Gramsci, Scioli y la dinámica política

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Gramsci, Scioli y la dinámica política

24 Junio 2015

Por Conrado Yasenza*

En la obra de Antonio Gramsci  lo político está fuertemente vinculado a lo intelectual casi como un encofrado que amalgama lo intelectual con la compleja totalidad de los vínculos sociales. Pero ¿qué implica esa amalgama entre lo intelectual y los vínculos sociales? Las formas del pensamiento es una respuesta posible aunque hay que aclarar que para Gramsci el pensamiento engarza metáforas que tornan en pragmatismo o dinámicas del lenguaje en tanto cobran una dimensión de acción concreta. Por ello las metáforas, para Gramsci, constituyen una forma de la acción por lo cual la política deriva del lenguaje, campo en el que se dirimen los conflictos y luchas sociales. Estas luchas expresan, además de una ontología de las luchas colectivas, una materialidad en el sentido de la identificación o la clasificación de lo esencial y lo aleatorio, como también las sinuosidades hacia el interior del lenguaje y sus manifestaciones: la literatura, los autos de fe, el periodismo y todas las expresiones que en lo colectivo se disputan el sentido. Esto es, la disputa por la hegemonía en la organización político-simbólica de una sociedad.

Quizá esta idea gramsciana sea necesaria para que las alusiones lingüísticas emanadas de la práctica y la vida militar puedan convivir con la dimensión política, emocional y colectiva de la vida laica, civil y democrática. Una de esas alegorías, tal vez la más significativa por la resonancia a tiempos en que el lenguaje militar interpretó inquietudes populares para enlazarlas como voluntad colectiva y fundar así una doctrina social, sean las de conducción y jefatura. De igual modo, esas alegorías fijan el lenguaje en una faceta doctrinaria que contiene a quienes la comparten, y aleja a quienes ven en esa fijación el surgimiento de jefes infalibles o semidioses sin la debilidad del talón.

Listas y cercos

Cerradas las listas para las presidenciales 2015, la realidad indica que el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, es el único candidato a presidente por el Frente para la Victoria. Los vaivenes de la dinámica política han revelado que la oferta de varios potenciales candidatos presentaba el peligro de la licuación o el desgaste en una PASO que no sería un remanso. También que la fórmula erigida tiene como objetivo convocar a propios y ajenos, aunque hacia el interior del kirchnerismo se evidencie el malestar que conllevan esas metáforas propias de la jerga política, las cuales mandan que para ganar elecciones es necesario “tragar sapos”. Carlos Zanini es el nexo que conjura inquietudes. Llamémosle cerco, emparedamiento, entornismo, que intenta poner una señal de alerta ante posibles desvíos en el camino. Resulta evidente, a su vez, que Cristina Fernández es quien conduce el peronismo/kirchnerismo y que es también la figura política que, sin ocupar lugar alguno en las listas, sigue aunando voluntades y definiendo sentidos y acciones. Si se liberará la toma total de las directrices de gobierno a Scioli, una vez elegido presidente, es un dato que aún desconocemos, más allá de lo escrito y dicho en ámbitos periodísticos. Si el candidato decide un tiempo de convivencia para luego asumir la tradición presidencialista e imprimirle sello propio a su mandato, es otro enigma a develarse. Las listas sí indican una aspiración a consolidar esa “cuarta etapa del kirchnerismo” a la que alude el gobernador pero haciendo realidad aquello del trasvasamiento generacional para que “la organización venza al tiempo”. Quien escribe estas líneas lejos se halla de las intrigas palaciegas y por ello no suscribe a ninguna de las hipótesis expuestas.

