El Foro Social Mundial, un “espacio privilegiado para la sociedad civil internacional”

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El Foro Social Mundial, un “espacio privilegiado para la sociedad civil internacional”

15 Marzo 2018

Por Sergio Ferrari, desde Salvador de Bahía, Brasil (*)

A más de ocho mil kilómetros de su Jura natal, Erica Hennequin participa junto con una nutrida delegación suiza en el Foro Social Mundial (FSM) que se realiza en la capital del estado de Bahía, Brasil, entre el 13 y el 17 de marzo.

Para la diputada cantonal y presidenta del grupo parlamentario de Los Verdes, asistir a este evento –que según los organizadores podría superar los 60 mil participantes- tiene tanto de “formación continua” como de “motivación continua”.

“Existe una dinámica de cambio en muchas regiones del mundo y de esto se puede tomar conciencia, justamente, cuando se dan encuentros de esta naturaleza”, explica.

Para Hennequin, que ha participado en cinco ediciones del FSM en los últimos diecisiete años, el eslogan de “Otro mundo posible” que nació en el primer Foro de Porto Alegre, se ha ido transformado en “Otro mundo necesario”. Especialmente, al tomar conciencia del concentrado poder mundial detentado por el 1 por ciento de la población terrestre en detrimento de la pobreza y exclusión de buena parte del 99 restante, analiza.

El encuentro en la diversidad, la reflexión compartida, la búsqueda común de alternativas climáticas, sociales, culturales y económicas, es una necesidad para los movimientos sociales y la sociedad civil internacional y en ese sentido “espero que el actual encuentro de Salvador signifique un paso adelante en este camino de construcción común”, señala.

 

Empaparse sobre la realidad brasilera

Erica Hennequin con una treintena de sus compatriotas, llegaron a Salvador la segunda semana de marzo, integrando una delegación de personalidades políticas, asociativas, sindicales y de organizaciones de cooperación, promovida por E-CHANGER, ONG con sede en Lausana y que se apoya a cooperantes que trabajan en África y América Latina.

“Hemos participado en un muy interesante programa previo al FSM. Con espacios de análisis sobre la coyuntura brasilera; visitas a movimientos que trabajan en el campo como el de los Sin Tierra (MST); al sindicato de Trabajadoras Domésticas; así como avanzados proyectos autogestionados de construcción de casas promovidos por la UNIAO (Unión Nacional de Vivienda) de Salvador”, explica la también presidenta de la asociación ambientalista “Salir del Nuclear” en la Suiza de expresión francesa.

Esos encuentros son fundamentales para nosotros que venimos de un país totalmente diferente de Brasil. Nos permiten sumergirnos en una realidad tan diversa. Y al mismo tiempo, encontrar actores sociales que se movilizan por sus reivindicaciones y propuestas. Nos da un color del país y nos permite prepararnos para participar mejor, luego, en el FSM, reflexiona.

“Todas (son) actividades apasionantes. Ha habido una evolución significativa si las comparo a diecisiete años atrás cuando vinimos por primera vez a Porto Alegre. Se prioriza más lo cotidiano -por ejemplo, la lucha por la vivienda- que los sueños a largo plazo. Adicionalmente, en esos intercambios, se percibe el impacto social negativo que ha tenido el golpe de Estado parlamentario de abril 2016 (NdR: destitución de la ex presidente Dilma Rousseff), enfatiza con preocupación Erica Hennequin.

Y es esta realidad brasilera, latinoamericana, así como la compleja situación mundial lo que va a marcar las reflexiones y debates de esta edición del FSM, explica la diputada cantonal del Jura. Quien en el enorme programa electrónico de un centenar de páginas recibido por cada participante ya se ha apuntado diversas actividades en el campo de lo antinuclear, de lo ambiental, la asamblea mundial de mujeres del 16 de marzo, reflexiones sobre la cooperación internacional, así como encuentros con otros parlamentarios llegados de varios continentes.

 

Movilización colorida, sorprendente

La tarde del martes de 13 el FSM se abrió oficialmente -como ya es habitual en este tipo de convocatorias- con una marcha que recorrió una parte del centro histórico de Salvador de Bahía.

En la misma, según la prensa local, participaron varios miles de personas. Entonando consignas antigubernamentales, promoviendo animaciones musicales de todo tipo y portando los más diversos estandartes y banderas de organizaciones mayoritariamente brasileras, pero también latinoamericanas, europeas y africanas.

“Fue mi sexta marcha de este tipo luego de Porto Alegre en 2001, Belém de Para en 2009, Dakar en 2011 y Túnez, tanto en el 2013 como en el 2015. Estuve positivamente sorprendida e incluso emocionada al constatar el entusiasmo de los participantes”, señala. Se vio una buena dinámica y una gran alegría, en particular de los actores brasileros, agradecidos hacia la solidaridad internacional expresada por las delegaciones de otros países presentes en la marcha. Según el Comité de Facilitación local (colectivo de organización bahiano), esta semana participan en esta ciudad nordestina delegaciones de 120 países que promueven 1.300 actividades autogestionadas.

 

“Es fundamental que este espacio siga existiendo”

El FSM confronta una crisis, según afirman algunos de sus co-fundadores y ciertos analistas especializados. En particular a raíz de las diferencias entre aquellos que siguen concibiendo al Foro como un espacio abierto, de encuentro e intercambio, de unidad en la diversidad. Y otros sectores que quisieran convertirlo en un actor más político, con pronunciamientos más radicales y declaraciones finales programáticas.

Me preocupa esta situación y que la continuidad del FSM no esté absolutamente garantizada”, reflexiona Hennequin. Quien espera que la reunión del Consejo Internacional -instancia facilitadora del Foro- programada para el 18 de marzo, justo luego de finalizado el evento, no ponga en cuestión esta iniciativa en marcha.

“Renunciar a la continuidad del FSM sería un fracaso”, subraya. Partimos en 2001 en paralelo al Foro Económico de Davos, cuestionando esa convocatoria de ricos. Y por eso es importante que la sociedad civil siga contando con un lugar de encuentro donde pueda crear y expresar su pensamiento. Renunciar a la continuidad del FSM sería aceptar, de una cierta forma, que otro mundo no es posible… y eso para mí es inimaginable”, concluye.

 

(*) En colaboración con swissinfo.ch.