Recortes para comprender este fin de año apocalíptico

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    Javier Milei y su hermana Karina se transportan en un descapotable desde Congreso a Casa Rosada el día de su asunción 2023
    Foto: Nicolás Aragón
DEBATES

Recortes para comprender este fin de año apocalíptico

27 Diciembre 2023

A esta altura del partido, los que vivimos la historia argentina reciente, es decir desde la Dictadura para acá, ya pasamos varias veces por esta violencia de la derecha con ínfulas revolucionarios, siempre soñando un nuevo orden, desde el Proceso de Reorganización Nacional, pasando por los golpes hiperinflacionarios de fines de los ochenta hasta esta especie de demodictadura que pretende protagonizar este artorzuelo de cuarta que es el Doctor Javier Miley, hoy presidente de la nación, ayer periodista de reparto. Esto no quiere decir que el plan de Miley vaya a fracasar, como fracasaron todos los anteriores (no se van a resolver los mismos problemas de siempre con la misma gente de siempre, como decía nuestro presidente en su campaña electoral). Tal vez se les dé y logren rearmar a nuestro país con otra configuración social, y desaparezca por fin nuestra tan preciada y funesta clase media —el gobierno de la clase media “blanca” integrada por científicos fracasó estrepitosamente, tanto que nos hace pensar qué lejos está de la realidad que supuestamente representaba: ¿en serio en el gobierno, con todos los elementos del Estado a nuestro favor, no sabíamos que íbamos a perder por más de 10 puntos? No, no lo supimos.

Tal vez esta vez se les da y hacen su revolución conservadora, reencarnan a la “generación del ochenta” (la de 1880, no la de 1980; a esta la golpean a la mañana antes de desayunar) y sirven al país (sus tierras, su población, sus riquezas) en una bandeja para disfrute del Capital global (con sucursales locales, por supuesto), que es el auténtico sujeto de este proceso político. En este caso el país volvería a tener una clase hegemónica, cosa que hasta ahora no está logrando reconquistar, lo que nos haría salir del famoso “empate histórico” que develaron en los setenta los famosos sociólogos Murmis y Portantiero. De aquí la alternancia en el poder de un gobierno peronista y progresista y de otro gobierno conservador y neoliberal y, ¿por qué no?, también peronista. Tal vez suceda esto, lo decidirá el pueblo: unidos o atomizados.

Por raro que suene, de esta crisis estructural de hegemonía se están beneficiando aquellos a los que más daño debería hacer, la clase de los políticos —tenemos que aceptar que “los políticos” constituyen una clase social cuasi autónoma que ya no representan a sus representados, para no hablar de estos arribistas que hacen carrera a una velocidad meteórica, alimentados por el Capital, engordados por los medios. Es cierto, en Argentina aún encontramos políticos que surgen de las bases populares, hay tantos como “villeros” jugando en la selección campeona del mundo. Son una minoría escandalosa. MiLey es un personaje mediático, tal vez debamos aceptar que los medios representan lo popular, aunque a los que estudiamos los medios no nos gusta creer esto, ya que los medios también forman parte del Capital concentrado.

Lo que sucede es que en Argentina hay diferentes niveles o diferentes tipos de clases populares, porque somos un país de clases medias (no una clase media sino varias, siempre en movimiento, cayendo y ascendiendo según las épocas): Cristina Fernández de Kirchner representa a una clase de la clase media, Macri a otra, Miley a otra y así. Todo esto, a los simples mortales, nos desconcierta, porque estas diferencias nos fracturan y nos hacen pelearnos entre nosotros, mientras ellos se ríen a las carcajadas en cadena nacional planeando dónde van a cagar sus perros.

La gran consigna de La Casta (el abracadabra con el que Miley ganó las elecciones) tiene como primer referente a esa clase social omniabarcadora y fragmentada —si es que lo interpreto bien y la pienso como un revival del “que se vayan todos” del 2001—, que sin embargo siempre encuentra mecanismos para reproducirse, aunque sean espurios. Esta vez fue haciendo de cuenta que “los políticos” como clase era el auténtico enemigo, mientras que los que se suben a la motosierra del progreso dejan de ser políticos y pasan a ser gente-de-bien, como Patricia Bullrich, por poner un ejemplo rimbombante.

