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Dossier //// 22.08.2020
Pujadas, la patria liberada

Con apenas 24 años la vida del militante peronista y montonero Mariano Pujadas, atraviesa los hechos revolucionarios fundacionales de la segunda mitad del siglo XX. Desde el Cordobazo pasando por la toma de La Calera para terminar en la matanza de la Masacre de Trelew, y el asesinato masivo de su familia por parte del Comando Libertadores de América. Este perfil busca describir el recorrido y formación de un hombre que dejó su vida por la Revolución, que soñó desde siempre.

Por Jorge Cornejo

 

La mañana del 15 de agosto del 72 una mujer y dos hombres son entrevistados por un periodista que fue llamado de urgencia para la ocasión. A un costado de la cámara, se ve al juez federal, Dr. Carlos Godoy, quien mira, escucha y asiente las prerrogativas de unos de esos hombres entrevistados. Flanqueado por Rubén Pedro Bonet del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y por María Antonia Berger de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR),  aparece frente a cámara un joven de pullover con las solapas de la chomba salidas para afuera. Este hombre responde con una calma que solo puede explicarse  por la preparación y la lucidez de conocerse dentro de un momento histórico. Acaban de escapar seis “cuadros” guerrilleros de las organizaciones armadas más importantes de la Argentina, y diecinueve, entre hombres y mujeres, fueron interceptados con una suerte trágica. Sin embargo, frente a cámara, el hombre del pullover y la chomba exclama: “Nuestro pueblo lucha en las calles ente cualquier atropello del gobierno de la represión, nosotros que somos parte de ese pueblo, que cada día somos más organizados —los hechos los demuestran— nos vamos estructurando, vamos combatiendo y formándonos como un ejército popular. Marchando hacia la toma del poder para construir una patria socialista”.

El hombre de la frase se llama Mariano José María Francisco Pujadas Badell, el Gaita, y pertenecía a la organización Montoneros. La vida de Mariano Pujadas atraviesa hechos políticos críticos y cada hito parece un todo o nada ideológico. Nace en Barcelona, España, el 14 de junio de 1948. Pero en 1953, escapando del franquismo, sus padres deciden radicarse en la Argentina. Su madre Josefa Badell Suriol de Pujadas y su padre José Maria Pujadas, ambos médicos de profesión, se asientan en la provincia de Córdoba, pero no ejercen la medicina, sino que construyen una granja avícola en el barrio Guiñazú, ubicado camino a Jesús María.

Mariano Pujadas cursa estudios secundarios en el emblemático Colegio Nacional de Monserrat de Córdoba y egresa en 1965 con el título de bachiller. Fue un alumno destacado en ciencias físicas y naturales, matemáticas e idiomas. Y por su gran nivel de inglés, a través de un programa de intercambio, fue becado y pudo graduarse en el Colegio de Agricultura de la Universidad de Nebraska, Estados Unidos. En 1966 ingresa a la Universidad Católica de Córdoba (UCC) para cursar la carrera de Agronomía en la Facultad de Ciencias Agropecuarias. Según los registros de la UCC, Mariano Pujadas figura como ayudante alumno de Ecología Agraria, cátedra iniciada por el ingeniero e investigador Gastón Robles, militante montonero que durante la dictadura del 76 fue secuestrado y desaparecido en City Bell, La Plata. (1)

En el primer año de universidad, debido a varios viajes al interior de las provincias de Córdoba y Tucumán, Pujadas acelera su formación social y militante. En 1967 junto a estudiantes de otras carreras, en el marco de la Universidad Católica de Córdoba, forman la Agrupación de Estudios Sociales (AES). Grupo de formación que inicialmente llamaba a reuniones con disertantes tales como al líder sindical de Luz y Fuerza, Agustín Tosco, y se discutía a intelectuales del calibre de Milcíades Peña y Rodolfo Puiggrós para finalmente recalar en el pensamiento y la acción religiosa de la Teología de la Liberación. 

Para conocer un poco el pensamiento de la Agrupación de Estudios Sociales, de la que Mariano Pujadas fue fundador, transcribimos parte de un comunicado de prensa publicado en el diario cordobés La Voz del Interior el 19 de julio de 1968: "Cada día crece en los hombres con mayor fuerza la convicción de que se hace necesaria una nueva sociedad edificada sobre la justicia y la solidaridad, y no sobre el individualismo, la competencia y el lucro. Donde el trabajador tenga en la economía el lugar que le corresponde, que es el primero, y no que sea reducido a un engranaje ‘anónimo’ de un sistema dirigido por los que proveen el capital”. Casi un año antes del Cordobazo, los estudiantes que formaban el AES asumen un claro compromiso de lucha contra un sistema opresivo que comienza a resquebrajarse para romperse finalmente en mayo del 69.

