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Entretenimiento //// 14.03.2020
Castlevania: la primera adaptación de un videojuego creada por Netflix

La serie animada basada en la popular saga Castlevania se vuelve mejor con cada entrega y no para de crecer. La adaptación del videojuego creada por Netflix volvió con el estreno de su tercer temporada. 

Por Pablo Magnifico

La fuerte apuesta de Netflix por la animación ya no es novedad. Desde la genial e introspectiva Bojack Horseman hasta la alocada y jugada Love, death & robots, incluso con algunos animes originales. Hay series para todos; para públicos masivos, más de nicho, para adultos o infantiles. 

En medio de todo esto, aparece una serie que, si bien puede haber pasado bajo el radar de muchos, destaca  por la calidad de su animación y sus peleas; al punto que hasta podría entrar tranquilamente en un hipotético top de animaciones de la plataforma: Castlevania. El nombre no dice demasiado, a menos que conozcamos a la popular saga de videojuegos nipona, por lo que muchas personas podrían simplemente no verse atraídas por la propuesta. Sin embargo, es una de las series más jugadas de la plataforma. 

Hay muchos casos de adaptaciones de videojuegos a la pantalla grande, pero no tantos para la chica; y en ambos casos, por lo general, sólo nos encontramos con fracasos descomunales. Por ello, Netflix tomó un verdadero riesgo al meterse en el tema, no sólo adaptando un videojuego, sino la legendaria saga que fue una de las tantas reversiones de la historia del Conde Drácula en 1986, Castlevania. 

Con los desastrosos antecedentes producidos anteriormente, los fans estaban tan ansiosos como temerosos de que la adaptación terminara en un fracaso más. Afortunadamente, no fue lo que sucedió. Por el contrario, Netflix nos trajo una serie excelente, que se puede disfrutar sin necesidad de haber jugado los videojuegos de la saga.

La trama, casi en contrapunto con el resto de la serie, comienza con una historia de amor entre Drácula y una mujer humana, que desatará la cadena de eventos que le da inicio a la historia de la serie, muchos años después. La trama sigue de cerca al último descendiente de una estirpe de cazavampiros en una lucha por defender su tierra, Wallachia. Trevor Belmont, el protagonista, encontrará a lo largo de las temporadas aliados que lo acompañarán en su lucha contra Drácula. 

Esta es la premisa básica de la primer temporada, estrenada en 2017. Con solo 4 capítulos, de una duración aproximada de 20 minutos, la primer temporada de esta serie la vuelve una candidata ideal para darle una oportunidad y ver de qué se trata, sin perder demasiado tiempo. Las siguientes temporadas fueron creciendo en cantidad de episodios. El aumento en el número de capítulos permite que la trama en sí misma se profundice, llegando a lugares inesperados y dotando de un tinte político al relato, donde las lealtades y traiciones estarán a la orden del día y los entramados entre personajes pasarán a tomar un papel protagónico. 

Si bien es cierto que en algunas ocasiones la motivación de algunos personajes son más bien predecibles, no faltarán las ocasiones en donde la serie nos sorprenda para bien.
El ejemplo más notorio de esto último es cómo la serie, al igual que el videojuego en el que se basa, reversionan al Conde, dotándolo de un trasfondo y una humanidad que nos permitan comprenderlo mejor a él y a sus motivaciones. En ocasiones, logrando que empaticemos con él o nos pongamos de su lado. Esto también funciona a la inversa, haciéndonos ver a algunos humanos como monstruos, similar a lo que sucede con la adaptación a una serie de libros polaca que también tiene su saga de videojuegos, The Witcher

Como si esta vuelta de tuerca a la leyenda de Drácula no fuera suficiente, todo la serie está condimentada con constantes escenas de acción de primer nivel, algo que brilla gracias a la excelente animación de la serie, que llama la atención desde el primer momento. Y si bien en los momentos tranquilos puede sentirse poco fluida, es en las escenas de acción donde los animadores hacen gala de sus habilidades.

El carácter fantástico de los personajes, junto con sus habilidades tan variadas, hacen que las peleas se vuelvan un espectáculo, a veces más coreografiadas, con sus integrantes en sincronía; y a veces más improvisado y brutal. Cualquiera sea el caso, son momentos visualmente muy atractivos por lo dinámico y bien trabajado desde lo técnico, que aportan un buen ritmo a la serie en general y un contraste más bien alto con los momentos más calmos que suelen anteceder, donde la planificación y la trama política toman lugar. 

Por momentos, especialmente con el avance de las temporadas, muchos combates se volverán más sangrientos, lo que puede significar que no sea una gran opción para públicos sensibles, pero no llega nunca  a ser un espectáculo morboso de la violencia por la violencia misma. Al fin y al cabo, en una serie con vampiros y demonios, un poco de sangre no podía faltar.

Castlevania estrenó su tercera temporada el pasado 5 de marzo, y la calidad sólo va en aumento, construyendo sobre las bases que sentó la primera temporada de forma corta pero concisa. Esta nueva entrega nos traerá nuevos personajes y seguirá expandiendo el universo de la serie, aportando elementos nuevos a una leyenda clásica ya conocida. 

Se trata de un producto muy pulido en varios frentes, más profundo y elaborado de lo que podríamos esperar al comienzo, y que, aún siendo una adaptación, deja las puertas abiertas para que ingresen desconocedores totales de la franquicia con total comodidad.

Netflix movió bien sus fichas y eligió sabiamente las reglas para esta producción al optar por una animación, y elegir una saga de videojuegos clásica y muy querida dentro de una comunidad de fans que no ve nuevos títulos desde hace unos años. 

Si algo hay para agradecer a la serie es que su éxito le abrió las puertas a proyectos más ambiciosos basados en videojuegos, como la antes mencionada The Witcher, que fue lo más stremeado de la plataforma el año pasado. En ambas ocasiones, Netflix supo darnos un producto de calidad que hizo honor al material base, con adaptaciones que se sostienen por sí solas.