fbpx Yo nena, yo princesa: un film que cuestiona las certezas | Agencia Paco Urondo | Periodismo militante
Entretenimiento //// 27.11.2021
Yo nena, yo princesa: un film que cuestiona las certezas

Yo nena, yo princesa es un film que recoge y visibiliza la lucha de Luana, la primera niña trans en obtener un DNI donde se reconoce su identidad autopercibida, y su madre Gabriela Mansilla. Federico Palazzo, autor y director de la película, dialogó con Agencia Paco Urondo acerca del proceso creativo del film y la relevancia social del tema que aborda: la niñez trans. “El 1% de las personas trans llegan a la vejez y la expectativa de vida es, en promedio, de 35 años. Hay que preguntarse entonces ¿dónde está la perversión?”, aseguró el director.

Por Florencia Paolella

Yo nena, yo princesa se estrenó el pasado 28 de octubre y continúa siendo proyectada superando los 35.000 espectadores y volviéndose, de esta forma, la película argentina más vista luego de las restricciones por el Covid-19 que mantuvo a la industria cinematográfica en una larga pausa. “Nos da mucha alegría, pero no por una cuestión cuantitativa, sino por las respuestas y mensajes que nos están llegando por parte de quienes la vieron”, sostuvo el director y agregó: “La película está siendo pedida en lugares recónditos, tanto dentro como fuera de Argentina. Incluso en lugares en los que no hay salas de cine”. El film es protagonizado por un elenco destacable con personalidades de amplia trayectoria como Eleonora Wexler, Juan Palomino, Paola Barrientos, María Onetto, Lidia Catalano, Valentina Bassi entre otros grandísimos actores y actrices. Pero sin dudas, la esencia de la producción radica en que el personaje de Luana es interpretado por Isabella G.C. quien también se autopercibe como una niña trans y se convirtió, con este proyecto, en la primera con un papel protagónico a sus 7 años. “Cuando la conocí me dijo ‘yo quiero ser actriz para que la niñez sea más feliz’, con eso entendí que estaba preparada y que era ella quién debía interpretar a Luana” declaró el autor.

El proyecto fue producido por Grupo Octubre, Arco Libre, Tronera Producciones y la Universidad Nacional de la Matanza, y se inspiró en el libro homónimo de Gabriela Mansilla que relata con solidez la lucha por el derecho a la identidad de su hija Luana, quien a sus dos años les dijo a sus padres “yo nena, yo princesa”. Con esa convicción, inauguró un largo camino de valentía en el que el objetivo último, fue el reconocimiento del Estado a la identidad de Luana, la niña que eligió su propio nombre. En abril de este año comenzaron las filmaciones que debieron adecuarse a los protocolos establecidos por la gestión de la pandemia, lo que significó un gran desafío. “Teníamos 5 semanas de filmación, pero sólo 3 horas y media por día para trabajar con la minoridad que, a su vez, representaba el 80% de la película. Pensé que no iba a llegar, pero gracias al equipo de trabajo que construimos entre todas las áreas, pudimos lograrlo”, rememoró.
El proceso creativo fue breve pero efectivo. “En septiembre de 2020 llegó a mis manos el libro de Gabriela gracias al productor Sokolowicz. Cuando lo leí me contacté con Gabriela para poder empaparme de la historia y a finales de ese mismo año el guion estaba listo. Los personajes me hablaban, entonces escribí. Hay cosas que se expresan vorazmente”, compartió Federico Palazzo.

La película declarada de interés educativo por el Ministerio de Educación de la Nación y de interés cultural por el Ministerio de Cultura de la Nación, evidencia la necesidad e importancia de desarrollar políticas públicas que garanticen infancias libres y cuidadas. Ilustra, con inmejorables escenas e interpretaciones, cómo las familias, el sistema de salud, el sistema escolar, la justicia y demás instituciones del Estado, excluyen, violentan, marginan y vulneran los derechos de niños y niñas trans. A su vez, visibiliza la inagotable valentía de una madre y de una niña. Una madre que supo escuchar y una niña que jamás se rindió. “Gabriela fundó y preside la Asociación Civil Infancias Libres y a partir de la proyección del film se están registrando 30 consultas semanales por acercamiento a la fundación de familias que se encuentran atravesadas por esto. A su vez, ya han pasado por ella más de 500 familias de la capital y el Gran Buenos Aires”, comentó el director. 

Uno de los objetivos que se trazó desde la producción y la dirección, junto con Gabriela Mansilla, fue la creación de un film que pudiese ser visto sin restricción de edad, es decir, apto para todo público. Este fue el principal criterio de trabajo, según testificó el autor: “Nosotros nos planteamos la necesidad de que el proyecto no tenga un límite etario. A su vez, teníamos la fantasía de ser útiles a nuestro tiempo desde nuestra profesión, de ser útiles a la ESI, de que la película pueda ser utilizada para trabajar en las escuelas, proyectadas en sociedades de fomento como si fuese el Cinema Paradiso”.

Sin embargo, los proyectos colectivos no dejan de estar atravesados por objetivos o anhelos personales. “Esta película lo primero que me trajo fue la confirmación de que debíamos hacer un film que fuese empático. Ahí está el punto nodal: hacer algo por quienes fueron dañados, ser útiles desde nuestra profesión con la sociedad. El 1% de las personas trans llegan a la vejez y el promedio de la expectativa de vida es de 35 años de edad.” y agregó: “Cuando no encuentran lugares en donde estudiar, lugares donde acceder a la salud, o dónde trabajar, el sistema lleva inexorablemente a la prostitución. Entonces, deberíamos preguntarnos ¿dónde está la perversión? como punto de partida.” 

El film de 120 minutos logra atravesar las fibras más sensibles, someter a interrogación los supuestos y los preconceptos, toca el corazón de la audiencia desde el amor de una madre hacia sus hijos. Increpa todas las contradicciones que se reeditan entre el amar y el deber ser. Entre la expectativa de gestar un sexo determinado y la expresión de la esencia del ser en tensión con el sexo asignado. Permite revalorizar la niñez y la infancia como sujetos de derecho en detrimento de las miradas adulto-centristas de las infancias. Vela, ni más ni menos, por los derechos conquistados de niños, niñas y adolescentes, derecho a la identidad, derecho a la educación, derecho a la salud, derecho a vivir infancias libres de violencias. “El ser humano es mejor cuando se conmueve. En esa mejoría del psiquismo, los hermetismos y las rigideces se hacen más endebles, más humanas, más piadosas. Por lo cual, en un estado de conmoción, podíamos flexibilizar mejor la mirada, para que lo que fuese ignorancia se transforme en la luz del conocimiento. Para ello, teníamos como herramienta de trabajo la ternura que invita a tener la infancia.” y concluyó: “Yo creo que la ficción, es una herramienta de cambio y que en muchas oportunidades se ha adelantado a la ciencia”.