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Opinión //// 03.08.2018
¿Nace el FBI argentino?

"Las políticas del gobierno se basan hasta hoy en los récords de incautaciones, que no frenan la magnitud del tránsito y no mellan los circuitos. Mientras tanto las muchas y pequeñas organizaciones del narcotráfico van perforando territorios (barriales y estatales) sin encontrar resistencia". Por Norberto Emmerich

Por Norberto Emmerich

En febrero de 2017 la ministra de Seguridad propuso que los agentes de la Policía Federal Argentina dejaran el uniforme azul para vestirse de civil con saco, camisa y corbata, igual que los agentes del FBI cuando no están en un operativo. La idea fue calificada de "insólita" y no prosperó.

Poco después, en el mes abril, se presentó la "nueva Policía Federal", un relanzamiento de la fuerza de seguridad que no parecía contener cambios profundos. "Buscamos un cambio de imagen, queremos una policía moderna", dijo Martín Siracusa, subsecretario de Gestión Administrativa del Ministerio de Seguridad.

Con más policía en la calle, especializada en delitos complejos y con fuerte presencia operativa en todo el país se buscaba el reforzamiento gradual pero constante en problemáticas como el narcotráfico, el terrorismo y los ciberdelitos. Se trataba de re-crear una policía que ya dejaba de ser la policía de la Ciudad de Buenos Aires y que pretendía ser verdaderamente federal.

Un punto fuerte era el "Programa de Alta Dedicación Operativa (PADO)" que buscaba incorporar un total de 3000 efectivos con dedicación exclusiva. Incluso la ministra de Seguridad mencionó una currícula de estudios a fin de "preparar a los ingresantes para que sean investigadores y que salgan de las tareas dentro de las comisarías".

El objetivo era ambicioso aunque la exposición estuviera cargada de una conceptualización peligrosamente kitsch. "Planteamos un cambio estratégico, inédito, enfocados en la protección de los ciudadanos pero de manera distinta, combatiendo a las bandas más complejas y el delito organizado que penetra en el Estado, la Justicia, la política y las mismas fuerzas. Les estamos pidiendo que estén un paso adelante de esas bandas que quieren destruir al Estado, pasando de las comisarías a la investigación, con despliegues inteligentes, sin aviso y sin arraigarse a los territorios".

El 30 de mayo el decreto presidencial 380/2017 formalizó la creación del PADO en su artículo 2°: "créase el Programa de Alta Dedicación Operativa (P.A.D.O.), en el ámbito de la Policía Federal Argentina, organismo dependiente del Ministerio de Seguridad, destinado a la formación del personal policial en tareas de alta especialidad operativa y que requieran de un riguroso adiestramiento y la posterior afectación de ese personal a tareas vinculadas con la investigación, prevención y combate de delitos federales complejos".

En verdad la versión original del "Programa de Alta Dedicación Operativa" (PADO) se lanzó en Uruguay en el mes abril de 2016, un año antes del programa con el mismo nombre anunciado en Buenos Aires. Se trató de "un programa de patrullaje de la Policía focalizado en zonas que muestran concentración de delitos, aplicado en los departamentos de Montevideo, Canelones y San José desde abril de 2016 y que tiene por objetivo reducir delitos contra la propiedad". En la versión uruguaya era un programa focalizado, con carácter local y objetivos territoriales concretos. En Argentina el PADO no tiene formato de programa, carece de conexión local y no tiene objetivos territoriales concretos. Con un área de distribución territorial que abarca todo el país y al parecer sin una metodología de política pública, sobresale la falta de aplicabilidad local y la ausencia de mecanismos de evaluación, enfocando toda la visión en el supuesto carácter transnacional del narcotráfico y los delitos complejos.

En agosto de 2018 las cosas tomaron más cuerpo. Como parte de un programa "para convertir a la Policía Federal en el FBI de la Argentina", como informó el diario Clarín, el objetivo final es convertirla con el tiempo en una organización dedicada exclusivamente a la investigación de la criminalidad compleja y el narcotráfico.

Los aspirantes a integrar el PADO ingresarán a un plan de reacondicionamiento físico y capacitación de 15 días. Se trata de un curso con nueve clases presenciales en el Instituto Universitario de la Policía Federal, nueve clases virtuales y tres clases de “entrenamiento operativo policial”, más rápido que obtener el DNI.

De los 32.000 miembros de la Policía Federal, apenas un 60% se dedica a tareas operativas, porcentaje que el gobierno quiere elevar al 80%, centralmente dedicado a tareas de prevención e investigación de delitos complejos. Dentro de ese universo operativo el PADO constituiría un grupo especialmente dedicado.

La reorganización del despliegue del sistema de seguridad, que incluye el desplazamiento de las Fuerzas Armadas a posiciones de frontera, reforzará el conurbano con unidades de la Policía Federal y sus cuerpos PADO, reemplazando paulatinamente a los gendarmes que ahora están allí.

Según datos del ministerio de Seguridad las incautaciones de droga crecieron en el intervalo interanual 2016-2017. La marihuana un 9%, la cocaína un 83%, las anfetaminas un 2.725% y los comprimidos de LSD un 199%. Las políticas del gobierno se basan hasta hoy en los récords de incautaciones, que no frenan la magnitud del tránsito y no mellan los circuitos. Mientras tanto las muchas y pequeñas organizaciones del narcotráfico van perforando territorios (barriales y estatales) sin encontrar resistencia. Los homicidios se reducen año a año pero el componente narco crece dentro del porcentaje total de homicidios.

La creación del PADO, con la espectacularidad de los titulares y la escasez de rutinas de formación, no cambiará el panorama.