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Militancia //// 29.09.2021
"Mejor que decir, es hacer": entrevista a Florencia Villar

Desde la revista "Cabecitas negras", editada por el Centro de Estudios Políticos de La Cámpora Berazategui, acompañaron en una recorrida por el Mercado de Productores Familiares a la socióloga y militante, Florencia Villar, que actualmente forma parte del Ministerio de Desarrollo de la Comunidad de la provincia de Buenos Aires.

Por Daniela Ramírez*

Nos encontramos recorriendo el Mercado de Productores Familiares en Hudson-Plaza Sarmiento junto a Flor Villar, socióloga y militante que viene desde hace muchos años trabajando la temática de equidad en el acceso a los derechos humanos básicos, específicamente el de la alimentación. Formando parte del Ministerio de Desarrollo y la Comunidad de PBA, se encuentra implementando el programa de Mercado de Productores Familiares que está en más de 60 distritos de la provincia uniendo al consumidor con el productor, salteando intermediarios y acercando lácteos, carne, verduras a precios populares a los barrios.

¿Cómo es trabajar en el Ministerio con tu experiencia como militante?

La experiencia territorial que una tiene como militante te da un bagaje de conocimiento que no te lo da la Universidad. Soy Socióloga, me recibí en la UBA, pero lo que sé de gestión lo aprendí en la militancia. Es muy importante que las personas que trabajan en el Estado hayan pisado un barrio, porque eso te da una sensibilidad, un conocimiento para abordar diversas situaciones que no te lo da otra cosa. Trabajar en el Ministerio de desarrollo de la Comunidad con el Cuervo es un orgullo porque él es el primer militante, y tiene esa sensibilidad y nos incita a salir a resolver todo lo que podamos.

En ese sentido lo que marcás sobre la militancia en la gestión, pensarlo desde la creatividad, ¿no? Con dos o tres les compas te arman una actividad...

La situación es compleja en los barrios por la pandemia, cuatro años de macrismo donde se destruyó todo. Es una sociedad que la está pasando mal. Las demandas son un montón y diversas: salud, vivienda, problemas de adicciones. Una tiene que ir viendo cómo ir tejiendo las redes de contención, que eso sí te lo da la militancia. Acompañar a cada persona hasta que salga la pensión, el proyecto de emprendimiento. Todo el tiempo tenemos que tomar decisiones con lo que va sucediendo más allá de los programas que tienen planificación y generan políticas públicas sociales que buscan transformar la realidad de las personas, pero después tenés el día a día, con problemas de coyuntura que uno va tratando de resolver. Todos los que somos funcionarios y funcionarias en el Ministerio no somos solo eso, también somos militantes. Tenemos ese doble desafío: lo urgente y lo importante. Siempre digo que lo importante no nos quite resolver lo urgente pero que lo urgente tampoco obstruya lo importante. Y de a poco creo que lo venimos logrando, es encontrar un equilibrio entre las dos cosas.

Si tuvieras que nombrar dos o tres hitos, experiencias de equipo significativas, en el Ministerio hasta ahora, cuáles me podrías nombrar.

Bueno, apenas llegamos, lo de Azul e Itatí y con la situación del covid. Fuimos todos los compañeros a instalarnos en el barrio cuando se cerró. Primero en Azul, por el pico de casos. Tuvimos que asistir a la gente en todos los aspectos: pañuelitos, comida, cigarrillos. Claro, imaginate que las personas no podían salir del barrio. Fue un trabajo fuerte. Pensamos que iba a generar rispidez, pero la gente entendió que los estábamos cuidando. Y desde esa experiencia surgieron más cosas. Se están haciendo obras para urbanizar el barrio con Mayra Mendoza. Y eso es fruto de la convicción y la decisión política de estar donde el pueblo lo necesita. Ahí frenamos un montón, hace unos meses ya nos dió cero los testeos de covid. Y ahí está el resultado. En Itatí generamos un COE, que es una mesa de organización del barrio, entre las organizaciones donde seguimos trabajando al día de hoy. Eso es lo que queremos dejar cuando llegamos: generar organización territorial en el barrio. En Itatí son más de 20 mil habitantes -en Azul eran más de 4 mil habitantes- y fue esta organización la que permitió que el covid no implosionara en todo el barrio, nosotros solo fuimos a asistir.

