Apuntes de Academia: fluir hacia el clásico, tras la caída

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Apuntes de Academia: fluir hacia el clásico, tras la caída

18 Febrero 2016

Por Diego Kenis

Hace un año y medio, en el amanecer del ciclo de Diego Cocca como entrenador, esta AGENCIA publicó una crónica que buscaba morigerar el ansioso malestar ante otra goleada en contra y darle tiempo al DT para desarrollar algunos puntos de su juego que comenzaban ya a insinuarse y terminarían siendo vitales. Aquel 4 a 0 de Tigre no volvió a repetirse, Racing fue campeón en 2014 y mantuvo altas sus expectativas en 2015, pese a que la goleada aquella se produjo también a pocos días de un clásico. Aquel que, dijo Cocca, prefería perder si a cambio de ello la hipótesis la daba el campeonato.

Es hora de repetir la apuesta de la columna de entonces. Racing vivió ayer en Rosario un resultado que no sólo es atípico en sus últimos dos años, sino que es extraño en dos décadas en que conoció varias veces el riesgo de descensos: la Academia no perdía por cinco goles desde 1997.

 

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Como aquella de 2014, esta crónica prescindirá de los juicios categóricos, las nomenclaturas de examen que inventó Bernardo Neustadt y las conjeturas de aquello que sólo el entrenador sabe: las variables que maneja, los estados anímico y físico de sus jugadores. Como el fútbol es un deporte colectivo, la excepción es el destello individual y por eso se destaca: la mayor parte de las acciones, virtudes y defectos se explican mirando al equipo y no al ocasional acierto o error individual.  

El nuevo Racing de Facundo Sava deberá encontrar su identidad y las presiones extra no ayudan, porque de por sí el calendario es un factor que aprieta. Concluir que el equipo fue un desastre porque perdió es la tentación facilista de algunos comentaristas en retiro. Aunque ayer ambas circunstancias hayan coincidido, el análisis futbolístico de un equipo supone tantas variables que vuelve más bella la tarea y más justo el comentario. De otro modo, alcanzaría con leer el resultado en el diario.

En el 4 a 0 de 2014 esta columna decía que Racing había mostrado ese partido algunos puntos interesantes que, se supo luego, eran también inaugurales. No se da ahora el mismo caso, pero porque por fortuna la base del equipo se mantuvo y buena parte de sus puntos altos, también. Sí se notan las ausencias, como –cada vez más, cuando toca- la de Luciano Lollo. Claro: también la de Gustavo Bou, a quienes los categóricos críticos de aquella derrota con Tigre consideraban quinto delantero y pecado a sumar en las cuentas de Cocca.

Pero lo de Bou es nota aparte, extraordinario en todos los sentidos de la palabra: como dijo Román Riquelme, sólo él es capaz de robar la pelota menos pensada, generar la situación y definir. Nos ha acostumbrado a los espectadores: ningún momento es lo suficientemente calmo o vacío como para bajar la vista y prender un cigarrillo o buscar el aperitivo.

 

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Los refuerzos muestran características interesantes, aunque aún no hayan llegado a coordinarse en el ejercicio de sus virtudes y Sergio Vittor salga repetidamente a posición de medio sin reparar en que Federico Vismara está bajando para tomar la posta e iniciar la distribución.

El volante central tiene un toque preciso, muchas veces sorpresivo y siempre ya decidido al recibir el balón. A veces, da un pase dentro de otro. Por eso y por su físico, obligarlo al relevo del defensor central en salida no es la mejor idea.

Sobre Rodrigo de Paul, Lisandro López y Facundo Pereyra es poco lo que puede decirse, más allá de que todos dejaron alguna jugadita interesante, digna de sus currículums, y también momentos de lagunas. Es entendible, la pelota viaja de atrás hacia adelante y la calidad del tránsito muchas veces se verifica en la meta.

 

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Aun sin apelar al resultado de ayer, no es difícil advertir que el mayor problema de Racing está en la defensa. No sólo por su misión de obstruir situaciones rivales, sino también por las salidas. Con la pelota en los pies y ante el repliegue rival, la defensa suele contar con terreno. Durante el último año y medio Racing lo ha aprovechado con múltiples variantes: las salidas por laterales o con Lollo, en lanzamiento largo o con traslado.

La ausencia del ex Belgrano, ya se ha dicho, priva a Racing de una base. Sava acertó al buscar a Vittor como su reemplazante, pero ante los caminos cerrados el Chino cae en la salida por sí. Como variante es estupenda, si se repite en cada ocasión pierde la ventaja de la sorpresa.

Los laterales evidencian problemas de ida, pero sobre todo de vuelta. También puede explicarse por el funcionamiento colectivo. Leandro Grimi se traslada al medio, una posición que quizá no le quedaría demasiado incómoda como efectiva, pero en el retorno al lateral pierde metros ante adversarios más veloces. Se vio en los partidos ante Puebla, por la Copa Libertadores.

La ausencia de Iván Pillud en los duelos domésticos y la carencia de un suplente natural ante la lesión de Gastón Díaz se notó, pero los problemas defensivos de Racing no se solucionaron con la vuelta de ambos campeones. Quizá porque el movimiento de relevos no es el mismo, o dista de ser aceitado: si Vismara, Francisco Cerro o Luciano Aued bajan, el equipo los pierde como conductores o tapones y no suma demasiado, ya que por distintas razones ninguno de los tres tiene características de un líbero como supo ser, en la cadena de relevos, Ezequiel Videla. Sin ese punto de referencia, los dos centrales no pueden abrirse para cubrir las espaldas de los laterales. Y en la carencia de 8 clásico, las opciones de triángulos son menos, arriba y abajo.

 

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Valga mencionar, para hacer justicia, que los rivales también juegan y el análisis de esta columna se centra en Racing porque son Apuntes de Academia. Atlético Tucumán y San Martín de San Juan son dos muy buenos equipos, cuyos miembros se toman el tiempo para verse entre sí, y Ñuls sólo necesitaba recuperar la memoria.

Volviendo a Racing: el domingo será el clásico, con ambos equipos en baja y con necesidad de repuntar. Allí comenzará la segunda parte de un mes y medio de apretada agenda académica, dos juegos por semana y ante rivales o canchas difíciles, en lo doméstico y también afuera.

Si perder puntos complica, mucho más lo hacen sus derivaciones: el calendario no da tiempo a dudas ni presiones. Sava es un inteligente lector del fútbol. Lo demostró en la cancha y la escritura, con goles y libros. Hay que dejarlo hacer. El testimonio de aquel 0- 4 ante Tigre, luego del cual la paciencia demostró mejores resultados que la ansiedad, lo demuestra.