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Entretenimiento //// 17.04.2021
Seaspiracy: la crítica amenaza de una pesca no regulada

El pasado 24 de marzo Netflix estrenó un documental que aborda el peligro y las amenazas que conlleva la pesca industrial alrededor de distintas temáticas. Una obra a destacar en debates sobre desarrollo sostenibles, utilización de recursos naturales y derechos laborales.

Por Agostina Gieco

Dirigido y protagonizado por Ali Tabrizi, un cineasta inglés amante del océano y las especies marinas, Seaspiracy devela aquello que está detrás de la industria de la pesca. Desde la caza de ballenas hasta personas esclavizadas, hace un recorrido por muchos aspectos que normalmente no se conocen y que algunos gobiernos y organizaciones buscan cubrir. 

Hoy en día hay más de cuatro millones y medio de barcos pesqueros comerciales distribuidos globalmente, y muchos de ellos pertenecen a multinacionales millonarias, las cuales no se preocupan por el cuidado de los océanos ni de los seres que habitan allí. El documental muestra como ejemplo a Mitsubishi, reconocida empresa japonesa fabricante de autos, que tiene a su cargo una de las atuneras más grandes a nivel mundial. Ésta controla el 40% del atún rojo, especie en peligro de extinción y actualmente el pescado más caro a la venta.

Ali, junto a su pareja Lucy, viajaron a Japón, a la ciudad de Taiji y al puerto de Kii-Katsuura, y lograron observar cómo barcos repletos de estos peces eran descargados, pero también supieron de la cruel matanza de delfines y tiburones que ocurre allí. En el caso de los primeros, el objetivo es que no se alimenten del atún rojo para que de esa manera los pesqueros los puedan atrapar. Su forma de eliminar a la “competencia” es extrema y violenta. Los segundos, por su parte, son cazados, y sus aletas cortadas y exportadas a China para la preparación de la sopa de aleta de tiburón, una comida típica que es símbolo de salud y prestigio. 

El documental también denuncia las atrocidades en materia de derechos humanos que ocurren dentro de los barcos pesqueros. El director se traslada entonces a Bangkok, Tailandia, en donde entrevista a varios jóvenes que habían sido esclavizados por años. Ellos cuentan que una vez que subían no se les permitía bajar, y no eran remunerados por lo que hacían; el capitán los golpeaba con una barra de hierro; les arrojaba agua hirviendo; y hasta había cuerpos humanos congelados almacenados en las bodegas. Va más allá de lo imaginado cuando hablamos de la pesca industrial, ya que los tratos que se viven allí son deshumanizantes y denigrantes.

A su vez, tampoco deja de lado la cuestión ambiental. Se suele hacer hincapié en que el plástico que tiramos contamina el océano y que los sorbetes son el mayor problema. Si bien es, efectivamente, una realidad que afecta al agua y a los animales marinos, no es la causa principal. Como aparece en el documental, éstas solamente representan el 0.03% del plástico que ingresa. Pero entonces, ¿cuál es la mayor amenaza? Según explica George Monbiot, periodista y ambientalista inglés, son las redes y los artefactos de pesca arrojados por las embarcaciones. Cada año miles de especies mueren de asfixia por ingerir estos productos o por quedar atorados en esas redes. A esto último se lo denomina “pesca accesoria”, ya que el objetivo es cazar determinada especie pero otra se interpone en el camino. Por ejemplo, en un año en la costa Francesa, hasta diez mil delfines mueren y en Estados Unidos 250 mil tortugas marinas resultan heridas o pierden la vida. Por otro lado, la famosa “Isla de basura” o “Continente de plástico” ubicada en el Océano Pacífico, consta en un 46% de redes de pesca. 

Otro tema abordado es la pesca ilegal. Ali se suma al equipo del Grupo de Conservación Marina Sea Shepherd, una organización ecologista internacional sin fines de lucro que reúne voluntarios/as para detener a barcos ilegales, llevarlos a la justicia y salvar especies marinas. Al igual que se observó el último tiempo en la costa del Mar Argentino, el cineasta inglés vio cómo en la costa norteafricana había barcos que acechaban a mitad de la noche, tratando de no ser detectados, para pescar sin autorización. El problema, más allá del aspecto legal, es que dejan a países con escasos recursos económicos sin su principal fuente de alimentación, lo que conduce a las poblaciones a recurrir a la caza de animales salvajes que, al estar infectados, generan la propagación de enfermedades, como el ébola. 

Seaspiracy aborda temáticas variadas para reflexionar acerca de lo que significa una industria pesquera no regulada. Si bien hay normas contra la pesca accesoria o leyes que prohíben la caza de ballenas, los gobiernos deciden hacer la vista gorda ante esas situaciones. Proteger a los animales marinos significa proteger al planeta: cada vez que delfines y ballenas salen a respirar desprenden un fertilizante para los fitoplancton que, a su vez, absorben cada año cuatro veces más dióxido de carbono que el Amazonas y generan entre el 50 y el 85% del oxígeno que respiramos. Además, cuando los animales nadan por la columna de agua, se crea una corriente cálida descendente de la superficie que se mezcla con la fría, pero en el caso de que no haya peces, el calor de la atmósfera no es absorbido por el océano y contribuye al aumento de la temperatura de la Tierra, generando un mayor calentamiento global. 

Las grandes empresas lucran cada día más, el planeta vive cada vez menos. Como mencionó Cyrill Gutsch, fundador de Parley for the Oceans: “Estamos en guerra con los océanos. Si ganamos esta guerra, lo perderemos todo, porque la humanidad no puede vivir en este planeta con un mar muerto”.