El segundo hito fue Guernica, donde estuvimos tres meses casi viviendo en la toma. Firmamos un acta de acuerdo con 1500 familias y hace dos semanas, gracias a Axel y Andrés Larroque, se hizo una obra donde se concedieron las 60 hectáreas donde se van a realizar 850 lotes y viviendas para todas estas personas del acta. Para nosotros es muy importante porque se va armar un barrio nuevo: con un centro de salud, escuela primaria, secundaria. Cuando llegamos ahí, había un 90% de gente que no tenía DNI y ningún tipo de derecho. Y a partir del abordaje integral que estamos realizando en Guernica, generamos cursos de formación profesional, FinEs, emprendimientos productivos. Pero es un montón, construir un barrio de cero en esta primera etapa del acta de acuerdo con las 1500 familias. Esto me genera mucho orgullo. Mejor que decir es hacer es nuestra premisa: nos comprometimos con estas personas en darles tierra y lo estamos cumpliendo. La experiencia de Guernica fue cómo resolver un problema muy complejo, con una resolución igual de compleja y eso habla muy bien de Axel y el Cuervo.

El tercero, es en La Viviana, otra toma donde el trabajo de los compañeros de Bonaerenses Solidarios fue enorme. Ahí construimos las casas de los vecinos. La intendenta otorgó tierras en el momento, entonces la gente se pudo mudar de la toma. Ahí otra vez, un barrio nuevo. Se tuvieron que hacer obras hídricas para que no se inundara. Desde la Subsecretaría de Hábitat hicimos obras, construimos los pisos para que las personas puedan ir a esas tierras y les ayudamos a construir sus casas. Fue muy lindo porque eran los vecinos y nosotros construyendo las viviendas. Eso me impactó mucho porque dimos una solución rápida y compleja. Sí, había mucha menos gente y menos viviendas que en Guernica. Pero imaginate que los compañeros hicieron zanjas, agua, era un lugar que tuvimos que trabajar mucho para que puedan vivir ahí. Trabajamos con el cura, el padre Leo, donde usábamos la Iglesia para cambiarnos. Esto también marcó un hito en la gestión.

Y pensando en el Mercado de Productores Familiares, que es un programa para toda la Provincia, ¿cómo abordan el acercamiento al territorio que tiene sus lógicas diferentes como el Conurbano, Gran La Plata, pueblos o zonas rurales?

Siempre lo abordamos desde la militancia, porque el que mejor conoce su territorio es el militante. Nos adecuamos a lo que nos digan los compañeros y ahí vamos. Se da que en el interior de la provincia hay intendencias macristas, y ahí te piden más permisos. Pero llegamos y funciona muy bien, sobre todo lácteos. En el conurbano funciona más carne, lácteos y verdura, más que nada por los precios. Confiamos plenamente en la política, y vamos donde los militantes nos dicen que sirve. Siempre vamos a barrios populares, no vamos al centro para que la gente pueda comprar a precios accesibles. Estamos vendiendo el kilo de lomo a 500 pesos, queremos que toda la gente pueda comprar lomo. La alimentación es un derecho, por eso también lanzamos la Tarjeta Alimentar para comprar los productos del mercado. Siempre sin generar conflictos con los comerciantes de la zona. Es una manera de acercar el Estado y que nos vean presentes. También traemos en estos operativos: la garrafa social, el Programa Hogar, el Ministerio de Seguridad de Provincia, a veces ANSES y PAMI.

Bueno, la última pregunta obligada es sobre la perspectiva de género, el Mercado tiene una lógica de la economía familiar y viene a solucionarle la compra y la cotidianeidad de las que manejamos la economía en nuestras casas que, por lo general, somos las mujeres ¿Esto estaba pensado, se articula, es una cabeza peronista?

Bueno, fijate que el nombre lo pensamos así, porque no es ni femenino, ni masculino. Mercado de productores, pueden ser mujeres o varones. No queríamos que este masculinizado, porque es lo que suele pasar con los nombres. Queríamos que sea lo más amplio posible. Nosotros sabemos que hay 2 millones de mujeres que cobran la AUH en todo el país y son las que bancan la olla. También son las que usan la Tarjeta Alimentar. De hecho, además de este programa, tenemos otro de capacitación en alimentación saludable, que ambos dependen del programa general que es Alimentación Sana, Segura y Soberana. La capacitación es en comedores, donde la mayoría de las cocineras son mujeres. Ahí vamos con compañeras de la UTT y nutricionistas para que la cocina y la comida sea cada vez más sana. Así que sí, hay perspectiva de género porque sabemos que hoy el sector más desfavorecido son los jóvenes y las mujeres pobres.

*Publicado originalmente en la Revista del Centro de Estudios Políticos de La Cámpora Berzategui, "Cabecitas negras".