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Opinión //// 08.04.2022
Transfeminismo hacia la soberanía sanitaria, por Magui Fernández Valdez

"Actualmente contamos con un sistema sanitario argentino en el que coexisten tres subsectores: el público, el privado y el de seguridad social y obras sociales. La fragmentación y la complejidad de nuestro sistema de salud es producto de la convivencia de estos tres subsistemas y resulta imprescindible pensar en un rediseño, ya que el actual resulta injusto e ineficiente"

Por Magui Fernández Valdez

* El artículo contiene lenguaje inclusivo por decisión de la autora

En el Día Mundial de la Salud algunas reflexiones necesarias para seguir pensando cómo avanzar hacia una integración de nuestro sistema de salud y pensar cómo afectan las políticas sanitarias en la construcción de cotidianidad en la vida de las personas.

Resulta innegable que la forma en la que se ha diseñado nuestro sistema sanitario tiene un componente central vinculado a los diferentes momentos históricos y las victorias y derrotas políticas de quienes a lo largo del tiempo, hemos estado convencides de la necesidad de pensar a la salud como un campo de disputa para generar justicia social. Esto es tan cierto como que la salud constituye uno de los sectores más atractivos para la economía mundial para la rápida y desproporcionada generación de riqueza. En este contexto, es necesario preguntarse cómo generar políticas que no reproduzcan una lógica meritocrática en el acceso al sistema de salud y cuál es el sujeto para el cual se desarrollan políticas.

No me voy a detener en hablar de los efectos de la pandemia a nivel mundial porque creo que evidenció el fuerte impacto de las políticas neoliberales con recortes en materia de política sanitaria que venían teniendo lugar hacía décadas, combinado con el fuerte impacto de la carencia de políticas ambientales. Esto vuelve a enfrentar a nuestros Estados ante el desafío de pensar cómo construir y diseñar un crecimiento económico que no vaya en detrimento de las políticas ambientales.

Integrar

Actualmente contamos con un sistema sanitario argentino en el que coexisten tres subsectores: el público, el privado y el de seguridad social y obras sociales. La fragmentación y la complejidad de nuestro sistema de salud es producto de la convivencia de estos tres subsistemas y resulta imprescindible pensar en un rediseño, ya que el actual resulta injusto e ineficiente.

Pensar en el impacto de la fragmentación de este sistema nos obliga a analizar los efectos de la precarización laboral y los índices de desempleo y pobreza actuales, con una gran parte de la población siendo usuaria del subsector público. Asimismo, hay que considerar la sobreoferta de factores, la superposición de lo público con obras sociales o prepagas, la fuerte dependencia de insumos y tecnologías importadas, el impacto de los monopolios de las industrias farmacéuticas, las disputas en torno a la fijación de los precios de los medicamentos, la baja reinversión en salud y el desvío de fondos hacia el circuito financiero. La medicalización es un importante instrumento para intereses comerciales y de mercado, siendo mayormente conducido por la industria farmacéutica y biotecnológica, las corporaciones del seguro médico, los medios de comunicación masiva y las corporaciones profesionales.

Hace décadas que el sistema de salud argentino viene sintiendo el impacto de diferentes políticas que operaron intentando unificar y universalizar el acceso y la cobertura de los servicios de salud desde un rol protagónico del Estado vs. Otres que buscaron el debilitamiento y la privatización.

En este marco y en un tiempo histórico que nos invita a la innovación y a tomar riesgos, es una responsabilidad política construir una perspectiva transfeminista sobre la soberanía sanitaria y discutir qué tipo de modelo de salud estamos dispuestes a aceptar como sociedad.

Remediar

Sabemos que es central comprender el carácter cultural de las políticas de medicamentos que no se definen solamente por sus propiedades bioquímicas, sino que también tiene un rol central en el impacto en las sociedades que los utilizan y significan. La producción pública de medicamentos es una herramienta de descolonización económica y de construcción de soberanía sanitaria y tecnológica.

Es necesario considerar que el problema del acceso a medicamentos en Argentina genera un déficit de legitimidad en el sistema de salud pública y pone de manifiesto la necesidad de construir prácticas que rompan con su inequidad. Al mismo tiempo, promueve el análisis sobre la asignación de los recursos en relación a la inversión en salud a fin de garantizar el ejercicio de derechos. Si las políticas de salud no incluyen políticas en torno a la producción y el acceso a medicamentos se seguirá reforzando una lógica ineficiente que conduce a gestiones inconclusas o fragmentadas.

