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Dossier //// 24.03.2021
Vida, un cuento de Federico Perez Wrubel

Un relato donde se confunden historias pasadas y presentes, mientra suena el disco Vida, de Sui Genesis.  

Por Federico Perez Wrubel

“…Te encontraré una mañana dentro de mi habitación.
Y prepararas la cama para dos…”

Se habían escondido en una habitación en Constitución, los dos estaban clandestinos, en unos días salían para Cuba. La dirigencia les tenía que traer los documentos, esperaban a un tal Raúl que mañana al mediodía se los daría. 

“…Y que no le importe mi ropa
si total me voy a desvestir
Para amarla…”

La habitación contaba con un Winco, esos milagros predestinados. Ellos habían conseguido salvar el disco “Vida” de Sui Generis, lo único que les había quedado de su casa de Bahía Blanca. No sabemos cómo pero aún lo tenían con ellos. Le habían cambiado la carpeta por una de cartón rustico y el centro del vinilo por una etiqueta de música de jazz, para que no llamara la atención. Era lo único que podía distraerlos un rato, unos minutos, del odio y la violencia que los perseguía.

“…¿Dónde está el sol?
¿Dónde está Dios?
Dime quién me lo robó.
No sé muy bien qué voy a hacer…”

Él abrazo su cintura por la espalda y le beso el cuello, mientras se balanceaban con la música de fondo. Dejaron las armas en la mesa y dejaron de mirar por la ventana. Se besaron y abrazaron casi como la primera vez.

“…Quizás sepan que tenía
Una eterna compañera
Que reía y se entregaba
Desnuda sobre la arena…”

Se habían conocido principios de los setenta, habían militado en Acción Católica, luego habían formado parte de las filas de la JP, terminando en Montoneros. Fieles compañeros en la resistencia, en la lucha. Hasta este momento eran varios compañeros y amigos desaparecidos.

“…Veo el sol, sobre los techos,
y estoy con vos,
estoy con vos,
estoy con vos…”

Él se levantó a buscar un vaso con agua, caminó entre el enterito de ella y la demás ropa tirada por el suelo hasta la cocina. De paso dio vuelta el disco. Escucharon el freno de unos autos, por la ventana vieron tres Falcons verdes y varios tipos armados. Se cambiaron rápido, tomaron las armas, comenzó la balacera. Resistieron hasta quedarse sin municiones. Los milicos tiraron la puerta, los golpearon, encapucharon, los subieron a los autos y salieron arando. El disco siguió sonando…

“…Dónde estás ahora, Natalio Ruiz
El hombrecito del sombrero gris
Te recuerdo hoy, con tus anteojos,
Que hombre serio paseando por la plaza!…”

– Este disco lo conseguí en un mercado de pulgas. La etiqueta del centro decía que era de jazz, pero cuando lo puse comenzó a sonar Sui Generis, muy loco-, le comentaba a la compañera que conoció hace unos días en una marcha, mientras buscaba unos vasos en las cocina. La había invitado a su casa luego de pasar por un bar.

“-…Amigo mío, vuelve a casa pronto
Cuéntame todo, cámbiame todo
Necesito hoy tu resurrección
Tu liberación
Tu revolución…”

– Yo soy nieta de desaparecidos,- le comento ella-,  dicen que mi abuelo paso por la ex ESMA, siempre escuchar Sui Generis me genera algo. No sabemos si su compañera, de ese momento, estaba embarazada. Usaba un enterito, en esa época las mujeres que estaban embarazadas usaban uno, pero no sabemos; tal vez tenga otro tío o tía, o tal vez no. 

“…Quizás porque no soy un buen comerciante
No pido nada a cambio de darte
Lo poco que tengo: mi vida y mis sueños…”

Fueron al balcón, él se quedó atento escuchándola. Hablaron de sus orgas, de la militancia, de la política, de la vida, de sus amores, -yo también tengo la foto de Cristina en la heladera como vos-, le dijo ella mientras sonreía.

“…Y descubrís que amar es más
Que una noche Y juntos ver amanecer…”

Él fue a dar vuelta el disco, a su regreso le abrazo su cintura por la espalda, le beso el cuello, mientras se balanceaban con la música de fondo. Dejaron los vasos en la mesa y dejaron de mirar por el balcón. Se besaron y abrazaron por primera vez. Se rieron, hicieron el amor escuchando Vida, leyendo Marechal, recitando Gelman.

“…Te encontrare una mañana dentro de mi habitación
Y prepararas la cama para dos…”

Amanecieron juntos, pusieron el disco devuelta y desayunaron unos mates antes de salir para sus respectivos trabajos, él para la escuela, ella para la universidad.

“…Veo el sol, sobre los techos,
y estoy con vos,
estoy con vos,
estoy con vos…”