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Fractura //// 23.02.2020
Geopolíticas: lecturas de literatura argentina

Jorge Carrión es el compilador de los artículos publicados por Añosluz Editora. Entre los escritores reseñados y prologados se encuentran Marcelo Kohan, Beatriz Sarlo, Martín Caparrós y Ricardo Piglia.

Por Milagros Carnevale

 

Jorge Carrión cuenta, en la nota que da comienzo a su libro Geopolíticas. Lecturas de la literatura argentina, de Añosluz Editora (2019), que durante su paso por Buenos Aires, cada dos meses le mandaba a sus padres todos los libros que había comprado (en avenida Corrientes, en las librerías Clásica y Moderna y Ávila), y que hasta el día de hoy no ha terminado de leerlos todos. Sobre ellos, se pregunta:

“¿Qué tendrán en común? (…) ¿Que todos son precursores o sucesores o adversarios o epígonos o alternativas de Borges? ¿Que la gran mayoría se piensan a sí mismos en un ecosistema de pocos kilómetros cuadrados, entre el Colegio Nacional, la cátedra de literatura argentina de la UBA y ciertos cafés de Corrientes? ¿La dichosa geopolítica?”

En todas las reseñas y prólogos reunidos en este volumen, el escritor español explora los espacios sobre los que avanza nuestra literatura, los espacios que rechaza y los que disputa nuestra literatura, siempre entendida como un contrapunto entre la lectura y la escritura, la escritura y la crítica, la academia y lo popular, la historia y la ficción.

En el libro conviven autores decimonónicos como Rodolfo Fogwill (y Borges, por supuesto, que incluso cuando no se lo nombra está rondando por algún lado) y autores contemporáneos como Leila Guerreiro, cuya obra Los suicidas del fin del mundo sirve para ilustrar lo que podría llamarse la geopolítica de la prioridad: ¿por qué en los diarios de Buenos Aires es noticia una ola de suicidios en Japón y no una ola de suicidios en Santa Cruz? Parecería que Argentina no deja de ser nunca una falacia federalista.

Del mismo modo en que Buenos Aires elige el exterior como principal fuente de acontecimientos, Carrión plantea que en la misma capital hay zonas específicas para la práctica literaria: ese ecosistema de pocos kilómetros cuadrados entre el Colegio Nacional, la cátedra de literatura de la UBA y ciertos cafés de avenida Corrientes. A ese espacio geográfico le corresponde, o le correspondía, una particular manifestación literario-cultural: las revistas como Punto de Vista (1978-2008), cuyo mayor exponente es Beatriz Sarlo. Hoy tiene otra configuración: es archivo histórico, coleccionable, material de estudio incluso. “Es posible (…) que estemos en un mundo donde las revistas culturales son un anacronismo” dice Jorge Carrión, pero puede que no sea tan cierto. La geopolítica de la circulación literaria en particular y cultural en general hoy está cambiando. Ya no se discute sobre libros sólo en los cafés de Corrientes (ahora están más de moda los cafés de San Telmo) y la cátedra de literatura de la UBA ya no está en su mayor esplendor. Día a día aumenta el inventario de autores que elige publicar de manera autogestiva, y también crece el inventario de suplementos, organizaciones, y sí, también revistas, que se ocupan de la escena literaria actual. Hay lecturas de poesía en librerías y bares, presentaciones, clubes de lectura organizados mediante las redes.

Una pregunta interesante que se plantea el libro es ¿a qué le llamamos literatura argentina? Caparrós vivió en Madrid, en París, en Nueva York, en Barcelona y viajó por todo el mundo. ¿Su literatura es argentina? Para responder la pregunta abierta que deja  Carrión hay que pensar la fisionomía de la crónica, género que en nuestro país encontró a algunos de sus mayores exponentes. La crónica es la frontera, la búsqueda, “el laboratorio”.  El interior atestigua y registra el viaje que hizo Caparrós por Entre Ríos, Misiones, Corrientes, Tucumán, Salta, Jujuy, La Rioja, Catamarca, San Juan, Córdoba, Santa Fé. Quizás su literatura sea argentina no porque su nacionalidad así lo indica, sino porque “la argentinidad” es eso que descubre más allá de Buenos Aires, “la argentinidad” es el espacio que abarca su escritura, “la argentinidad” es el territorio que configura en la frontera entre la realidad y la ficción.

Del mismo modo en que Geopolíticas se pregunta por Caparrós nos podemos preguntar por Julio Cortázar. ¿Por qué le decimos literatura argentina a toda su obra, cuando vivió en Francia la mayor parte de su vida? En su caso el viaje no deviene en crónica, pero él es una figura híbrida de español y francés, de Buenos Aires y París, Buenos Aires y Banfield, la escritura y la traducción. Cortázar es Oliveira y Oliveira es Morelli (que también es Macedonio) y Morelli es Cortázar, un poco como Emilio Renzi es Ricardo Piglia. De cualquier manera, nadie puede negar la argentinidad del autor de Rayuela, que por siempre será una novela argentina.

Este libro de Carrión, un español que explica Argentina, provee perspectivas terrenales para mirar nuestra literatura. El viaje y la patria perdida, la extranjería y la lengua, el ensayo y la crónica, la Historia y la historia, el campo y la ciudad, el lenguaje y la invención. El espacio hecho espacio mediante la escritura.