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Economía //// 10.11.2021
Apuntes sobre la transferencia cognitiva ciega, por Facundo Frattini

¿En nuestro país se valora el conocimiento generado realmente de la forma en que se debería? ¿Al servicio de qué intereses esta puesto hoy el conocimiento generado en nuestro país? ¿Quién se apropia mayoritariamente del conocimiento que generamos y de su valor económico?

Por Facundo Javier Frattini

En enero del 2019 se logró publicar un libro titulado “De la logística". El mismo es fruto de más de diez años de experiencia laboral en diferentes áreas de logística en pymes y multinacionales, sumado a diferentes trayectos formativos en el ámbito académico en la Universidad Nacional de Lanús, y, no está de más decirlo, más de tres años de investigación y escritura con el mayor nivel de rigurosidad que se pudo alcanzar en los complejos momentos que tocó vivir a los trabajadores entre 2016 e inicios del 2019.

La decisión pese al arduo trabajo que demandó, fue que el libro tenga un precio lo más bajo posible, pues después de todo, es uno de los primeros libros de logística escrito en Argentina por un argentino, en consecuencia, su finalidad fue siempre primordialmente la divulgación y la apertura de debate.

A mediados del 2020 la editorial se pone en contacto con el autor para ofrecer el servicio de tienda virtual en el mercado local que en el marco del avance y consolidación de la pandemia de covid 19 resultaba una herramienta útil.

A finales del 2020, la editorial vuelve a contactarse para ofrecer el servicio de venta internacional en las grandes cadenas de ebooks entre otras amazon, google libros y bookdepository.

El precio de venta fijado inicialmente para el mercado local fue de $150, en la actualidad está en $250 y, en las plataformas internacionales es de U$S12.

El detalle de importancia y que motivan el presente es el siguiente: Las plataformas de venta cobran el 60% de comisión. Y la empresa que hace la distribución el 20% del 40% restante (la editorial solo ofrece el servicio y no cobra comisiones sobre las ventas).

En divisas U$S7,2 se lo quedan las monstruosas plataformas de venta online, U$S0,96 la distribuidora y U$S3,84 el autor que, obviamente, es en pesos liquidado en el mercado único de cambios.

Quienes han transitado por el ámbito académico en general han escuchado infinidad de veces esta idea que hoy resulta casi hegemónica de que el conocimiento es el recurso de mayor valor en las sociedades actuales. En teoría, más importante que los recursos naturales y el capital en términos económicos y en términos tecnológicos, es tener conocimiento. Y cuanto más difundido entre todos los actores sociales ese conocimiento este, mayores niveles de desarrollo potencial esa sociedad podrá alcanzar.

Por otro lado, resulta importante mencionar que desde mediados de la década 60 del siglo pasado se ha instaurado correctamente, al menos en los sectores afines a la heterodoxia económica, que uno de los problemas estructurales de cualquier economía productora de materias primas en vías de industrialización (la Republica Argentina lo es) es la restricción externa. Es decir, el estrangulamiento que se produce en la capacidad de generar excedentes en divisas de la economía con los que financiar el desarrollo.

Los nuevos canales de comercialización que generan las tic´s facilitan que un autor desconocido desde las profundidades de Remedios de Escalada en el Conurbano Bonaerense pueda contribuir aunque mas no sea, muy modestamente, a la generación de divisas tan necesarias para superar la restricción externa, pero, la mayor parte de esas divisas, se las quedan grandes monopolios de comercialización extranjeros.

Si atendemos al concepto de transferencia tecnológica ciega desarrollado por investigadores de la UNQUI, y, si revisamos la vieja e instaurada idea de fuga de cerebros de la que los científicos y las científicas repatriados en diferentes momentos de nuestra historia reciente, más precisamente desde la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología, son solo una ínfima muestra, sumado, claro está, al caso descripto previamente, surgen un conjunto de preguntas que deberían resultar cuanto menos inquietantes.

¿En nuestro país se valora el conocimiento generado realmente de la forma en que se debería? ¿Al servicio de qué intereses esta puesto hoy el conocimiento generado en nuestro país? ¿Quién se apropia mayoritariamente del conocimiento que generamos y de su valor económico? Cuando se habla de que nuestro país tiene mucho potencial para exportar conocimiento, ¿se tiene plena conciencia de que ya ocurre, pero en términos desfavorables? ¿Qué rol le cabe al estado en la defensa, apropiación y distribución del conocimiento que se genera en nuestro país? ¿En qué medida el nivel suboptimo de desarrollo en que nuestro país se encuentra se debe a una falta de conocimiento o, en realidad, a una pérdida del que con mucho esfuerzo se construye y distribuye localmente?

Pareciera ser momento de comenzar a revisar en función de los resultados obtenidos muchos de los preceptos del liberalismo que en sociedades con elevados niveles de desigualdad dan resultados opuestos a los prometidos.

¿O acaso la situación actual no es el resultado de la libertad de catedra, de la libertad de investigación, de la libertad en el ejercicio de enseñar y aprender y de la libertad de tránsito todos derechos garantidos directa e indirectamente en nuestra constitución?

Resulta evidente que, en un escenario de liberalismo amplio, los poderosos de todos los ámbitos posibles son quienes tienen más posibilidades de imponer sus intereses y usufructuar los resultados.

Tanto mercado como sea posible, tanto estado como sea necesario es un apotegma que deberíamos tener más presente.

¿Esto quiere decir que el estado debe prohibir la emigración de profesionales que hayan estudiado en universidades públicas?, NO.

¿Esto quiere decir que el estado debe prohibir la publicación de artículos en revistas internacionales?, NO.

¿Esto quiere decir que el estado debe prohibir la venta en plataformas online internacionales de libros escritos por argentinos y argentinas?, NO.

Esto no se trata de prohibir, se trata de generar las oportunidades y los canales de distribución necesarios para que tanto los profesionales como quienes generan conocimiento, puedan, en caso de que lo consideren pertinente, contribuir a desarrollo local atreves de su quehacer cotidiano.

De que le sirve al Pueblo Argentino hacer crecer un ya bastante desarrollado sistema científico, tecnológico y académico si el fruto de ese crecimiento no vuelve de ninguna forma al Pueblo que lo sostiene económicamente o solo vuelven migajas.

Si nuestro sistema tributario tiene elevados niveles de regresividad, pues, el principal aporte lo provee el iva, ¿no está financiando una parte importante del sistema científico, tecnológico y académico el conjunto del Pueblo Argentino que mayoritariamente no accederá al mismo ni a sus frutos?

Si los profesionales, académicos y científicos de mayor nivel formativo en muchos casos emigran a países desarrollados porque no encuentran oportunidades para consolidar proyectos profesionales y personales, si con artículos publicados por investigadores e investigadoras locales, empresas públicas y privadas de países desarrollados registran patentes por las que quizás, a futuro, tengamos que pagar patentes; si por la venta de libros de autores y autoras argentinos y argentinas se generan beneficios usurarios para monopolios de comercialización extranjeros, ¿no tendríamos que repensar que ocurre con el conocimiento generado en el sistema científico, tecnológico y académico funcionando en estos términos?

La Republica Argentina debe urgentemente construir los mecanismos necesarios para que el conocimiento generado con tanto esfuerzo económico desde lo colectivo y, tanto esfuerzo personal por parte de investigadores, científicos, tecnólogos y académicos, contribuya a generar las soluciones a los problemas que aquejan a nuestro pueblo y no que se nos escape por los mismos canales por los que todos los recursos que genera nuestro pueblo se pierden.