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Entretenimiento //// 27.06.2020
5 sangres: la guerra nunca termina

La nueva película de Spike Lee sigue el reencuentro de cuatro amigos en su vuelta a Vietnam, varias décadas después de la guerra. Un sin fin de condimentos se ponen en juego en la búsqueda de los lingotes de oro que los soldados han dejado escondidos desde ese entonces.

Por Diego Moneta

En un contexto de protesta generalizada contra el racismo en Estados Unidos —inicialmente provocado por el asesinato de George Floyd, pero que rápidamente trascendió— el director Spike Lee estrenó su primera película para Netflix. La idea inicial era un estreno en paralelo a las salas de cine, pero debido a la pandemia la productora decidió presentarla el 12 de junio de manera exclusiva a través de la plataforma. 

5 sangres (Da 5 bloods, en inglés) es un drama bélico que narra el regreso de cuatro ex soldados afroamericanos a Vietnam, varias décadas después de la guerra. Se reúnen con el objetivo de encontrar los restos del líder de su escuadrón, “Stormin” (tormentoso) Norman Earl Holloway (Chadwick Boseman), perdidos en medio de la selva vietnamita. Un hecho poco común si consideramos que casi todos los jefes de pelotón eran blancos, según nos cuenta el film.

El inicio de la película está marcado por material de archivo que muestra: desde la declaración con la que Muhammad Ali se niega a ir a la guerra, pasando por discursos de Malcolm X y Ángela Davis, hasta escenas del conflicto en Vietnam. Entre otras, destaca la famosa fotografía de la niña del napalm. Una vez terminada la exposición, se da paso a la ficción.

Los veteranos de guerra se reencuentran en la ciudad Ho Chi Minh (Saigón) y, de inmediato, rememoran a Norman. “5 sangres” es la forma que eligieron para nombrarse como grupo en medio del conflicto. Una guerra a la que fue enviado un número desproporcionadamente alto de afroamericanos, que serían casi una cuarta parte del total de las muertes. Activistas como Martín Luther King eran muy importantes para ellos, y Norman era el referente de este grupo de soldados.

El grupo de amigos compuesto por Melvin (Isiah Whitlock Jr.), Eddie (Norm Lewis), Otis (Clarke Peters) y Paul (Delroy Lindo), nombres que corresponden a veteranos reales, vuelve, además, en búsqueda de un tesoro que dejaron escondido. El napalm había borrado las marcas que habían dejado para localizarlo, pero un alud dejó al descubierto la cola del avión que había trasladado las barras de oro como paga para los locales que luchaban contra el Viet Cong. Los protagonistas lo quieren devuelta como indemnización y reivindicación, por el lugar y reconocimiento que Estados Unidos nunca les dio a los afroamericanos.

A medida que avanza la narración iremos conociendo la historia de cada integrante del grupo y las circunstancias de la muerte de Norman. Hay un estupendo juego estético en el que la actualidad se muestra en HD y los flashbacks de la guerra son presentados en una pantalla cuadrada de época. La apuesta que no termina de convencer es que los actores interpretan a sus versiones jóvenes y mayores. No tienen maquillaje ni rejuvenecimiento digital como sucede en El Irlandés de Martin Scorsese. Se ve que para estos soldados no pasa el tiempo.

Si bien todos sufren de estrés post traumático, el más afectado es Paul, quien hace, a veces, de motor del relato. Su hijo David (Jonathan Majors), el quinto de la expedición, cuenta al resto que su padre tiene cambios de humor y pesadillas recurrentes. Además, Paul es el único del grupo que votó por Donald Trump, y es el más dominado por su ambición y codicia.

Su contraparte es el calmado Otis, encargado de organizar el reencuentro y de convertir el oro en dinero sin levantar sospechas. Para ello, acude a su enamorada durante la guerra, Tiên (Lê Y Lan), quien lo pone en contacto con el empresario francés Desroche (Jean Reno). La relación entre todas las partes, incluso con los locales, se irá desgastando y causará más de un problema. El arrepentimiento de la dominación francesa en la región está representado por Hedy Bouvier (Mélanie Thierry), que forma parte de una ONG que retira minas y explosivos de la zona.

El punto de partida para la realización del film fue el libro Bloods: An Oral History of the Vietnam War de Wallace Terry. Publicado en formato de biografías, reúne el relato de 20 soldados afroamericanos que fueron a Vietnam. Spike Lee fue acompañado en el guion por Kevin Willmott, ambos ganadores del Oscar a mejor guion adaptado por El infiltrado del KKKlan el año pasado. En su discurso de agradecimiento, el director llamó a los votantes a estar “del lado correcto de la historia” en la próxima elección, lo que incluso generó una respuesta por parte de Trump.

En relación a los premios, si consideramos las nuevas reglas como respuesta a las consecuencias de la pandemia, es probable que Spike Lee y 5 sangres tengan su lugar en las nóminas de la próxima entrega de los Oscar, ya que, hasta que cambie el contexto, las producciones estrenadas directamente en plataformas de streaming son elegibles como candidatas.

La impronta inicial se mantiene durante toda la narración. Las referencias a la historia afroamericana son una constante. Habrá lugar para el asesinato de Luther King y también para personajes poco conocidos, como Milton Olive y Crispus Attucks, “el primero que murió por esta bandera roja, blanca y azul”, según Norman.

El director siempre prefirió la potencia y la audacia por encima de la sutileza y la prolijidad. Cada plano tiene fuerza cinéfila y moral. 5 sangres reivindica el papel de los afroamericanos en Vietnam y reflexiona sobre la historia del racismo en Estados Unidos con un contundente mensaje político. Un terreno que Spike Lee conoce bien y que le sirve como declaración de principios.