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La mano de Dios //// 10.06.2016
Central Ballester salió a la cancha con los fusilados de Suárez

Garbotti con la 8, Lizaso con la 10, Troxler con la 6, Carranza con la 7 y Livraga con la 4, fueron las camisetas con las que el miércoles 8 de junio el equipo de Central Ballester saltó al campo de juego en homenaje a cada uno de los asesinados en los fusilamientos de José León Suárez.

Por Laureano González
El fútbol nunca se encuentra escindido del contexto que lo rodea y así es como con mayor o menor grado de compromiso, los clubes han interactuado con la realidad social y política de nuestro país. Podemos nombrar desde los “jugadores militantes” como  René Housemann o Alejandro Sabella , pasando por identificación de presidentes de la nación con su club de simpatía como el caso de Néstor Kirchner con Racing Club, hasta hinchadas referenciadas con algún partido político. Pero el caso de Central Ballester merece ser rescatado.  
Se cumplen sesenta años de los fusilamientos clandestinos en los basurales de José León Suárez, distrito de San Martín, donde fueron acribillados a sangre fría varios civiles peronistas acusados de encabezar un alzamiento, junto a militares peronistas como Juan José Valle, contra el régimen dictatorial de Aramburu que tenía como principal política la “desperonización” de nuestro país.
En el mismo distrito tiene arraigo el club Central Ballester, equipo que milita en la Primera D, del cual varios de los fusilados eran hinchas. En este sentido, surgió por parte de la comisión directiva la realización de una camiseta en homenaje a ese hecho de violencia institucional ocurrido en 1956. Así fue que al partido de este ultimo miércoles los jugadores salieron al campo de juego con esas camisetas que en la espalda llevaban el apellido de algún fusilado o sobreviviente de esa masacre sobre la que Rodolfo Walsh escribió, sumado a los de los pibes que fueron asesinados en 2011 en lo que se llamó la Masacre de La Cárcova, donde la policía reprimió con balas de plomo en otro hecho de violencia por parte del Estado.
Este jueves se realizó un acto en homenaje a los fusilamientos del basural que contó con la participación de diversos dirigentes políticos como Leonardo Grosso, diputado nacional del FPV,  Gabriel Katopodis, intendente de San Martín, Carlos Livraga, sobreviviente de la Masacre conocido como “el fusilado que vive”, y algunos dirigentes del club, entre ellos, Ezequiel Rodríguez, jefe de prensa de Central Ballester y uno de los principales impulsores de este homenaje. Este último habló en la Radio de la Universidad Arturo Jauretche y comentó que la propuesta surgió.
“En el marco de tratar de potenciar el arraigo y la identidad que tiene el club en el barrio nosotros arrancamos con un homenaje a los fusilados de 1956, a los que fallecieron en democracia y terminamos repudio de la violencia institucional porque la violencia institucional está presente todo el tiempo en José León Suárez.”En relación a esto último acota: “El partido tuvo cuatro reprogramaciones por parte del Aprevide y de AFA. Ayer estuvo toda la plana mayor de la Aprevide controlando un partido de la Primera D, donde ninguno de los dos equipos peleaba nada y con pocos hinchas”.
Y concluye en relación a su rol como dirigentes: “Los cargos jerárquicos no valen la pena nombrarlos. Somos todos hinchas que nos disfrazamos de dirigentes y hacemos lo que podemos. Los cargos no tienen relevancia para nosotros.” Es Central Ballester solo un ejemplo pero valioso al fin para exponer que el fútbol no es ni debe ser ajeno al contexto social que lo rodea y a la historia de su territorio. Esto atenta contra la nueva concepción gerencial del fútbol que busca administrarlo tal como un CEO a su empresa.
El fútbol y el deporte en general conllevan valores que le son ajenos, y hasta contradictorios, a las lógicas que intentan imponer los grandes capitales que ya han hegemonizado gran parte del fútbol mundial. Los capitales trasnacionales, que día a día avanzan sobre el deporte, y el fútbol en especial, se caracterizan por, como bien su denominación lo refiere, no tener un arraigo a un territorio-nación, son ajenos a las realidades de cada territorio, así es como un jeque árabe puede ser dueño de un club de Inglaterra sin casi necesidad de pisar tierra británica.
Argentina en si misma forma parte de una excepción al mantener el lema de “el club es de los socios” pero se está viendo cada vez más atacada e influida por las presiones de los negociados que abundan en nuestro país y en cualquier otro. Es de fundamental importancia la tarea de consolidar un futbol argentino que pueda mantener esta identificación con valores, costumbres y hechos históricos tanto de un territorio particular como de la Argentina en general.
En varias ocasiones el fútbol ha constituido un espacio de resistencia, con jugadores militantes o simplemente como un ámbito  donde el discurso de lo popular y las luchas sociales tuvieron eco, y en otras  ha sido funcional a determinados procesos de nuestra historia como el caso del Mundial de 1978. Es en este caso, donde el fútbol debe resistir, a sabiendas de que muchos de sus dirigentes no tienen esa intención, a los embates de un gobierno que habla de privatización y sociedades anónimas mientras funde a los pequeños clubes con el aumento de las tarifas.
Ahora es cuando el mundo del fútbol argentino,  tanto los hinchas como los clubes, con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de sus dirigentes, debe poner freno a estos vientos de cambio si no quiere perder lo último que le queda de su identidad cultural, social y política porque la Ceocracia viene por todo. No quedemos en off side.