A comienzo de 1970, la organización Montoneros se encuentra en plena expansión tanto en la provincia de Córdoba como en la de Buenos Aires. En pocos meses se llevarán adelante dos acciones militares que visibilizarán a Montoneros. Entre los y las militantes que viajan de una provincia a la otra, conocemos la historia de la Petisa, quien participará en la toma de una localidad cordobesa. La Petisa se casó a principios de 1970, llegó a Córdoba y luego quedó embarazada. La militante recuerda la reacción de Pujadas al enterarse de su embarazo: “Y Mariano cuando supo ¡yo no te puedo explicar la alegría de ese compañero! No, no te puedo explicar, me agarraba, me levantaba en el aire y se reía y me decía ¡va a ser el primer montonerito!”. (2)

La toma de la Calera

Un año después del Cordobazo, y luego del Operativo Pindapoy que concretó el secuestro y la ejecución del Teniente General genocida Pedro Eugenio Aramburu por Montoneros, cuatro comandos de la misma organización toman la localidad de La Calera en la provincia de Córdoba. Son veinticuatro combatientes, dieciocho hombres, entre los que se encuentra Mariano Pujadas, y cuatro mujeres agrupados en los comandos “Eva Perón”, “Comandante Uturunco”, “General José de San Martín” y “29 de Mayo”. El copamiento de la pequeña localidad serrana fue 1 de Julio de 1970.
Según el registro periodístico, en menos de una hora los comandos montoneros cortaron las comunicaciones, ocuparon la oficina de telégrafos, el correo, el edificio municipal, la comisaría y la sucursal del Banco de Córdoba. Lo que inicialmente parecía una acción victoriosa concluyó en una debacle para la organización Montoneros. Ese mismo día se producen detenciones y se conocen datos de una de las casas operativas en el barrio Los Naranjos que fue allanada por la policía. Después de un tiroteo resultan heridos y detenidos varios militantes, entre ellos Emilio Maza e Ignacio Vélez. En esa casa la policía encuentra un fichero cifrado con datos de los miembros de la organización Montoneros de las provincias de Córdoba y Buenos Aires. Desde ese momento el joven Mariano Pujadas pasa a la clandestinidad.
Pasado un año, el 22 de junio de 1971, Pujadas es detenido en Córdoba y trasladado luego a una de las cárceles más duras e inhóspitas de la Argentina, la cárcel de máxima seguridad de Rawson, provincia del Chubut.

La Masacre de Trelew

El penal de Rawson está ubicado a 1400 kilómetros de Buenos Aires. Es la segunda cárcel después de la de Resistencia elegida para encerrar a los presos políticos. En tan solo un año, la cantidad de presos políticos que llegan a la cárcel de Rawson asciende a doscientos. Inexplicablemente, las autoridades de la cárcel deciden agrupar a los principales cuadros de las organizaciones armadas en unos pocos pabellones, lo que le permite a la organización centralizada diseñar el plan de fuga que llevaran adelante el 15 de agosto de 1972.

En palabras de Fernando Vaca Narvaja (3) la desinteligencia, el error final y fatal fue lo menos pensado. Un pañuelo blanco como señal que no es visto o es malinterpretado hace que los conductores de los dos camiones que esperaban fuera del penal dejaran el lugar. Sin embargo, entendiendo que sus compañeros pueden necesitar ayuda, ingresa un auto al que se sube el primer grupo compuesto por Domingo Menna, Mario Santucho y Enrique Gorriarán Merlo del ERP; Marcos Osatinsky y Roberto Quieto de las FAR y Fernando Vaca Narvaja de Montoneros. Rápidamente alguien decide llamar remises para sacar al segundo grupo de presos. Y así es que diecinueve hombres y mujeres, entre los que se encuentra Mariano Pujadas, se trasladan hasta el aeropuerto de Trelew. Pero ya es tarde, el avión que está en la pista se encuentra a punto de despegar. 

Una vez dentro del aeropuerto, el grupo llama a los medios y a un Juez Federal para establecer las condiciones de su rendición. Condiciones que inicialmente son aceptadas, pero luego son cambiadas arbitrariamente por Lanusse. Desde el aeropuerto de Trelew,  los detenidos son trasladados a la Base Aeronaval Almirante Zar. El tiempo de demora del colectivo que lleva a los presos le permite al presidente Lanusse declarar zona de emergencia  a Trelew y Rawson, nueva situación legal que deja al margen de decisión al Juez federal Dr. Carlos Godoy. De ahora en adelante el control total dependerá de los militares. El 22 de agosto, una semana después de ser trasladados, los detenidos son sacados de sus celdas y fusilados a ráfaga de metralla, para luego recibir un remate con disparos de 9 milímetros. Solo sobreviven tres militantes:  Alberto Miguel Camps y María Antonia Berger de las FAR y Ricardo René Haidar de Montoneros. Los militares aducen un intento de fuga, pero la evidencia de la metralla y los disparos de 9 milímetros son irrefutables. 

