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Entretenimiento //// 16.10.2020
Cemento, una bandera en el corazón

En el año 2017, Lisandro Carcavallo dió a conocer Cemento, el documental donde reúne a muchas de las voces que pasaron por la mítica cuna del rock. A pocos días de reestrenarse en CINEAR, su creador conversó con Agencia Paco Urondo y evocó los recuerdos, la magia y la nostalgia de vivir atravezados y sin Cemento.

Por Manuela Bares Peralta

La tragedia de Cromañón fue el fin de una época: de una forma de vivir y transitar la noche. El folcklore del encuentro musicalizado por bandas de rock nacional se había terminado, como el pogo y la cerveza en la puerta esperando a que arrancará la próxima banda. Después del 24 de diciembre de 2004, el rock no volvió a encontrar un lugar de resignificación total como fue Cemento.

Suelen decir que, una gran parte de la historia del rock, se divide entre quienes estuvieron y quienes no estuvieron en Cemento. El ideal del género autogestivo, el germen del encuentro y la democracia. Años de cultura clausurados por la tragedia y acompañados por el recuerdo de las performances, el teatro experimental y las bandas.

Lisandro Carcavallo, creador de Cemento, el documental, forma parte de una generación que se crió al calor de los VHS, los CDS y la irrupción de la era digital. Tanto para él como para muchos de nosotros, el rock nacional fue una forma de encontrarnos y Cemento fue el escenario necesario donde el advenimiento de la democracia, la resistencia de los 90 y la realidad incendiada del 2001 coincidían y se amplificaban.

Mientras hablo con Lisandro me resulta imposible separar su testimonio del de una generación entera y la película es un poco eso: un encuentro de voces y memorias. Una colección fugaz de fechas y programaciones, la fantasía de que nada podía pasarnos mientras tengamos a nuestra banda sonando de fondo, de resistirle y pelearle al sistema arrastrando equivocaciones y errores propios.


El documental es una reivindicación al lugar que fue semillero de una gran parte de la historia musical argentina, a la sucesión de momentos que dieron nacimiento al rock barrial, a la rutina de la perpetua búsqueda de ir a ver una banda en base a la “Guía T”, el volumen de “Filcar” y al flyer que se pasa de mano en mano anunciando una nueva fecha.

Cemento no es sólo lo que vivimos sino lo que nos contaron, la colisión de los estratos sociales sin restricción de entrada. También es la democracia alborotada e imperfecta, el pogo contenido de los años de dictadura y el deseo incontenible de reapropiarse de la calle. Ese proceso tiene a grandes bandas como protagonistas: Sumo, Los Redondos y Divididos, y a Omar Chabán como ideólogo principal. La resignificación no alcanza sólo al espacio físico y al género, sino también a quién fue su gran impulsor. Chabán no sólo fue Cromañón, sino también Cemento.

Chabán fue un empresario y un gestor cultural, una etapa que no estaba netamente signada por el éxito comercial: el arreglo de palabra y las posibilidades infinitas que da la cultura. Este documental es la defensa a una época apurada por sus propias circunstancias, pero decidida a ser revolucionaria. Cemento es el punto de partida de todo lo que vino después y de todo lo que no llegó. Es la tradición argentina enquistada en nuestro imaginario y subconsciente.

Para Lisandro “el rock siempre fue sinónimo de controversia y rebeldía” y es que en la voz de él se esconde la voz de una generación, que no quiere acostumbrarse a castigar a la historia, convirtiéndola en un estacionamiento de una dependencia gubernamental, que no se quiere resignar a no decir y a no gritar.

“En el año 85 nacen la Rock & Pop, el Suplemento Sí y Cemento” nos anuncia Lisandro en nuestra charla. Ese es el punto de partida sobre el que va a contar su historia, la de un país y de una generación. Se define como un romántico a la par que reniega de la “futbolización del rock”. Para él, la película es una reivindicación a su historia “y a un espacio que, lamentablemente, se transformó en un estacionamiento del Ministerio de Educación”. También, es parte de una tragedia que no se agotó con Cromañón, un llamado de atención a la ausencia estatal y a la resistencia perpetua de frenar la imposición del dinero por encima de la historia, nuestra historia.

“Nosotros fuimos muy felices en Cemento” dice mirando a cámara Fernando Ruiz Díaz de Catupecu Machu, y es verdad.