, que permita  adquirir conciencia y desnaturalizar el acceso a una educación de calidad y que puede haber un perfil de profesional distinto al que, en la mayoría de los casos, la Universidad Nacional de La Plata produce. A todo militante, no sólo a los que estamos dentro del campo popular, les recomiendo pasarse por la Arturo Jauretche para ver que una universidad comprometida, inclusiva y popular es posible en la praxis y no sólo en nuestros discursos.