Cabe considerar que las políticas de medicamentos se enfrentan también a diferentes estrategias de marketing que construyen prejuicios para favorecer el aumento de precios incluso cuando esto significa que miles de personas quedan fuera del acceso a los mismos. Las políticas sanitarias neoliberales y la lógica de los laboratorios, piensan a los medicamentos como mercancías, ubicando su rentabilidad por encima de todo bien público. También hay todo un sistema aceitado de publicidad a través de los médicos en sus consultorios, tanto públicos como privados. La industria paga los congresos a los que asisten, pasajes, hoteles: el prestigio que construyen los médicos es en muchos casos a costa de la salud como derecho.

Como estrategia ante esta situación, la política de prescripción obligatoria por su nombre genérico jerarquiza a los medicamentos por su utilidad y precio, en lugar de hacerlos competir en base al soporte publicitario u otros incentivos.

Tenemos que dejar de entender a los medicamentos sólo como mercancías y pasar a entenderlos como bienes sociales. Es imprescindible recuperar el carácter redistributivo del Programa Remediar como ejemplo de justicia social y combinarlo con la transgresión del transfeminismo para pensar nuevas lógicas de producción, distribución y acceso a medicamentos.

Desbinarizar y despatologizar

A cada momento histórico, a cada contexto, corresponde un tipo de funcionamiento de la subjetividad. Este funcionamiento es político y tiene una base existencial en un sistema que también es político, histórico, cultural y epistemológico. No hay posibilidad de transformación de las estructuras de gobierno sin la modificación de los dispositivos micropolíticos de producción de subjetividad y este es un campo en el que los transfeminismos tienen una larga trayectoria de organización.

Nuestras existencias no son equivalentes ni equiparables y es imprescindible que nos preguntemos sobre las formas en las que accedemos y transitamos por las instituciones. Necesitamos de un sistema sanitario y político que comprenda la multiplicidad de personas con las que trabaja y que se permita pensar cómo construir prácticas que no tengan por objetivo la normalización y modernización de las personas.

Militamos por una transformación del sistema sanitario que nos permita pensar desde una lógica que rompa con la patologización, que genere otras formas de transitar por los dispositivos sanitarios, que abra otras preguntas, que termine con la medicalización y patologización, que descentralice sus abordajes y se deje permear por las miradas que el transfeminismo tiene para aportar. Es imprecindible no naturalizar que les lesbianes no vayamos a le ginecólogx para evitar la violencia heterocisexual, que gordes no vayan a le médique para evitar que se patologice y controle su cuerpo, que se les niegue la atención por su identidad o expresión de género a personas trans y que bisexuales no pueden comprar misoprostol en la farmacia porque el precio hoy equivale al 42% de un Salario Mínimo, Vital y Móvil.

Es imprescindible que trabajemos en la construcción de nuestra soberanía sanitaria incorporando estas perspectivas que nos permitan trabajar en políticas públicas alineadas con nuestra Ley de Identidad de Género y con la incorporación de otras identidades y expresiones de género. Necesitamos políticas públicas que cambien al sujeto que las piensa y diseña, que rompan con la normalización de la invisibilidad. En este tiempo histórico, es imprescindible contar con políticas públicas que desbinaricen el sistema sanitario, que se pregunten cómo son las personas que se acercan al sistema de salud.

Nos despedimos: transformar

Si algo nos dejó claro esta pandemia es lo esencial que es el Estado como garante de la salud de todas, todos y todes y no sólo como articulador de los dispositivos sanitarios sino también de políticas públicas diseñadas y a disposición de la salud del Pueblo que transforman nuestro presente y nuestro futuro.

Estamos en un tiempo en el que el protagonismo histórico regresa a los Pueblos para permitirnos soñar con construir otros futuros y en el que la idea de reformar nuestro sistema de salud en la post-pandemia, se ha consolidado. Necesitamos de un Estado fortalecido que pueda recuperar la gobernanza sobre el sistema de salud.

Queremos un futuro en el transfeminismo atraviese y permee todas las estructuras, métodos, pedagogías y acciones y en el que la salud forme parte de la formación política de las nuevas generaciones.

* Secretarie General Nuevo Encuentro CABA . Referentx La Sublevada