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Géneros //// 08.06.2015
Feminismo y #NiUnaMenos

Reflexión de Luciana Sánchez, de Lesbianas y Feministas por la Descriminalización del Aborto, sobre la masiva marcha contra la violencia contra las mujeres. 

Por Luciana Sánchez
1. Feminismo y ‪#‎NiUnaMenos‬
Desde marzo de 2013, 60 mil mujeres se inscribieron en el programa "Ellas Hacen" a partir de hacer visible su situación de violencia de género. De ellas, 40% se separaron del agresor al cobrar su segundo sueldo mensual, y otras tantas están en eso, o ya se habían separado antes de ingresar al programa. 
Hoy, en el contexto de la tremenda movilización de #NiUnaMenos, este dato, esta realidad, parece natural y casi que pasó desapercibida en las crónicas periodísticas. Como dice la Presidenta, “El componente misógino en la política todavía está, pero tiene que ver más con los intereses o con el proyecto político que una representa”.
¿Y cuáles son esos intereses? Va un ejemplo. En 2012 en Estados Unidos, la bancada republicana del Congreso (la misma que invitó a Nisman a declarar sobre AMIA) realizó una serie de fuertes movidas para derogar la Ley contra la violencia hacia las mujeres (VAW Act), con tres argumentos: que la ley brinda protección a las víctimas LGBT y migrantes, que reconoce a los pueblos originarios el uso de su propio sistema de justicia para perseguir las violencias de género de blancos contra miebros de estos pueblos, y, fundamentalmente, que la ley promueve el divorcio, el desmembramiento de la familia, y el odio hacia los varones. El resultado de estos aprietes fue el congelamiento de la ley durante más de un año, hasta marzo de 2013.
2. La mala conciencia de la buena feminista
En su célebre ensayo de 1980, Massimo Pavarini presenta una disyuntiva a los criminólogos: “ante la evidencia de la falsedad del discurso jurídico- penal, pero también frente a la necesidad de justificar ese statu quo legal, no como el mejor, sino como el “menos peor”: cargar con la mala conciencia o enfrentar políticamente al poder”.
Si bien para muchos de nosotros feminismo y enfrentar políticamente al poder debieran ser sinónimos, no es así. Más allá de conocidos ejemplos históricos de marchas y contramarchas que podrían citarse, hay que agregar que los 90 no pasaron en vano ni dejaron de lado al feminismo, por el contrario, como en tantos otros campos, lo popular fue resistido y la participación se hegemonizó a través de ONGs, en particular pasaron a tener una voz privilegiada aquellas que desde los postulados del feminismo liberal, eligen la mala conciencia.
Es esta representatividad falsa de las ONGs del feminismo liberal sobre el movimiento de mujeres y LGBT, pretendidamente “independiente” y construida a fuerza de ajuste y represión, la que #NiUnaMenos, en su masividad y diversidad, pone en crisis. No hay ONG capaz de conducir un proceso político semejante.
Es por esta derrota (nunca definitiva) del liberalismo que los reclamos fueron apuntados a la política, no porque no existan políticas públicas. Es por el disfrute colectivo del rol central del Estado, la democracia y la política a los que se refirió Jorge Taddei en las entrevistas que le hicieron en la movilización, que no hubo Howard Johnson y Johnson Windows ni Coca Colas que adhirieran a la movilización, ni que fueran interpeladas directamente por esta sino a través de la exigencia de un rol estatal más activo en el control de sus mensajes y actividades.
3. En la cresta de las olas
Las políticas públicas llevadas adelante por el Estado nacional en materia de erradicación de la violencia de género son clandestinizadas porque son resistidas, dentro y fuera del estado y del espectro político. A pesar de estas resistencias o a consecuencia de ellas, 2010 puede considerarse el año en que en Argentina el feminismo de la segunda ola comenzó a ser visiblemente desplazado de su trono por transfeminismos populares, en los discursos, las prácticas, las formas de construcción e implementación de saberes, leyes y políticas públicas.
Debe entenderse: no es que no puedan construirse reivindicaciones feministas desde el liberalismo y la transfobia, por el contrario, estas están vivas y coleando en la sustancia del guión mediático y, debemos admitir, político, del feminismo y el movimiento LGTB tampoco escapa; hay que mirar las pocas fuentes y actorxs que suelen citarse en notas periodísticas y proyectos de ley, sus formas revictimizantes de titular desde la necrológica y la victimización, qué información se omite, a qué referentes se reivindica y qué prejuicios, estigmas y fobias son reforzadas. También qué sectores mayoritarios somos excluidos de la elaboración así como de la implementación de las propuestas que vienen de estos sectores del feminismo.
Por eso, lo que no debemos esperar es que estas políticas del feminismo liberal ni la transfobia de la segunda ola sean llevadas adelante acríticamente por gobiernos populares como los de Néstor y Cristina. Ya lo dijo Néstor en el encuentro de la militancia de 2004: “Queremos terminar con la idea del influyente, del “vení conmigo que yo tengo conexiones” para generar el acomodo en la historia, porque eso también quebró la moral de la política, de la práctica, que tanto daño hizo. También cuando hay una masa crítica que piensa, que elabora, que participa, evita que aquellos que tenemos que ir a cumplir responsabilidades nos creamos más de lo que somos y nos olvidemos de dónde venimos y para qué venimos”.
