Recalde sobre Aerolíneas Argentinas: "No permitamos la voracidad del mercado"

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Recalde sobre Aerolíneas Argentinas: "No permitamos la voracidad del mercado"

04 Mayo 2016

 

Por Mariano Recalde

Tuve la oportunidad de leer la carta de la actual titular de Aerolíneas Argentinas y me generó una gran preocupación la noticia de que el Gobierno decidiera reducir de manera significativa la inversión destinada al funcionamiento de la compañía. Ello es sumamente grave, más aún si se anuncia de un día para el otro.

Como repetí en varias entrevistas públicas, tal vez por el hecho de tener la misma edad y de haber podido conversar personalmente con ella, creo en la capacidad y buenas intenciones de la titular de la empresa para llevar adelante la compañía y seguir mejorándola. Pero para que tenga éxito la gestión, además es necesario que exista la decisión política del Estado de seguir conectando a los argentinos a través de su línea de bandera.
Más allá del debate ideológico y de las miradas que puedan existir sobre las declamadas bondades de la libertad de mercado, lo cierto es que la solución de achicar Aerolíneas ya se probó y fracasó. El resultado de esa receta fue la herencia que nos tocó recibir de la gestión privada: una empresa con la flota más antigua del mercado, con un pésimo servicio, en notable descenso en la participación del mercado nacional e internacional, con un déficit equivalente a toda la facturación anual y con dos meses de atraso en el pago de salarios, entre tantas otras cosas.

Frente a este panorama desolador, angustiante y verdaderamente crítico en lo operativo y en lo financiero, el Estado decidió invertir para recuperar un servicio público fundamental para un país tan extenso como el nuestro. Fruto de ese esfuerzo, en cinco años logramos duplicar la cantidad de vuelos, renovamos la flota, volvimos a volar a todas las provincias, programamos corredores federales, recuperamos rutas emblemáticas como Nueva York, mejoramos el servicio recibiendo todo tipo de reconocimiento (principalmente el de los millones de pasajeros transportados), pudimos reinsertarnos en el mundo y formar parte de una alianza internacional. Todo ello generó que los ingresos de la compañía se duplicaran y el déficit se fuera reduciendo hasta situarse el año pasado en 160 millones de dólares, una quinta parte que el déficit recibido de la gestión privada.

Durante todos esos años, la empresa también tuvo que afrontar dificultades externas imprevisibles que desafiaron el normal funcionamiento de la operación, generando gastos adicionales. Tan sólo a modo de ejemplo, recuerdo la expansión de la gripe A en el año 2009 o la erupción del volcán Puyehue, que nos obligó a cancelar más de 4 mil vuelos durante 2011.

No obstante, nunca dejamos de apostar por el crecimiento de la empresa. Incrementamos las operaciones porque consideramos que conectar a los argentinos no es, como dice el ministro Dietrich, “subsidiar al segmento más rico de la población”, sino invertir en el desarrollo económico y la integración de un país federal. Está comprobado el impacto positivo en la economía, y en la generación de puestos de trabajo, de cada peso invertido en el transporte aerocomercial. Además, no es cierto que se subsidie a los pasajeros: cada pasajero que viaja por Aerolíneas paga lo mismo que en una empresa privada y, además, habíamos empezado a vivir en una Argentina donde no sólo los ricos viajaban en avión.

No desconozco que en esta etapa a Aerolíneas le toca afrontar nuevos desafíos y grandes dificultades, como el impacto de una devaluación del 60% y la apertura paulatina de los cielos, favoreciendo el ingreso de empresas privadas que vienen por la "crema" del mercado y con las cuales Aerolíneas compite en desventaja, pues le toca sostener un rol social en todo el país.

Nos preocupa todavía más el intento de volver a desfinanciar nuestra aerolínea porque, históricamente, todos los gobiernos que comenzaron así terminaron por proponer su privatización. Como una profecía auto cumplida: desfinancian Aerolíneas, lo que impacta en su funcionamiento y luego denuncian ese mal funcionamiento como uno de los motivos para privatizarla.  

No permitamos que la voracidad del mercado, ni las políticas de ajuste destruyan lo que tanto esfuerzo nos costó construir a los argentinos.