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Fractura //// 26.09.2020
Bienaventurados los perros del Sputnik

El poeta y abogado Julián Axat acaba de publicar su décimo libro Perros del cosmos (Ediciones en danza, 2020). Una experiencia poética que nos lleva por el universo de la carrera espacial entre la URSS y EEUU. 

Por Boris Katunaric

“And the papers want to know whose shirts you wear”

David Bowie

En 1969 David Bowie lanza la canción Space Oddity, casualmente coincide con el alunizaje del Apolo 11 y la BBC la utiliza para su cobertura. En la canción el Major Tom es el personaje que narra la belleza ante la inmensidad del universo “And I'm floating in a most peculiar way / And the stars look very different today”. Mientras pierde la conexión con la sala de controles se despide con un “Tell my wife I love her very much she knows”. Esta es, quizás, una de las mayores experiencias artísticas que tratan la carrera espacial y quedaron plasmadas definitivamente en la cultura popular, al menos la más renombrada o más influyente, podría ser, quién sabe.

De aquella época no queda mucho, salvo cierta nostalgia por el espacio exterior, cosa que en esta época de pandemia y encierro no viene mal repensar, al menos como una idea poética.

Perros del cosmos, el último libro de Julián Axat (Ediciones en danza 2020), retoma la temática de la carrera espacial en forma de poemas. Este libro interplanetario revitaliza la experiencia que fue esta disputa por el espacio exterior entre la URSS y EEUU, la guerra fría y el cosmos como destino, lo que ha alumbrado los sueños de todos los poetas: la luna y las estrellas.

Con mucho registro documental, fotografías, datos, testimonios, Axat reconstruye en tono poético parte de esta contienda política, las epopeyas de Yuri Gagarin y Neil Armstrong. Pero no sólo retoma los medios y registros periodísticos de la época sino también los poéticos, como la reescritura del poema “la tierra es un satélite de la luna” del nicaragüense Leonel Rugama y un bello poema de Joaquín Giannuzzi que dice “el perro en la luna / vacila abandonado”. También nos trae nuevamente al querido Alberto Szpunberg y a su habitante del cometa 67/P; Rosa Luxemburgo, quien tranquilamente, de haber nacido varias décadas después, podría haber sido cosmonauta.

“Perros del este” y “Simios del oeste” (un poco lo que somos, otro poco lo que son ellos) son las partes que dividen el libro y de esa manera, como todo climax, narra el ocaso de la carrera espacial, infiltrando el discurso más surrealista (y a la vez necesario) del menemismo, “en una hora y media podemos estar en el Japón o Corea”.