4. Masa crítica
El pueblo múltiple y organizado que salió a la calle el 3 de Junio es la masa crítica para seguir avanzando en la erradicación de la violencia de género. Es el respaldo popular para concretar derechos históricos aún pendientes,para avanzar más aún contra las corporaciones que obstaculizan el acceso de mujeres, lesbianas y trans a los derechos humanos.
Este respaldo es para nuestras y nuestros representantes políticos, que este año disputan electoralmente esta representatividad. Consideremos que por más que muchos reclamos son al poder judicial, si la CSJN hegemoniza la respuesta, más aún en sus condiciones actuales, estaremos frente a un retroceso.
Por eso, en este escenario nuevo con piso y techo más altos, disputar desde el estado y los partidos políticos el sentido del feminismo, es seguir disputandoal neoliberalismo el contenido de los derechos que tenemos y los que aún queda por consagrar.
Aborto ¿queremos un modelo de clínicas privadas feministas, o salud pública transfeminista y lesbiana, producción pública de misoprostol, acceso al aborto legal en todos los centros de atención primaria de la salud y hospitales del país? Violencia intrafamiliar ¿queremos hipervigilancia para pocas con botones y pulseras policiales, o más poder económico para todas las mujeres, lesbianas, niñas, travestis y varones trans, por ley el programa ellas hacen, las asignaciones universales por hijx y embarazo, conectar igualdad, mayor alcance del plan progresar, y que divorciarse sea más fácil? Empleo ¿Sólo para mujeres, cupo trans o inclusión laboral mediante una activa intervención estatal a través de capacitación permanente, programas específicos, inclusión educativa?Lesa Humanidad ¿el feminismo no tiene nada que ver con eso, o juicios públicos y testimonios donde se habla específicamente de la violencia de género durante el terrorismo de estado, sus usos, la participación de civiles, los enclaves autoritarios en leyes y prácticas aún vigentes? Participación política, ¿Cupo femenino o voto a los 16?
En definitiva, ¿vigilancia y castigo, o micropolíticas de estado? Una información relevante en esta disyuntiva es el rotundo fracaso de las primeras y el apabullante éxito de las segundas, medible no solo en cantidad y posibilidades de sostener la ruptura del vínculo con el violento, sino incluso en la modificación del índice de GINI con perspectiva de género, a favor de la reducción de la desigualdad de las mujeres.
5. Anécdota
Hace unas semanas, previo a #NiUnaMenos, asistí en calidad de publico de un panel en el encuentro Degenerando Buenos Aires, sobre genero y políticas publicas en la facultad de cs económicas de la UBA. Entre lxs panelistas estaba una representante de Equipo latinoamericano de Justicia y Genero, que estos días lejos de aportar con datos o contrainformes, se caracterizo por sus ataques explicitos a la capusotto contra el gobierno “Montonera Mariana Gras Renuncie”. ELA es una de las contadas ONGs que vienen hegemonizando desde la derecha la agenda del movimiento de mujeres, o así pretenden, sus directivas siempre citadas en los medios incluso del palo, sus sentidos y discursos son incorporados incluso en los proyectos del ley del palo, sus integrantes contratadas en las capacitaciones del Estado al que dicen que las quiere cooptar, en lo que se deja ver mas como la hilacha de una (pretendida) disputa de poder personal que criticas a políticas publicas que deberían, sin dudas, mejorarse.
En esta previa, las criticas eran que las políticas publicas de cuidado aun eran escasas en Argentina porque, citando una encuesta realizada por el propio Ministerio de Trabajo y el INDEC sobre Trabajo no remunerado y genero, el dato es que las mujeres dedican por lo menos 8 horas diarias de su jornada a tareas domesticas y de cuidado, mientras que los varones dedican la mitad o menos de este tiempo, y además menos varones dedican tiempo a estas actividades no remuneradas.
La crítica central que se hacia a la metodología de esta encuesta, que es, por otra parte, internacional, era que el INDEC había tomado el modelo de naciones unidas en lugar de la metodología propuesta por ONGs argentinas que habían hecho encuestas previas con alcance menor en términos cuantitativos, y en términos cualitativos no necesariamente eran mas inclusivas.
Cuando pregunté a la representante de la ONG cual era la razón para dejar de lado en la presentación políticas públicas favorables a la inclusión social de las mujeres, de enorme alcance, cuyo objetivo es justamente reconocer y remunerar esas tareas, además de socializar el cuidado tradicionalmente a cargo de las mujeres, políticas como la universalidad de la salita de 5 y 4 años, o la asignación universal por hijo y embarazo, la respuesta fue que esas políticas eran malas porque eran “maternizantes”, es decir, fijaban a las mujeres en los roles de cuidado tradicionales.
¿Se puede ser tan, tan antipopular? Me pregunté. Y después me recordé que son los mismos sectores que critican a Evita porque, dicen, no era feminista. Una chicana gorila de los años 50, que todavía se resiste a morir.