Después del asesinato

El pueblo y la militancia lloran a los dieciséis masacrados por los militares. En la provincia de Córdoba, un barrio y un dispensario llevan el nombre de Mariano Pujadas. Quizás la familia Pujadas entiende la dimensión de la elección militante de su hijo. Cientos de personas que ellos no conocen participan del velorio del joven Mariano. En el velorio se produce un hecho que marcará a fuego el devenir de la familia Pujadas. Juan Carlos Maristany (4), novio por esos años de la hermana de Mariano, María José Pujadas, asegura que el padre de Mariano en un momento del velorio retira a todas las personas para quedarse solo con él y su padre (también médico) y abren el cajón pese a las amenazas del Ejército de no hacerlo. Certificaron lo que suponían: “Las heridas en las piernas, los brazos, algunas en el tórax y un brutal hueco en la nuca lo que corroboraba que había sido fusilado y muerto con un tiro de gracia”.

A partir de ese momento la actividad política en los Pujadas se acrecienta. Los hermanos de Mariano comienzan a militar en la Juventud Peronista; los padres participan de actos en memoria de su hijo como el del 22 de agosto del 73 en la Facultad de Agronomía de la Universidad de La Plata. En esa ocasión, el padre de Mariano, José María Pujadas, recordó a su hijo: “No nos entristezcamos. Pensemos que fue un hombre completamente realizado. Y alcanzó a tener todo lo que en realidad importa. Una familia que siempre lo ha querido, amigos que nunca lo olvidarán, compañeros que caminaron con él hasta la muerte y un ideal de justicia y humanidad por el cual dar la vida”. (5)

Entre el 73 y agosto del 75 el panorama político había sufrido la muerte de Perón, el paso a la clandestinidad de Montoneros y la naciente promiscuidad de la confluencia de militares, policías y civiles que ejercieron el terror a través de la Triple A o el Comando Libertadores de América en la provincia de Córdoba (CLA). Esta organización fascista utilizó a un grupo paramilitar del Tercer Cuerpo del Ejército en Córdoba para secuestrar y asesinar a casi toda la familia Pujadas en la madrugada del 14 de agosto de 1975.  En su domicilio del barrio Guiñazú, fueron secuestrados los padres (José María y Josefa) y los hermanos de Mariano Pujadas (José María y María José); y encerrados en un baño, el menor de los hermanos Pujadas, Víctor, y María Eugenia, la bebé de tres meses, hija de uno de los hermanos de Mariano, únicos sobrevivientes. La patota trasladó a la familia  para finalmente asesinarla arrojándole una granada en una cava cercana al autódromo de Alta Gracia. Los responsables de esta masacre fueron el ex capitán del Ejército Héctor Vergez, alias el Capitán Vargas, el suboficial de la Aeronáutica, Pedro Raúl Telleldín y quien fuera el titular del Tercer Cuerpo de Ejército en Córdoba Luciano Benjamín Menéndez.

Los asesinatos de Mariano Pujadas y  su familia por parte de los militares no pudieron y no pueden borrar la construcción política y humana de un militante íntegro. Ante el horror nos quedamos con el recuerdo que Julio César Rojo Luque tiene del Gallego arriba de su jeep descapotado o tocando la guitarra en las noches del AES, cantando viejas canciones de la guerra civil española. También nos quedamos con esa conferencia de prensa en el aeropuerto de Trelew donde Mariano Pujadas mira a cámara y exclama ante la última pregunta del periodista: “Reafirmar nuestra voluntad de lucha junto al pueblo. Que se ha expresado combativamente en tantas jornadas de lucha, en Córdoba, Rosario, Buenos Aires y en todas las ciudades del país. Que lucha permanente por derrotar a la dictadura por conseguir un gobierno popular y construir una patria socialista. Esto es reafirmar una vez más nuestra voluntad”.

 

Fuentes:

(1) Colectivos y parcialidades políticas y sociales: los desaparecidos y asesinados de Córdoba en los ´70. Silvia Romano, editora. Editorial, Universidad Nacional de Córdoba.

(2) Cuadernos de Historia. Serie Economía y Sociedad. Artículo «Golpear al enemigo donde duela» La toma de la calera en el testimonio de dos mujeres militantes montoneras. Historia oral y memoria. Por Ana Noguera.

(3) “Fugas. El plan perfecto no existe”. Anfibia podcast + Lunfa
(4) “El asesinato masivo de la familia Pujadas”. Por Silvia Valerga. Página12- Viernes 20/08/2010.
(5) Roberto Baschetti