Por supuesto que La Casta tiene un referente más amplio, que incluye también a todos, todas y todes aquellos (escribo así irónicamente) que viven de alguna prestación del Estado, desde subsidios o becas hasta planes sociales y sueldos. Para una parte de la clase media argentina, todos estos empleados estatales también pertenecen a esa categoría, aunque estos no se autoperciban para nada así —una parte de la clase media concibe al kirchnerismo como un comunismo que fabrica pobres con el fin de mantener su dominio. Todos esos “empleados” estatales de distintos niveles a los que me refiero se autoperciben como una encarnacion del “alma bella” hegeliana, un sujeto absoluto en el que se resuelven las contradicciones históricas, sin ensuciarse las manos, mientras que sus “privilegios” son interpretados por aquellos que no tienen vínculo con el Estado como esto, una clase privilegiada a la que el sueldo se le deposita el primero de mes (los diputados tienen choferes y cocineros, mientras que sus representados se pelean en el comedor popular por un pedacito de carne). Ya tendríamos que haber aprendido que no importa la realidad cuando se trata de buscar un chivo expiatorio, o por lo menos una excusa para sentirte mal o para estafar a otros. La Casta, una vez más, se burló de nosotros y consiguió reproducirse de nuevo gracias a nosotros.

No quiero decir que MiLey fue un invento de Macri y Massa (M&M) en el 2015, pero debo decirlo. En este sentido, la final tripartita entre Juntos x el Curro, Unión por Nosotros (“la patria es el otro”, qué consigna, por Dios) y La Libertad Avanza, representa a un mismo actor político, con matices. No nos olvidemos que Larreta es amigo personal de Massa, mientras Grabois, con razón, denuncia el stanilismo que se vivía en la agrupación que lo apadrinó y lo llevó a ser candidato presidencial, a él que nunca tuvo un trabajo en relación de dependencia aunque se llena la boca hablando de los pobres. Me parece bien que no sea agradecido con el diario del lunes de la derrota, en el sálvese quién pueda y cómo pueda tiene derecho a garantizarse un puestito en el equipo de los representantes. MiLey renunció a su sueldo de diputado (un vuelto al lado del sueldo que le paga el Capital), pero en su DNU irrisorio y trágico no escribió que los sueldos de los políticos deben acomodarse a la canasta familiar argentina: si me votan en el “honorable” parlamento, no les toco sus privilegios. Es simple, es clarísimo, y sin embargo pareciera que nos negamos a entenderlo.

En menos de 5 días hábiles hemos vivido una de las transferencias de riqueza más suculentas de nuestra historia, mayor, calculo, que la que produjo la deuda descomunal tomada por el macrismo. Ellos mismos lo llaman “políticas de shock”. Nosotros estamos droguis contra las cuerdas, con el tabique de la nariz fracturado, con los ojos bañados en sangre y ya casi sin dientes, pagando un pedazo de carne en dólares —toda la economía se dolarizo, salvo los sueldos: ¿cuánto tiempo nos va a llevar para que empecemos a gritar que queremos cobrar (en los dos sentidos del término) en moneda extranjera?

 Llega fin de año. Ya dijeron que no hay plata para nada, ni para un tornado ni para la luz, que se va a cortar en cualquier momento, si es que no la cortan adrede en las “fiestas”. Hay que comprender que ellos gozan con el sufrimiento de otros, y que viven como revancha lo que es un saqueo. Y encima tal vez de algún modo retorcido tengan alguna razón.

De todos los personajes que inventó la derecha el de MiLey es el más cómico y carismático, compitiendo tal vez con el riojano, todo un showman, pero bien lejos de la “masculinidad” al palo de un Videla (en realidad se paraba como si tuviera un palo en el ano) o del sino del hijo no deseado y secuestrado de Franco Macri. Lo inventaron para extender el campo de lo decible y lo posible, y terminó demostrando que la sociedad argentina está más a la derecha (aunque sea imaginariamente) que sus representantes. Llegamos a creer que MiLey era un outsider, que había que darle una oportunidad ya que los otros habían fracasado siempre, incluso el gobierno de los ceos, qué idiotas que somos.

Me dicen mis amigos periodistas que “los peronistas” dicen que no van a hacer nada para que este gobierno caiga, que el que está apurado en derribarlo es su aliado el macrismo. Si viene Macri en persona y me dice mirándome a los ojos que él quiere que el gobierno de Milei caiga, no le voy a creer. Gobiernan hace menos de dos semanas y ya pareciera que lo hacen desde hace meses, tal la cantidad de bombas de humo y “noticias” que inventaron. En su primer discurso en cadena nacional el presidente habló largo y tendido de su base ideológica, un intríngulis no solo mentiroso, también incomprensible; después resumió los cambios que propone, una bolsa de gatos en la que lo único evidente es el robo que están llevando a cabo. Y quién va a pagarlo una vez más.

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Cacerolazo contra DNU Decreto Milei_ Daniela Amdan
Foto: Daniela Amdan