fbpx Torteate, hermana, por Magui Fernández Valdez y Lía Ghara | Agencia Paco Urondo | Periodismo militante
Géneros //// 06.03.2020
Torteate, hermana, por Magui Fernández Valdez y Lía Ghara

"Acá es cuando como peronistas nos ponemos firmes. Este no es (y no puede ser nunca) un acto declarativo o performático. Revisar privilegios y corrernos cuando sea necesario, así como también plantarnos ante la opresión, fortalecer alianzas, profundizar la escucha y potenciar el deseo colectivo de cambios concretos en la vida de las personas tiene que ser la realidad efectiva: la única posible para dar fin al pakitalismo". 

Por Magui Fernández Valdez y Lia Ghara | Foto de Alejandra Bueses

*Comunidad: Sitio, lugar, espacio, compartido por varias amantes que han decidido compartir sus sueños, sus lechos, sus iniciativas, sus actividades, su forma de vida, su alimentación, sus descubrimientos, sus amores. Las comunidades han multiplicado y desarrollado la fuerza,  y la energía de cada amante. La vieja expresión “vivir o morir” ha sido sustituida en las comunidades por la dinámica “vivir ante todo”. Se iniciaron en la edad de gloria y actualmente tienden a sustituir a toda otra forma de vida.  

Borrador para un diccionario de las amantes. Monique Wittig, Sande Zeig

Hacer el ensayo de pensarnos hace un año atrás a todes nos resulta transformador. Este marzo 2020 nos encuentra de cara al 8M, con el movimiento feminista como actor político protagonista de la nueva era en el marco del gobierno de #AlbertaPresidenta. 

Nosotras, desde este 7 de Marzo nos proponemos ensayar los diálogos atrevidos y necesarios para animar a todes a analizar las consecuencias debilitantes, fragmentadoras y crueles a la que nos arrastra una institución política llamada heterosexualidad, sobre todo al feminismo. Comenzando por la licuación del Día de la Visibilidad Lésbica en el Día de la Mujer Trabajadora.

Este 7 de Marzo se cumplen 10 años del fusilamiento de la Pepa Gaitán. El primer juicio en Argentina que llevó la carátula de odio hacia lesbianas y que generó un hito en la historia por ser visible. La Pepa era una chonga visible y por eso la asesinó un tiro por la espalda. 

Poder dimensionar ese tiro por la espalda como un problema sistémico, reiterativo y cotidiano hacia nuestras existencias es la diferencia entre el feminismo que sí queremos y el hegemónico biologicista. El Lospenatista, podríamos decir. De lo que estamos seguras es que, por ejemplo, nunca en la historia de los cigarrillos se condenó a alguien a un año de prisión por fumar dentro de una estación de tren y ésta sería una locura si toda esa situación no estuviera acompañada por una caracterización de la lesbiana como “violenta, bestial, amenazante”. Eso se llama lesbo odio y brota de cada rincón cuando alguna de nosotras simplemente existe. 

El mundo se lee y se enseña en clave de varón heterosexual, cis y blanco, y eso es justamente lo único que la existencia lesbiana amenaza. El status quo y la supervivencia del binomio varón-mujer.

El placer de transformar juntas los cis-temas

¿Por qué decimos que la heterosexualidad es una institución política? Porque no sólo nos dice que la única opción que tenemos es ser heterosexuales sino que, además, construye una serie de no decisiones en las que se funda: se obliga a los cuerpos con capacidad de gestar a la maternidad (o por la fuerza o mediante el “sentido común”) , se hace invisible la posibilidad lesbiana, se nos quiere hacer creer que existe un impulso sexual masculino que es equivalente al derecho (o la propiedad) sobre otros cuerpos y se construye a la violación correctiva como una herramienta de disciplinamiento, entre otras miles de características propias de esta institución.

Como tortas, lesbianxs, tortillerxs y transtortillerxs aprendimos a vivir desde la resistencia al cistema, encontrando en algún margen precarizado la posibilidad de moldear otras formas. Alimentamos ese margen hasta vencerlo, y es ahora cuando llega el momento para el movimiento de dejar funcionar en una lógica de hegemonía y resistencias al interior del feminismo, de “tolerancia” de otros estilos de vida, los cuales reducen al lesbianismo a una orientación sexual.