Actuar para vivir

En el arte de la representación existen actores buenos, regulares y malos. Pero nada es comparable, en términos negativos, a la sobreactuación, la exégesis repentina o la anulación de biografías y matices. La acentuación de la firmeza y la reiteración de un linaje político sustentado en lo “previsible”, “confiable”, “normal”, puede ser efectivo para lograr la relativa calma de quienes aún dudan de las virtudes de Scioli como el mejor exponente del FPV/Kirchnerismo, pero  estas manifestaciones pueden tener también un efecto contraproducente si se intuye en ellas la “representación” de un acto. En cuanto al votante kirchnerista que es reticente al candidato único pero que, por conservar los logros alcanzados y sostener el proyecto, acata la decisión de quien conduce (las metáforas del lenguaje vueltas acción política), tampoco es necesario actuar una alegría en torno a la figura de Scioli. La decisión Scioli es la consecuencia de una falla interna que implica no haber podido construir un candidato que refleje cabalmente el espíritu de estos doce años de gobierno. La decisión Scioli- Zanini es el intento de volver perdurable la idea de sucesión elaborada cuando el proyecto lo encarnaban dos. Esta opción interpreta las necesidades políticas por conservar el poder ante  las propuestas regresivas del partido de derecha PRO-Macri. Votar a Scioli es, entonces, votar una instancia dramática del pragmatismo político circundante. Pero es política y es lo que hay dentro del peronismo/kirchnerismo porque  los modos de hacer política en la argentina y en el mundo, no han generado nuevos lenguajes que entronquen las tradiciones históricas con aquella “reforma moral e intelectual” gramsciana en términos de plantear lo intelectual como problema. Entendida así, la política debería pensar, entonces, las acciones políticas y las realidades regionales y mundiales, como una problematización del momento asfixiante del capitalismo cultural, tecnológico, financiero y lingüístico.

La intelectualización del problema político, acción que se realiza cotidianamente para acercarse a la resolución de un conflicto, no debe agotarse en reflotar "actualizaciones doctrinarias", inmersos como estamos en la disputa por un sentido político y afectivo, contra operaciones de prensa de todo tipo, y operaciones políticas internas y externas.

Kirchnerismo/Peronismo

La porosidad que el kirchnerismo demostró al incorporar novedades, transgresiones y anomalías, se ha transformado hoy en la consigna el “kirchnerismo es el peronismo de hoy”. El kirchnerismo fue el peronismo más la incorporación de todas la memorias progresistas como también las luchas de distintos sectores populares. Y el peronismo fue poroso a incorporar esas experiencias también en sus inicios: Arturo Jauretche y Raúl Scalabrini Ortíz, es un ejemplo de esa convergencia, aunque no sin tensiones con lo doctrinario de un lenguaje establecido. El kircherismo, que fue quien incorporó tradiciones y luchas sociales como la de los derechos humanos, es una experiencia transformadora y de rescate del Estado, de la política, de la militancia, de los entusiasmos, que hoy se cierra, o por lo menos eso parece, en un peronismo más granítico y doctrinario marcado de cerca por una figura propia de aquel kirchnerismo iniciático.

El futuro nos enfrentará ante el desafío de profundizar el sendero recorrido, ante la necesidad de definirse en materia de concentración económica, desigualdad social, actividades extractivistas como la minería a cielo abierto, la reindustrialización y la sustitución de importaciones (lo que pueda sustituirse, está claro), la contaminación por el uso letal de los agro tóxicos de Monsanto, la interminable expansión de la frontera sojera, las armadurías y las autopartes, la recuperación de confiabilidad en los índices de inflación y desempleo o trabajo no registrado, el afianzamiento de las relaciones con los países de la región y la creación del Banco de Sur, la presiones devaluatorias de sectores del empresariado local y de los fondo buitres, y los condicionantes de los monopolios comunicacionales que no se avienen a cumplir con la totalidad de la Ley de Medios Audiovisuales.

Otros desafíos a encarar tienen que ver con la necesidad de formar nuevos cuadros capaces de ilusionar y concitar la voluntad de mayorías o de llevar adelante una verdadera política de seguridad que pase por el control político de las fuerzas policiales (las nuevas policías locales no parecen ir en esa dirección – para muestra, parece muy insuficiente una formación de seis meses para lanzar a la calle a policías muy jóvenes)

También el futuro podría hacernos chocar de frente con derivas sciolistas, de fallar el cerco, la pared, y la militancia. Pero es el futuro y no cuentan los oráculos. En política y en la vida, las opciones llegan siempre cargadas de enigmas que nos enfrentan a dilemas. Pensar estos dilemas como problemas intelectuales puede ayudarnos  a interrogarnos por el origen del dilema a resolver; en esa pregunta reside la oportunidad de afianzar lo que denominamos identidad kirchnerista nutriéndola de una organización política capaz de comprender las complejidades del mundo actual.

La  denostación, la impugnación, la inspección y el recorte sobre un dicho o comentario que se ha realizado sobre personas, historias, biografías y trayectorias como la de Eduardo Jozami, desde ese núcleo granítico de la militancia, demuestra el triunfo de los dispositivos comunicacionales que la derecha neoliberal ha instaurado para desarticular los debates políticos, y parece ir en sentido contrario a la averiguación del verdadero dilema con que rivalizar.

*Periodista. Director de la Revista La Tecl@Eñe – www.lateclaene.com