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Opinión //// 12.11.2019
Golpe de Estado en Bolivia: de conceptos y canallas

“La historia latinoamericana cae sobre la esperanza argentina, que debe despertar nuestras conciencias y responsabilidades. Debe empujar nuestro mensurado optimismo hacia la lucha de todos los pueblos explotados de nuestro continente” Por Francisco Zannini

Foto Dani Amdan

Por Francisco Zannini

“El general Luis Garcia Meza, autor del cuartelazo número 189 en un siglo y medio de historia de Bolivia, anuncia que implementará una economía libre, como en Chile, y que hará desaparecer a los extremistas, como en Argentina.

Con Garcia Meza, los traficantes de cocaína se apoderan del Estado. Su flamante ministro del Interior, el coronel Luis Arce Gómez, reparte sus horas y fervores entre contrabando de drogas y la jefatura de la Seccion Bolivia de la Liga Mundial Anticomunista. No descansará, dice, jamás descansará, hasta extirpar el cáncer del marxismo.

El gobierno militar se estrena asesinando a Marcelo Quiroga Santa Cruz, el enemigo de la Gulf Oil y sus cuarenta ladrones, implacable denunciador de las mugres escondidas.”

Memorias del Fuego. 3. El siglo del viento. Del gran Eduardo Galeano.

Les resulta fácil, casi automático, conceptualizar cualquier movimiento popular en nuestro continente de marxista, comunista, populista. Satanizan proyectos soberanos revoleando conceptos sin ataduras fácticas. Pareciera que la liviandad conceptual es su regla. Su Ley.

Pero ahora resulta que el “golpe de estado” debe contener determinados requisitos fácticos para poder ser nombrado como tal.

Nos dicen: ¡No! Los militares no fueron quienes derrocaron a Evo entonces no se llama “golpe”; ¡No! la policía no fue la responsable de su renuncia; es necesario que las fuerzas armadas tomen el poder para poder llamarlo así.

Rebuscan vericuetos falaces para no decir lo que en otras situaciones hacen tan burdamente. Ocultan sus miserias discutiendo estupideces. Y a pesar de que se les esfuma su Cancillería y su poder entre los dedos de las manos, se aferran a su miseria humana, a su racismo alevoso.

Llaman pragmatismo diplomático a sus acuerdos negociales. Y ahora nos dirán que anteponemos nuestra ideología por sobre la praxis económica institucional. Tenemos que escuchar a los panelistas pichettos enseñándonos cómo los actos de la diplomacia deben ser regidos por la eficiencia comercial.

Canallas bien sentados capaces de callar las atrocidades más sangrientas con tal de sostener sus buenos modales. Callan impunemente ante las injusticias, ante la sangre, ante las muertes, confirmando una vez más su hipocresía política, su moralina berreta.

Y ahora, aunque a estos canallas les resulte “improbable estadísticamente que Morales haya obtenido el 10% de diferencia para evitar la segunda vuelta”, ocultan decir la mayor de las verdades, que no se animan a decirlo como corresponde: Evo Morales ganó las elecciones presidenciales, sea en primera vuelta o, ganando para habilitar una segunda vuelta. Hacen de las palabras un arma de guerra: dirán “improbabilidad estadística” para ocultar otra verdad innegable: la derecha boliviana quiere tomar por las armas y por la violencia lo que no pudo tomar por los votos.

Y eso, en nuestro Continente golpeado y  a pesar de que rebusquen palabras malversadas, manipuladas, bien pensadas, bien ordenadas, bien maquilladas, señoras y señores no tiene otro nombre que Golpe de Estado.

América Latina las vivió en demasía y por eso es imperativa la necesidad de ponerle fin a estas prácticas. Denunciarlas política e institucionalmente es lo mínimo que se le debe exigir a las autoridades un país como la Argentina que sufrió en su propia carne las mayores atrocidades de la última dictadura militar.

Callarse es permitir su retorno a nuestros contextos, a nuestros ríos, a nuestras tierras. Callarse es consentir, violentar, acompañar.

Que Evo renuncie con su “improbable estadísticamente” 46% del apoyo de su pueblo, el mismo día que decide convocar a nuevas elecciones para cortar la escalada de violencia. Y que se retire afectado personalmente y asombrado de la inescrupulosa violencia de la derecha boliviana, lo convierte en algo aún más grande de lo que ya era hasta el día de hoy.

La historia latinoamericana cae sobre la esperanza argentina, que debe despertar nuestras conciencias y responsabilidades. Debe empujar nuestro mensurado optimismo hacia la lucha de todos los pueblos explotados de nuestro continente.

Hoy, día del golpe en Bolivia, cae sobre nosotros, militantes de la Patria Grande, una mueca de dolor que elevará la lucha hacia la victoria del pueblo boliviano y latinoamericano.