Es urgente, como estrategia política, salir de la etapa del heterocentrismo incuestionado e interpelarnos sobre qué tipo de feminismo queremos construir.  Entendiendo que sólo podremos fortalecer el movimiento tomando a las existencias lesbianas y transtortillerxs como fuente de conocimiento y de poder disponible para las “mujeres”. 

El fin del pakitalismo

Quienes militamos desde el lesbianismo y nos abrazamos a la política como herramienta de transformación, entendemos que el modo de incidir y trastocar las lógicas es desde adentro, generando fugas, rupturas aun comprendiéndonos dentro de las instituciones de la heterosexualidad. 

Somos anticapitalistas pero vivimos en un mundo capitalista y ensayamos formas de aliarnos y de generar fracturas. Somos lesbianas pero sabemos que vivimos en un mundo pakitalista y ésta es una invitación a fortalecer nuestras alianzas para propiciar sus fisuras.

¿Cómo no hacer propias las lógicas del opresor/colonizador? ¿Cómo inventar una ética amatoria propia, un modo vincular, una estrategia política o un grupo de lecturas sin contaminación cistémica? ¿Cómo recomprender y reformular el mundo? Para que eso también se derrame sobre quien elija ser heterosexual como una forma más saludable de vida. 

Hoy tenemos la oportunidad colectivamente de dar el primer paso para salir de la etapa de heterocentrismo incuestionado y no permitir que el feminismo que es de todas, ubique en un lugar de segunda las demandas y agendas de lesbianas, travas, trans, intersex, no binaries. Atravesamos años de cis varones poniendo los reclamos y la organización del feminismo en un lugar marginal, de segunda, estigmatizado y acusado de exagerado frente a la necesidad de existir. 

Acá es cuando como peronistas nos ponemos firmes. Este no es (y no puede ser nunca) un acto declarativo o performático. Revisar privilegios y corrernos cuando sea necesario, así como también plantarnos ante la opresión, fortalecer alianzas, profundizar la escucha y potenciar el deseo colectivo de cambios concretos en la vida de las personas tiene que ser la realidad efectiva: la única posible para dar fin al pakitalismo. 

De nada sirve la intención y el discurso pasional en una asamblea que propone una entelequia, si no podemos como movimiento abortar el promedio de vida de 35 años de las compañeras trans. Esa es nuestra urgencia. Y en esto estamos convencidas: no existe en nuestro territorio otro dispositivo que sea capaz de sintetizar y darle vida a la utopía feminista que no sea el peronismo. Esta es también la responsabilidad afectiva, la del cuidado, la consciencia y la potencia. 

Volvimos mujeres

#AlbertaPresidenta creó por decisión política el Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad dándole continuidad a todas las leyes de igualdad e inclusión que Cristina y Néstor nos dejaron como herencia. Herencia que a su vez da continuidad a las leyes que Evita tortillera y el propio Perón promulgaron creando una sociedad más justa. 

Hoy hay una ley de aborto trabajada colectivamente enviada al Congreso por el propio presidente en un momento en el que en la región, la derecha y los fundamentalismos religiosos avanzan. Porque en este gobierno de todes se decidió desde el primer momento que las demandas feministas serían transformadas en políticas públicas.

Hoy entendemos que hay un lugar en la historia para el que lesbianismo sea un futuro posible para todes, para que nuestra visibilidad no sea una respuesta a la exclusión sino una celebración de nuestras existencias. Un futuro en donde el goce sea reivindicado como un derecho y nuestras decisiones sean las que imperen y nos organicen la vida: nunca más al closet, nunca más al calabozo, nunca más a la clandestinidad. 

Hoy también existe una responsabilidad para nosotres, en la que más potentes, deseantes, transgresoras  y unidas que nunca nos demos la tarea de hacer de este feminismo nuestro, la lógica que impere para siempre en nuestro territorio, una lógica torta y transtortillera. Un manifiesto al orgullo de ser sin miedo.